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jueves, 17 de septiembre de 2026

Un dos litros quinto en Le Mans 1938: Peugeot DS 402 Darl'Mat.


Peugeot DS 402 Darl’Mat #24.
Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1938.

Inscrito por: Émile Darl’Mat (F).
Pilotos: Charles de Cortanze (F) y Marcel Contet (F).
Categoría: S 2000 = Sportscars 1501-2000 cc.
Resultado: 5th general, winner S 2000, 214 vueltas, 2.896,981 km.

Miniatura: Ref. MMK-05 de MMK Productions.
Fabricación: Resina RTR, Ready To Run.
Colección: Slot 132 de Mulsanne Stone.


Hay coches que llegan a Le Mans con la apariencia de no tener demasiadas posibilidades y terminan convirtiéndose en protagonistas de una de esas historias que merece la pena rescatar. El Peugeot DS 402 Darl’Mat era uno de ellos. Elegante, relativamente pequeño y con un modesto motor de cuatro cilindros de dos litros, difícilmente podía intimidar a los grandes deportivos que se daban cita en La Sarthe en 1938. Sin embargo, aquel elegante automóvil azul con el #24 acabaría cruzando la meta en una extraordinaria quinta posición absoluta y, sobre todo, conquistando la victoria en su categoría.

Detrás de aquel proyecto estaba Émile Darl’Mat, un conocido concesionario y preparador de Peugeot en París que había desarrollado una estrecha relación con la marca. Darl’Mat no se conformaba con vender los automóviles del fabricante francés y desde los años treinta comenzó a transformarlos, buscando combinar prestaciones, elegancia y un cierto carácter deportivo. En esta aventura contó con dos colaboradores fundamentales: el diseñador Georges Paulin, responsable de unas líneas extraordinariamente fluidas para la época, y el carrocero Marcel Pourtout, encargado de convertir aquellos diseños en realidad.

La historia del automóvil de competición comenzó realmente con el Peugeot 302 Spéciale Sport. Darl’Mat tomó el chasis del 302 y le instaló el motor de dos litros del 402, convenientemente preparado para la competición. El resultado fue un automóvil ligero y mucho más deportivo de lo que podía sugerir su origen. El éxito de las pruebas y, especialmente, una impresionante actuación de 25 horas en Montlhéry a una media de 139,282 km/h, convencieron a Peugeot para apoyar la fabricación de una pequeña serie. Para 1938 el modelo pasó a denominarse oficialmente 402 DS Darl’Mat Sport, aunque su parentesco técnico con el 302 seguía siendo evidente.

La carrocería era una de sus grandes virtudes. Paulin diseñó unas formas bajas y aerodinámicas, con los característicos pasos de rueda separados y una silueta que transmitía ligereza incluso estando detenido. Pourtout se encargó de fabricar las carrocerías, mientras que Darl’Mat coordinaba el conjunto. Para las versiones de calle se ofrecieron distintas configuraciones, pero los ejemplares destinados a Le Mans recibieron una carrocería abierta específicamente preparada para la resistencia. El resultado era uno de esos automóviles franceses de preguerra en los que la elegancia y la competición parecían convivir de forma natural.

El precedente de 1937 había sido ya muy prometedor. Darl’Mat llevó tres automóviles a las 24 Horas de Le Mans y los tres consiguieron terminar, ocupando las posiciones 7ª, 8ª y 10ª de la clasificación absoluta. El rendimiento de aquellos pequeños Peugeot demostró que no se trataba simplemente de una operación publicitaria. La fiabilidad era una de sus principales armas y la categoría de dos litros ofrecía una oportunidad real de luchar por la victoria. Para 1938, Darl’Mat regresó a La Sarthe con tres unidades todavía más afinadas.

