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domingo, 30 de agosto de 2026

Un pura sangre de dos litros y medio en Le Mans: Ferrari 625 LM.


Ferrari 625 LM #12.
Olivier Gendebien (B) y Maurice Trintignant (F).
Scuderia Ferrari (I).
XXIV Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1956.
S 3000 = Sportscars 2001 - 3000 cc.
3rd general, 293 vueltas, 3937,611 km.

Ref. MS 002-3 de MSSLOT, de Mario Sesma.
Kit bruto en resina montado por Enric Roca Mata.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


Las 24 Horas de Le Mans habían adquirido un enorme prestigio entre los grandes fabricantes. Para marcas como Bentley, Ferrari, Bugatti, Talbot, Alfa Romeo o Jaguar, la carrera francesa era mucho más que una competición: constituía el escaparate perfecto para demostrar la capacidad de sus automóviles y proyectar su imagen por todo el mundo. En Ferrari, Enzo Ferrari conocía perfectamente el valor de aquella exposición y, para la edición de 1956, decidió poner en pista una nueva evolución de sus deportivos.

El proyecto partió de tres chasis del Ferrari 500 TR, enviados a Milán para que Carrozzeria Touring los vistiera con sus elegantes carrocerías Spyder. Sobre estos chasis se instaló el motor de cuatro cilindros procedente del Ferrari 625 de Fórmula 1, dando lugar al Ferrari 625 LM Touring. La nueva normativa de Le Mans, endurecida después del terrible accidente de 1955, limitaba la cilindrada de los prototipos a 2,5 litros cuando el fabricante no alcanzaba la producción mínima exigida para competir como Gran Turismo. Como Ferrari no había fabricado las suficientes unidades del nuevo modelo, los 625 LM tuvieron que competir finalmente como prototipos.


La edición de 1955 había dejado una profunda herida en Le Mans. El terrible accidente que costó la vida a 83 espectadores provocó la retirada inmediata de Mercedes y obligó al Automobile Club de l’Ouest a replantearse por completo la seguridad del circuito. Como consecuencia, las 24 Horas de 1956 quedaron fuera del Campeonato del Mundo de Resistencia y la carrera se retrasó hasta finales de julio para permitir una importante remodelación de La Sarthe. El nuevo trazado y unas normas mucho más exigentes pretendían evitar que se repitiera una tragedia semejante.

Con Mercedes ausente y Juan Manuel Fangio optando por no participar, Jaguar, Aston Martin y Ferrari aparecían como los grandes protagonistas de aquella edición. Ferrari alineó tres 625 LM, confiando uno de ellos, el dorsal #12, a Olivier Gendebien y Maurice Trintignant. Los otros dos, pilotados por André Simon y Phil Hill, y por el Marqués de Portago y Duncan Hamilton, tuvieron una suerte muy diferente y abandonaron durante la carrera.

El comienzo fue especialmente accidentado. En las primeras vueltas, dos Jaguar oficiales sufrieron un accidente y el Ferrari de Portago, que llegaba a gran velocidad, no pudo evitar la colisión. Los tres coches quedaron fuera de carrera, en uno de los primeros golpes de efecto de una prueba que estaría marcada también por unas condiciones meteorológicas extremadamente difíciles. La lluvia y el viento acompañaron a los pilotos durante buena parte de las 24 horas, provocando numerosos abandonos y convirtiendo cada vuelta en una auténtica prueba de resistencia.


Mientras tanto, Stirling Moss protagonizaba una espectacular actuación al volante de su Aston Martin y llegó a ocupar la primera posición, manteniendo un ritmo extraordinario. Sin embargo, con el paso de las horas, la mayor potencia del Jaguar de la Ecurie Ecosse, pilotado por Ron Flockhart y Ninian Sanderson, terminó imponiéndose. Moss tuvo que conformarse con la segunda posición.

La gran sorpresa para Ferrari llegó de la mano del 625 LM nº 12. Gendebien y Trintignant, aprovechando su regularidad y sabiendo conservar la mecánica en unas condiciones especialmente difíciles, llevaron el pequeño Ferrari hasta una magnífica tercera posición absoluta, por detrás del Jaguar vencedor y del Aston Martin de Moss. Para Ferrari era un resultado especialmente valioso: el 625 LM había demostrado que, pese a enfrentarse a rivales con motores más potentes, podía luchar por los puestos de honor gracias a su equilibrio y a la extraordinaria capacidad de sus pilotos.


Más allá del resultado deportivo, Le Mans de 1956 supuso también una especie de renacimiento de la carrera. Más de cien mil espectadores regresaron a La Sarthe y pudieron disfrutar de una prueba en un circuito profundamente remodelado y con unas medidas de seguridad mucho más rigurosas. El esfuerzo del A.C.O. había dado sus frutos y, después de la tragedia del año anterior, las 24 Horas de Le Mans podían comenzar a recuperar su prestigio.

Jaguar se llevó la victoria, Ferrari consiguió un meritorio tercer puesto y, sobre todo, Le Mans demostró que podía mirar de nuevo hacia el futuro. La carrera de 1956 no borró la tragedia de 1955, pero sí representó el primer gran paso para devolver a La Sarthe su condición de escenario mítico del automovilismo.

Miniatura en resina de la firma artesanal MSSLOT, tutelada por el donostiarra Mario Sesma Pascual, un auténtico enamorado del slot y de Ferrari en particular. La pieza parte de un kit en bruto en resina montada por Enric Roca Mata que completó también el resto de los Ferrari. Complicada fue la calca de la zaga, a la que se debió amoldar con mucho cuidado y el socorrido MicroSol. Chasis Slot Classic y cacahuete Mabuchi.



miércoles, 21 de enero de 2026

Olivier Gendebien: quatre fois vainqueur au Mans.


Ferrari 250 TR/58.
#14 Olivier Gendebien (B) y Phil Hill (USA).
Scuderia Ferrari (I).
XXVI Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1958.
S 3000 = Sportscars 2001 - 3000 cc
Winner, 1st general, 305 vueltas, 4.101,926 km.

Ref. GM001 de PSK-Ghostmodels.
Kit resina prepintada montado por Enric Roca (Joeslot).
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

El Commendatore decidió que corriera con Phil Hill las 24 Horas de Le Mans de 1958. Hay tanto que decir de estas 24 horas: me siento abrumado por todos los recuerdos, desbordado por todas las informaciones que yo quisiera dar. Quizás lo mejor sea reproducir el resumen que la prensa dio de esta carrera. Me fio más de ella que de mi memoria… puesto que al volante se vive al instante y uno es incapaz de tomar con perspectiva el acontecimiento.


Primera hora: primer paso por meta con Stirling Moss (Aston Martin) en cabeza; en la décima vuelta bate el record de la pista.
Segunda hora: estalla una tormenta, muy violenta, y la lluvia inunda el circuito.
Tercera hora: las posiciones se modifican y tomamos la cabeza por delante de von Trips (Ferrari), Brooks (Aston Martin) y Hawthorn (Ferrari).
Cuarta hora: la pista, que está muy deslizante, provoca una serie de accidentes (un herido); Bianchi-Mairesse (Ferrari) abandonan por una salida en Mulsanne; quedan 43 participantes de 55.
Quinta hora: redobla la lluvia, nuevos errores.
Sexta hora: seguimos siempre en cabeza; un accidente provoca la muerte de Mary (Jean-Marie Brussin).

Séptima hora: 39 coches en carrera.
Octava hora: Bueb (Jaguar) pasa en cabeza, pero no le concedemos más que unos metros antes de retomar el mando; sin embargo enseguida volvemos a perder la primera plaza.
Novena hora: Bueb rueda por delante, seguido de von Trips; recuperamos el retraso y retomamos el primer puesto; en la 104ª vuelta llevamos treinta y cinco segundos de ventaja.
Décima hora: 29 coches en carrera; ahora ya son diez minutos y medio de ventaja sobre Bueb.
Undécima hora: las posiciones no cambian.
Duodécima hora: estamos en cabeza; nuevos abandonos: quedan 26 coches.


Decimotercera hora: llevamos una vuelta de ventaja sobre el segundo; 32 abandonos.
Decimocuarta hora: Trintignant (Aston Martin) abandona; Behra (Porsche) se coloca tercero.
Decimoquinta y decimosexta hora: ritmo sostenido, nada a señalar.
Decimoséptima hora: la lluvia, que había parado, vuelve a caer; Behra, obligado a un ajuste de frenos, pierde la tercera plaza.
Decimoctava hora: nueva parada de Behra que pierde dos vueltas; Bueb recupera algunos segundos; sintiendo el peligro, aceleramos.

Decimonovena hora: el Jaguar de Bueb se sale de la pista; llevamos diez vueltas sobre los nuevos segundos, los hermanos Whitehead (Aston Martin).
Vigésima hora: pocos cambios.
Vigesimoprimera hora: al ser líderes, ahora con bastante holgura, repostamos con menos nerviosismo.
Vigesimosegunda hora: no empujamos más de lo necesario.
Vigesimotercera hora: Behra le quita la tercera posición a Paul Frère (Porsche); sigue lloviendo.
Vigesimocuarta hora: nos mantenemos, “simple formalidad”.


Pasamos la línea de meta. Es la primera vez que un belga obtiene las 24 Horas de Le Mans. ¡Casi no me lo creo! Pero no, rectifico inmediatamente: Phil Hill y yo conseguimos Le Mans 1958, porque es nuestro equipo, nuestras cualidades unidas y nuestra unión lo que gana. Y esto merece algunas explicaciones.