El 19 de junio de 1938, los tres 402 DS Darl’Mat tomaron la salida con los dorsales 24, 25 y 26. El #24 fue confiado a Charles de Cortanze y Marcel Contet, mientras que Jean Pujol y Louis Rigal compartieron el #25 y Maurice Serre y Daniel Porthault se hicieron cargo del #26. Los tres pertenecían a la categoría S2.0, reservada a los deportivos de hasta dos litros.


El coche que nos interesa, el #24, llevaba el número de matrícula francesa 5854-W1 y estaba pintado en el característico azul claro de los Darl’Mat. Su motor era un cuatro cilindros en línea de 1.998 cc montado en posición delantera. En aquella versión de competición la preparación del motor había elevado considerablemente sus prestaciones respecto al 402 de serie, hasta situarse en torno a los 85 CV según las fuentes especializadas. No era una cifra espectacular, pero sí suficiente cuando se combinaba con un automóvil ligero, una carrocería aerodinámica y una mecánica preparada específicamente para soportar una carrera de 24 horas.

Y ahí estaba precisamente la clave del Darl’Mat. No necesitaba ser el coche más rápido de la parrilla. Su objetivo era mantener un ritmo constante durante toda la carrera, aprovechar su ligereza y, sobre todo, llegar a la meta. Frente a máquinas mucho más potentes, aquella filosofía podía parecer conservadora, pero en una prueba de resistencia tenía todo el sentido. El circuito de La Sarthe castigaba duramente los automóviles y la velocidad punta no servía de mucho si el coche no era capaz de mantenerse en pista durante toda la noche.

Su carrera, precisamente, un magnífico ejercicio de regularidad. Mientras a su alrededor iban cayendo algunos de sus rivales, el Peugeot siguió acumulando vueltas. Al final de las 24 horas, de Cortanze y Contet habían completado 214 vueltas, equivalentes a 2.896,981 kilómetros, a una media de 120,707 km/h. Aquellos números les dieron la quinta posición absoluta, pero todavía había algo más importante: fueron los primeros clasificados entre los automóviles de dos litros.


La diferencia respecto al vencedor absoluto, el Delahaye 135 CS de Chaboud y Trémoulet, fue de 21 vueltas, una distancia considerable. Pero para un pequeño Peugeot de dos litros enfrentado a máquinas de mayor cilindrada, aquella quinta posición tenía un enorme mérito. De hecho, los Darl’Mat fueron el mejor representante de su categoría y terminaron por delante de numerosos automóviles teóricamente superiores. El resultado confirmó que la estrategia de Darl’Mat basada en la combinación de ligereza, aerodinámica y fiabilidad podía funcionar en el escenario más exigente.

La historia de los otros dos Peugeot explica todavía mejor el mérito del #24. El #25 de Jean Pujol y Louis Rigal apenas pudo completar 18 vueltas antes de abandonar, mientras que el #26 de Maurice Serre y Daniel Porthault se retiró después de sólo seis vueltas. De los tres automóviles que Darl’Mat había llevado a Le Mans, únicamente uno consiguió llegar a la meta. Y fue precisamente el #24 el que consiguió hacerlo en una magnífica quinta posición absoluta y primera de su clase.

El resultado tuvo además una importancia especial para Peugeot y para Émile Darl’Mat. La victoria de categoría demostraba que aquel elegante deportivo derivado de una berlina podía competir con garantías en uno de los escenarios más prestigiosos del automovilismo internacional. El éxito deportivo contribuyó también a aumentar el interés por los Darl’Mat de carretera. Entre finales de 1936 y comienzos de 1939 se construyeron únicamente 104 unidades de los distintos 302/402 Spéciale Sport, una producción diminuta que explica la enorme rareza de estos automóviles en la actualidad.

Pero el momento histórico no acompañaba. Europa se encontraba al borde de la Segunda Guerra Mundial y aquella época dorada del automóvil francés estaba a punto de terminar. Los Darl’Mat todavía protagonizarían algún episodio deportivo posterior, pero las circunstancias internacionales hicieron imposible que el proyecto pudiera seguir evolucionando con normalidad. El elegante #24 de Le Mans 1938 quedó así como uno de los grandes ejemplos de lo que podían conseguir los pequeños fabricantes y preparadores franceses antes de la guerra.