Conocía a Phil Hill desde los 1.000 km de Buenos Aires que corrimos juntos. Inmediatamente me cayó simpático este ciudadano de Santa Mónica (California), atleta completo, rostro franco, generalmente poco locuaz, apasionado de la música y de los coches clásicos. Desde Buenos Aires aprecié la integridad con la que conducía.

Por esto entiendo que, durante los entrenamientos, los dos copilotos están casi siempre obligados a llevar una estrategia común. Se trata luego de respetarla y no siempre es fácil al querer dar espectáculo o hacer tu “número” personal. Así, en 1958, Phil Hill y yo, durante los entrenamientos, pudimos llegar a una conclusión: alcanzar el régimen máximo del motor que pudiéramos mantener durante veinticuatro horas. Y bien, ni el uno ni el otro lo sobrepasamos nunca, ayudados, es preciso decirlo, por un modo de conducir bastante parecido: a igual régimen hacíamos los mismos tiempos.


Una última apreciación: la última hora, yendo en cabeza, es en realidad algo más que una simple formalidad… Cuando se ocupa la primera posición y ningún contrincante te sigue ni te obliga a sostener una velocidad, es necesario, paradójicamente, redoblar la atención. Hay que luchar contra ti mismo, contra la más mínima tentación de relajación, contra toda falta de atención.

¡Y sin embargo qué monotonía vuelta tras vuelta repitiendo minuciosamente las mismas maniobras! Y la angustia de la última hora, cuando todo lo que se necesita es un pequeño error, un pequeño fallo mecánico para perder en un instante lo que se ha tardado horas y horas en conquistar.

En Le Mans, en 1958, todo está bien cuando acaba bien, con ramos, champán, abrazos y felicitaciones. Sin embargo, confieso que no me detengo en este tipo de manifestaciones. Pienso en el día siguiente, en el sueño que es sagrado para mí, en mi equilibrio. Un periodista escribió que no soy un piloto brillante y que conquisté mis victorias después de haber estudiado bien mi trabajo. Por una vez, estoy de acuerdo con la prensa…

Extracto del libro “Quatre fois vainqueur au Mans” de Olivier Gendebien (traducido por Àlex Aguilar).


La miniatura.
En slot, la miniatura reproduce el Ferrari 250 TR/58, vencedor absoluto en las 24 Horas de Le Mans con Olivier Gendebien y Phil Hill. La pieza corresponde a la primera referencia de Ghostmodels, integrada dentro de una serie especial de Proto Slot Kit (PSK), lo que le confiere un interés añadido desde el punto de vista coleccionista.

El modelo lo compré en forma de kit en resina, con la carrocería prepintada de origen, y fue posteriormente montado, ajustado y mecanizado por Enric Roca (Joeslot), siguiendo criterios de fidelidad histórica.

sábado, 23 de mayo de 2020

Fiat 643N, transporte de Ferrari para Le Mans


Los coleccionistas apasionados por el automovilismo de competición a menudo nos obsesionamos con los deportivos que han participado en nuestras carreras favoritas y nos olvidamos de esos vehículos secundarios que dormían en los paddocks de los circuitos. Me refiero más concretamente en los, para mi gusto, fantásticos “transporters” encargados por las principales escuderías en los años 50, 60 y 70. 

Estos camiones portaban en su interior, de los talleres a los trazados, no sólo los bólidos protagonistas de las gestas más impresionantes, sino también todo el utillaje y el repuesto necesario para conseguirlo. Algunos de ellos además del transporte puro y duro se dedicaban también a representar la imagen de la empresa, como los famosos Bartoletti, el Renntransporter de Mercedes o el mismísimo Bacalao de Pegaso, por poner algunos ejemplos.


La miniatura reproduce un vehículo fabricado por Fiat perteneciente a la gama de camiones de medio tonelaje (menos de 10 Tn) de la serie 640, que desde 1949 ya se producían con la cabina avanzada. Este modelo en concreto es el Fiat 643N cuya producción se desarrolló entre 1963 y 1970. Dotado del motor Fiat tipo 220 de seis cilindros en línea, desplazaba los pistones hasta los 9.161 cm³, derogando una potencia de 160 CV. El propulsor iba conectado a una transmisión de doble reducción de cinco velocidades. El diseño robusto de su chasis lo hacía apto para arrastrar un remolque de 28 Tn.


Ferrari tuvo una buena relación con Fiat mucho antes de que la potente firma turinesa se hiciera con los deportivos de la marca de “il cavallino” allá por 1969. Su división de carreras ya contaba con los camiones Fiat para sus transportes desde los años 50. El modelo 643N fue utilizado por la Scuderia Ferrari en los años 60 y 70 y también por Maserati. Su cabina pintada en color gris indica que esta unidad del 643N era empleada por el equipo de carreras transalpino como vehículo de transporte, taller y piezas de repuesto.


La miniatura.
Para hacer la miniatura se ha partido de un kit de Evolution Slot, una obra de artesanía de Toni Ruvira. En la construcción tanto del chasis como de la plataforma de carga se ha empleado un material bastante inusual en slot, la placa de circuito impreso a doble cara. Esta placa es de fibra de vidrio forrada en latón y su manejo es bastante complicado puesto que para cortarla es necesario utilizar un disco abrasivo de polvo de diamante. Para soldar entre si las diferentes piezas, Toni ha usado estaño punto a punto, dejando unas soldaduras muy limpias. La cabina del camión y el resto de piezas que componen el kit están hechas en resina salvo, por supuesto, los neumáticos.



El montaje y acabado de todo el kit se lo encargué a mi amigo Jordi Sánchez Casas. Su deseo de dejarlo perfecto le llevó a documentarse con fotos para dejar el camión lo más real posible. Hizo un trabajo de encaje de bolillos para que funcionara mecánicamente la pieza que hace de “ascensor” entre los dos pisos de la plataforma. Jordi buscó piezas nuevas de resina para ambientar el camión, neumáticos más acordes con los reales, montantes de madera natural para conformar la zona de taller y detalles varios que no llevaba el kit de origen. Lo slotizó y, para rizar el rizo, lo dotó de luces delanteras y traseras. El resultado es asombroso.


Los coches que aparecen junto al camión son el Ferrari 250 P dorsal #21 de Slot Real Car, el Ferrari 275 P dorsal #20 de Slot Real Car y el Ferrari 250 LM de Flyslot Cars, los ganadores de las ediciones de 1963, 1964 y 1965 respectivamente. Figuras pintadas por Enric Roca.

Fotos: Àlex Aguilar
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

miércoles, 22 de octubre de 2014

Ferrari, winner Le Mans 63 & 64.



Ferrari 250 P 1st LM63 #21

En las tres últimas ediciones Ferrari se había llevado la victoria en las 24 Horas de Le Mans y era un goloso caramelo para el gigante americano Ford, que quiso comprar la Escudería entera. Pero la oferta fue declinada por Enzo y Ford tuvo que enfrentarse a los italianos con sus propios medios. Empezó por motorizar los A.C. Cobra de Carroll Shelby y Ed Hugus con sendos V8 de 4,7 litros, así como el Lola GT, base de su proyecto inmediato más importante: el futuro GT40.

En los entrenamientos, Ludovico Scarfiotti fue el más rápido de los pilotos que llevaban un Ferrari 250 P, firmando un 3’51”3 el jueves, pero sin poder batir el tiempo realizado por el mexicano Pedro Rodríguez con el prototipo 330 TRI. En esta edición para la formación de la parrilla de salida se tuvieron en cuenta por primera vez los tiempos de los ensayos, por lo que podemos considerar a Pedro Rodríguez el primer “poleman” de esta carrera.



Bandini debutó en la prueba con prudencia y a medida que transcurrían las horas su ascensión en la clasificación parecía imparable: quinto en la primera hora, ganó una plaza en la tercera hora y otra más en la quinta, antes de adelantar al 250 P de Parkes/Maglioli al cumplirse el primer cuarto de la prueba.

Sin sufrir ninguna complicación mecánica, los pilotos transalpinos parecían tener asegurada una bonita segunda plaza. Pero 24 horas horas de competición son muy exigentes y el Ferrari de cabeza, en manos de Willy Maraise, se vió forzado al abandono en las eses de Tertre Rouge a causa de un incendio provocado por un tapón de gasolina no estanco.


Al llevar más de una hora de ventaja respecto a sus perseguidores, Scarfiotti y Bandini ralentizaron el ritmo y aún así lograron llevarse el Índice de Performance. Media hora antes de llegar a la meta, los italianos batieron el record a la distancia, siendo los primeros en franquear los 4500 km a una velocidad media de 190 km/h, con un consumo que no superó los 30 litros a los 100 km.

Ferrari 275 P 1st LM64 #20


Para esta edición Henry Ford había prometido participar con sus prototipos tras la negativa de Enzo Ferrari de venderle la “Societá per Azioni”. Para más información pincha en http://mulsannestone.blogspot.com.es/2011/11/ford-gt40-de-hobby-classic-nacido-para.html

Muchos aficionados y seguidores de la prueba consideran este espectacular duelo de Ford contra Ferrari, que se alargó en sucesivas ediciones, la edad de oro de las 24 Horas de Le Mans. Esta confrontación dio a la carrera gala una repercusión a nivel mundial sin precedentes: 250.000 espectadores se presentaron en las instalaciones del circuito de la Sarthe.

El desafío que Ford lanzó a Ferrari se fraguó este año con el mítico GT40, alineando tres prototipos motorizados con sendos V8. Frente a ellos cuatro prototipos oficiales Ferrari y otros cuatro en manos de “sus” escuderías privadas (NART, Maranello Concessionaires y Equipe Nationale Belge).



Nuestro protagonista, el Ferrari 275 P #20 lo pilotaron el francés Jean Guichet y el italiano Nino Vaccarella. Al primero le faltaba bastante experiencia con este tipo de prototipos, por lo que inició la prueba con cierta dosis de prudencia. En la segunda vuelta pasó en sexta posición y se mantuvo quinto tras una hora de carrera, a rebufo de Phill Hill. Tanto el piloto marsellés como el siciliano “progresaron adecuadamente” en los relevos que se produjeron durante la noche y ya a mitad de carrera se habían instalado definitivamente en la cabeza de la prueba.

El final se lo tomaron con calma, con la tranquilidad que otorga el llevar ocho vueltas de ventaja respecto a su inmediato perseguidor. Jean Guichet franqueaba la meta bajo la bandera ajedrezada orgulloso por la victoria conseguida, inesperada tan sólo 24 horas antes. Además batieron el record a la distancia y se llevaron el Indice de Performance, un éxito total sazonado con la absoluta debacle de los tres Ford GT40.


Ferrari 250 P y 275 P vencedores de las 24 Horas de Le Mans de 1963 y 1964. Pintados y montados por Manel Espallargas. Carrocería MRRC sobre chasis extensible Revell y llantas BRM (Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

Bibliografía: Ferrari au Mans, Sport & Prototypes. 1961-1967. François Hurel.

domingo, 11 de noviembre de 2012

FERRARI 250 GT SPERIMENTALE de MSSLOT, banco de pruebas del GTO


LA MINIATURA.
Mario Sesma Pascual, donostiarra afincado en San Sebastián, es un gran apasionado del mundo del slot. Su colección tiene varios frentes abiertos, entre los que destaca Pegaso, Ferrari, Scalextric (España, Inglaterra y Francia) y las marcas y pilotos campeones del Mundial de Rallys. Para compartir su afición con todos nosotros ha creado recientemente una página web http://www.msslot.es/ que todavía está en construcción, en la que nos muestra sus extraordinarias piezas, algunas de ellas montadas por él mismo. Os animamos a que la visitéis y disfrutéis con todos y cada uno de los modelos que se exponen.


Si nos vamos a su página de inicio, encontramos una sección llamada “Modelos en venta” en la que nos presenta su primera referencia, la ms001: dos Ferrari 250 GT Sperimentale, dos kits que en su día Enric y yo preparamos para la revista Más Slot. La pasión que siente Mario por Ferrari le llevó a encargarle al mismísimo Victor di Natali, el artesano de MMK, la fabricación de una tirada limitada a 150 unidades de esta pieza tan sorprendente, acabados lógicamente en resina de alta calidad con la carrocería en bruto o prepintada. Para aquéllos que “no tengan manos” y no se atrevan con el kit, también lo pueden adquirir en versión RTR (ready to run, listo para rodar).

Mario tiene disponibles los dos modelos: uno en azul francia con el dorsal #12 conducido por Fernand Tavano y Giancarlo Baghetti en la edición de las 24 Horas de Le Mans de 1961 y el otro en blanco con el dorsal #21 pilotado por los norteamericanos Ed Hugus y George Reed en la carrera de 1962. Ambas versiones son bellísimas y, como no me he podido decididir por una de ellas, me he quedado con las dos.


Espero que os gusten y, si seguís leyendo el artículo, descubriréis dónde se ubican estos preciosos modelos en la larga historia de la marca Ferrari y por qué se trata de un único coche y de un coche único…

ANTECEDENTES SAGA GT.
Empecemos por explicar, a grandes rasgos, el nacimiento y evolución de los Ferrari 250 GT. Cuando en la firma de Il cavallino rampante se decidió que el victorioso 250 MM de 1953 ya estaba obsoleto, en sus talleres fue creado el denominado 250 Europa. Dotado de un V12 diseñado por el ingeniero italiano Lampredi, se presentó en el Salón del Automóvil de París ese mismo año. Un año después concibieron un nuevo desarrollo del modelo, sustituyendo el motor Lampredi por el V12 de Colombo; se encargó una nueva carrocería a Pinin Farina e hizo su aparición por primera vez al público también en el Salón del Automóvil de Paris, bajo la denominación de 250 Europa GT. Este modelo iba a marcar la senda del tipo de coche que vendría a continuación, pues comenzaba en Ferrari la mítica saga GT, las siglas que marcaron la moda en su época.

Tres años tardó don Enzo en decidirse a presentar un nuevo modelo, pues seguía sin mostrar gran interés en complicarse la vida, comercialmente hablando. El nuevo coche, que apareció en julio de 1957 en el Salón del Automóvil de Francfort, fue toda una sorpresa: el Ferrari 250 GT Cabriolet era el primer descapotable fabricado en serie por Ferrari, un turismo de gran potencia y alta gama dirigido a compradores con un alto poder adquisitivo.


Los Ferrari eran coches muy apreciados en los Estados Unidos. Los millonarios norteamericanos estaban entusiasmados con este tipo de vehículos y Ferrari les ofreció el turismo que se adaptaba totalmente a sus gustos: el 250 GT Spyder California, nombre que evocaba las carreteras de la USA West Coast, con su clima cálido y sus adinerados conductores amantes de los descapotables. Se presentaron sus dos versiones de chasis largo (LWB, Long Wheel Base) y corto (SWB, Short Wheel Base).

Mientras tanto, para quien quisiera un Ferrari que pudiera competir o un turismo capotado, existía otro modelo: el 250 GT Berlinetta. Conocido extraoficialmente como TdF (Tour de France), debía su nombre al éxito que logró el extraordinario piloto español Marqués Alfonso de Portago en el Tour de France de 1956.

Entre la primavera y el verano de 1959, siete berlinettas de larga distancia entre ejes (LWB) fueron construidas. Se les llamó extraoficialmente Interim (interino) ya que se construyeron después de que Ferrari dejara de construir los 250 GT Berlinetta y antes de que fabricara el extraordinario 250 GT SWB.


Poco se puede decir de este último SWB que ya no se haya dicho. Simplemente barrió de la competición a cualquier contrincante que se le opusiera. Como muestra las 24 Horas de Le Mans de 1960: los cuatro primeros GT clasificados fueron cuatro Ferrari 250 GT SWB en manos de escuderías privadas. Sencillamente, arrasaban.

NACE EL SPERIMENTALE.
La FIA había decidido que, a partir de la temporada 1962, el Campeonato Mundial de Constructores se iba a decidir en la categoría GT y no en la categoría Sport, como hasta entonces. Para Ferrari el año 1961 se consideró de vital importancia pues, aunque los 250 GT SWB estaban dando unos extraordinarios resultados, la firma transalpina quería seguir figurando en las primeras plazas de las clasificaciones y, por tanto, las evoluciones de los coches no debían parar, sino todo lo contrario. Para ello, en la primavera de ese mismo año se decidió que el carrocero turinés Pininfarina renovase la “anticuada” silueta del SWB, trabajando sobre dos chasis de competición, el 2429 GT y el 2643 GT.

Acabados en abril con un aspecto muy semejante al 400 Súper América (un Ferrari tope de gama presentado en marzo de 1961 en el Salón de Ginebra), el primer chasis fue dotado de un motor de competición estándar y vendido a un particular francés. La segunda unidad ya se equipó con el V12 de 3 litros de cárter seco derivado del Testa Rossa que proporcionaba 310 cv de potencia gracias a sus seis carburadores Weber. Este último modelo, entregado a la Scuderia, fue denominado Sperimentale y se trataba de un intermedio entre la gama GT y el futuro GTO. Para remarcar aún más si cabe el carácter experimental de este coche, se pintó en un bellísimo azul francia en lugar del típico rojo que lucen los turismos y prototipos inscritos en las carreras por la SEFAC.



EN COMPETICIÓN.
El debut del 2643 GT se produjo en las 24 Horas de Le Mans de 1961, encuadrado en la escudería de Fernand Tavano como premio a la victoría lograda por este equipo en la categoría GT en la edición anterior. Pilotado por el mismo Fernand Tavano y por Giancarlo Baghetti, el exclusivo prototipo italiano se vio obligado al abandono en la 13ª hora de carrera por una fuga de aceite. Durante el resto del año fue utilizado como banco de pruebas del proyecto GTO, dirigido por los ingenieros de fábrica Giotto Bizzarrini y Carlo Chiti.

A principios de 1962 el 2643 GT fue vendido a Luigi Chinetti, afincado en Estados Unidos, que lo inscribió para la carrera de Le Mans de ese año. Para entonces el prototipo ya había sido pintado en blanco con las bandas azules longitudinales. En manos de los pilotos norteamericanos Ed Hugus y George Reed obtuvo una novena plaza general y cuarto en su categoría, siendo doblegado únicamente por tres novísimos 250 GTO, dos de los cuales subieron a la segunda y a la tercera plaza del podium.


Tras pasar por las manos de varios compradores, su actual propietario restauró este fantástico y único prototipo a su librea original, azul cobalto, haciéndolo participar en multitud de eventos históricos: el tipo de “vida” que todo automóvil de carreras quisiera llevar…


Montaje y fotografías: Enric Roca.
Texto: Álex Aguilar.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

viernes, 25 de febrero de 2011

FERRARI 250 TR 59/60 de Slot Classic, al volante dos extraordinarios pilotos belgas


Mientras estaba leyendo el blog de mi amigo Mikel http://iberslot.blogspot.com/ (echarle un vistazo, os lo recomiendo; no os defraudará) ojeando la entrada sobre el Lancia Ferrari D50 de André Pilette, una miniatura de Cartrix en color amarillo, pensé en la cantidad de grandes pilotos belgas que había participado en Le Mans, con resultados generalmente muy buenos.


Empezando por Paul Frère y acabando por el plurivictorioso Jacky Ickx (number one  en el circuito de La Sarthe hasta la llegada del danés Tom Kristensen)… pasando por los inolvidables André Pilette, “Eldé” (Leon Dernier en su “dni”), Jacques Swaters, el grandísimo Olivier Gendebien, “Beurlys” (Jean Blaton en su “passeport”), Willy Mairesse, Lucien y Mauro Bianchi… toda una generación de pilotos que empezó a despuntar a mediados de los años 50.


Me fui de cabeza al Le Mans Register para comprobar qué año había sido el mejor de los pilotos belgas… y descubrí, con alegría, que había sucedido en la edición de 1960, cuando Olivier Gendebien y Paul Frère lograron la victoria con el “testarossa” del año anterior. Y digo “con alegría” porque la miniatura réplica del automóvil ganador, firmada por Slot Classic, tengo la oportunidad de mostrárosla, pues descansa en mi vitrina.

Como sabemos, Bélgica siempre ha desempeñado un gran papel en el deporte del automóvil y muy particularmente en las carreras de resistencia. Corría 1896, dos años después de la primera prueba automovilística mundial celebrada entre Paris y Rouen, cuando se organizó en Spa un concurs d'élégance que, aunque no era en sí una prueba de velocidad en circuito, pues se valoraba la distinción del vehículo y la habilidad del piloto, ya daba muestras de la inquietud belga por este deporte.


En este país centro-europeo su industria automovilística empezaba a dar los primeros pasos, apareciendo una serie de marcas como Minerva, FN, Hautvast, Vincke, Nagant, Germain, Fondu, Metallurgique o Imperia. Un desarrollo que facilitó el nacimiento de una escuela de grandes campeones.

Las 24 Horas de Le Mans se instauraron en el país galo en 1923 y un año después tuvo lugar la primera edición de las 24 Horas de Spa-Francorchamps, favoreciendo en gran medida la eclosión de los pilotos y de los equipos belgas. Tras la Segunda Guerra Mundial, el fenómeno se concretó con la aparición de una generación de grandes pilotos que, no sólo disponían de los mejores coches sino que, en algunos casos, integraban los equipos oficiales más prestigiosos, como era el caso de Ferrari.


Para las 24 Horas de Le Mans de 1960, fueron varios los belgas que participaron: Olivier Gendebien y Paul Frère hacían pareja al volante de uno de los cuatro Ferrari 250 Testa Rossa oficiales, Willy Mairesse también pilotaba otro TR oficial para la fábrica italiana y André Pilette corría con un testarossa del 59 encuadrado en la escudería NART. Por otro lado, la Ecurie Francorchamps y l’Equipe Nationale Belge tenían inscritos sendos 250 GT SWB en la categoría GT3000 (2501-3000 cc).

Ferrari se presentó en las 24 Horas de Le Mans con grandes dudas después de que Porsche hubiera obtenido la victoria en las 12 Horas de Sebring y en la Targa Florio y de que Maserati se impusiera en los 1000 km de Nürburgring. Por tanto la legendaria carrera francesa adquiría una importancia vital de cara a conseguir el título mundial de resistencia.


La fábrica de Maranello inscribía doce coches frente a los seis Porsche y los tres Maserati inscritos por sus rivales directos. Por cantidad, calidad y experiencia de los equipos el pronóstico se inclinaba favorablemente a Ferrari. Además también los dos Aston Martin oficiales, idénticos al modelo que ganó en 1959, optaban a la victoria final.

Los 250 TR oficiales estaban demostrando ser los coches más potentes en pista, pero dos incidentes totalmente inesperados dieron un vuelco a las expectativas de victoria por parte de Ferrari, cuando todo parecía tenerlo de cara. Antes de que se produjera el primer avituallamiento y, por tanto, antes del primer relevo de piloto, dos de los Testa Rossa debieron abandonar la prueba cuando iban en cabeza al quedarse sin combustible.


El primero en sufrir el incomprensible error de cálculo de los técnicos fue el alemán Wolfgang von Trips que se quedó tirado en Tertre Rouge momentos antes de que también se detuviera repentinamente el automóvil de Ludovico Scarfiotti en medio del circuito. Ante tal panorama un atento Olivier Gendebien hizo su parada en boxes dos vueltas antes de lo previsto, temiendo quedar eliminado por el mismo motivo; los mecánicos comprobaron que el depósito ya estaba totalmente seco.

Posteriormente, los ingenieros de pista italianos explicaron que habían hecho dos importantes modificaciones en el vehículo que contribuyeron a aumentar el consumo más de lo previsto: la nueva forma de los escapes y la mayor altura del parabrisas (impuesta por reglamento).


Tan pronto sucedieron los problemas de Ferrari en carrera, apareció la lluvia, en forma de violenta tormenta de verano que suele producirse en La Sarthe a mediados de junio. Unos circuitos eléctricos mal aislados provocaron el caos en el seno de Maserati, abandonando tanto Scarlatti-Munaron como el Birdcage carenado de Masten Gregory-Chuck Daigh, un peligrosísimo rival pues había logrado la mejor vuelta en carrera y la mayor velocidad punta en la larguísima recta de Les Hunaudières.

Todavía no había caido la noche y ya se habían producido toda una serie de acontecimientos imprevistos que iban a condicionar el resultado final de la carrera. La fiabilidad de los coches y aquéllos equipos que llevaban un material ya probado disfrutarían de una mayor probabilidad de victoria.


A mitad de carrera, los Porsche empezaron a pasar por graves dificultades, por culpa de la distribución o por fallos del motor, un cuatro cilindros en línea que debido a su pequeña cilindrada carecía tanto de posibilidades reales de victoria como de la suficiente fiabilidad para superar 24 horas continuadas de esfuerzo. Los 718 RS 60, los spyder que la fábrica de Sttutgart puso en pista, dijeron basta. Tan sólo Edgart Barth (el padre de Jürgen, futuro vencedor) y Wofgang Seidel llegaron a la meta en un más que modesto undécimo puesto tras el Carrera Abarth oficial confiado a Herbert Linge y Hans Joachim Walter.

Otros que también pasaron por graves dificultades fueron los Jaguar, que abandonaron antes de la mitad de la carrera. Esta era una gran oportunidad para los GT, más concretamente para los Ferrari 250 GT, que aprovecharon pefectamente la ocasión surgida tras la multitud de abandonos. Sus menores especificaciones no les permitían superar a los Sport Prototipos, pero dado que las averías estaban a la orden del día soñar con un podio absoluto no tenía por qué ser una quimera y éste fue el objetivo de escuderías privadas como la NART (North American Racing Team), la ecurie Francorchamps o la gala de Fernand Tavano.


Respecto a la cabeza de carrera el tema ya estaba bastante claro, puesto que el TR oficial de Olivier Gendebien y Paul Frère había alejado suficientemente al Testa Rossa privado en manos del joven mejicano Ricardo Rodríguez y del belga André Pilette. Esta ventaja, que finalmente alcanzó las cuatro vueltas, fue la misma que los segundos le endosaron al tercer clasificado, el Aston Martin de Roy Salvadori y Jim Clark.

Esta edición de Le Mans terminó con una bonita lucha de los GT por conseguir la cuarta plaza. Finalmente el héroe local Fernand Tavano se impuso al resto de turismos en liza, todos ellos con los indestructibles Ferrari 250 GT SWB. La lucha no cesó hasta la mismísima bandera a cuadros, pues a menos de dos vueltas de aquéllos llegaron los norteamericanos Arents/Connell por delante de Eldé-Noblet en la misma vuelta y de Hugus-Pabst con tan sólo una vuelta menos.


Por tanto, las iniciales dudas de la marca de Maranello antes de la carrera acabaron enterrándose en un auténtico festival Ferrari. Con la victoria absoluta la firma italiana inscribía por cuarta vez su nombre en el palmarés de las 24 Horas, aupaba un segundo coche a la segunda plaza y además obtenía las cuatro primeras posiciones en la categoría GT, copando ¡¡¡ seis coches entre las siete primeras plazas !!!.

Con esta victoria en la carrera francesa Ferrari alcanzaba los mismos puntos que Porsche en el Campeonato Mundial de Marcas, adjudicándose el título puesto que obtuvo un resultado más que la firma alemana. Respecto a Le Mans alcanzaba a Alfa en número de victorias y le pisaba los talones a Jaguar y Bentley.


Para Olivier Gendebien, de los cuatro triunfos personales que finalmente consiguió en Le Mans, se trataba de su segunda victoria. Para Paul Frère este éxito representaba el primero en su carrera y, cumpliendo la promesa hecha a su mujer antes de subirse al coche, representaba así mismo el abandono de la actividad como piloto para volver a la de periodista especializado…