Quizá por eso el Peugeot DS 402 Darl’Mat #24 resulta tan especial dentro de la historia de Le Mans. No fue el coche más potente, ni el más rápido, ni siquiera el vencedor absoluto de aquella edición. Fue algo quizá más interesante: un automóvil concebido con una mezcla de elegancia francesa, inteligencia técnica y sentido de la resistencia que consiguió imponerse entre los dos litros y terminar quinto absoluto frente a máquinas mucho más poderosas. Una pequeña joya azul que, durante 24 horas, demostró que en Le Mans no siempre gana el coche más espectacular, sino el que consigue seguir rodando cuando los demás empiezan a desaparecer.

La miniatura que representa este extraordinario Peugeot DS 402 Darl’Mat #24 de Le Mans 1938 es una reproducción en 1/32 de MMK, referencia MMK-02, realizada en resina y comercializada como RTR. Es uno de esos modelos que tienen un atractivo especial precisamente por reproducir un automóvil tan poco habitual en una parrilla de Le Mans y, además, uno de los grandes éxitos franceses de la etapa anterior a la guerra. El resultado deportivo del original, 5º de la general y 1º de la categoría de dos litros, hace que esta pequeña resina no sea simplemente la reproducción de un coche bonito, sino el recuerdo de una de las historias más sorprendentes de las 24 Horas de Le Mans. ¿Quién diría, viendo aquel elegante Peugeot azul, que acabaría siendo el mejor de todos los dos litros en La Sarthe?






domingo, 6 de septiembre de 2026

Cuando Delahaye ganó en Le Mans.


Delahaye 135 CS #14.
XV Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1938.

Categoría: S5.0 Sportscars 3001-5000 cc.
Inscrito por: ambos pilotos.
Pilotos: Eugène Chaboud (F) y Jean Trémoulet (F).
Resultado: Winner, 1st general, 235 vueltas, 3.180,940 km.

Miniatura: Ref. SF-12 de la serie Slot France de MMK.
Fabricación: Resina RTR, Ready To Run.
Colección: Slot 132 de Mulsanne Stone.


El Delahaye 135 CS es uno de esos coches que, cuando los ves, te transportan directamente a otra época. Largo, bajo, con los guardabarros separados y una carrocería que hoy parece simple, tenía poco que ver con la sofisticada aerodinámica que llegaría después a Le Mans. Pero debajo de aquella sencillez había un automóvil concebido seriamente para competir y capaz de enfrentarse durante horas a máquinas mucho más rápidas.

El 135 CS (Compétition Spéciale) nació a partir de la familia 135, presentada por Delahaye a mediados de los años treinta. La versión destinada a competición utilizaba un chasis más corto y bajo que el de los modelos de carretera y montaba un seis cilindros en línea llevado hasta los 3.557 cc. Alimentado por tres carburadores Solex y con una potencia que las fuentes sitúan en torno a los 150 CV, no era necesariamente el coche más rápido de su generación, pero había demostrado ser una formidable máquina de resistencia.

Y eso nos lleva a las 24 Horas de Le Mans de 1938. Entre los cinco Delahaye 135 que aparecen en las listas de aquella edición estaba el #15 de Eugène Chaboud y Jean Trémoulet, un 135 CS azul inscrito por los propios pilotos. Frente a ellos había Talbot-Lago, Delage, los nuevos Delahaye V12 de la Écurie Bleue y, sobre todo, un Alfa Romeo 8C 2900B Touring conducido por Raymond Sommer y Clemente Biondetti que terminaría convirtiéndose en el verdadero protagonista de buena parte de la carrera.


Si miramos solamente la clasificación final, podríamos pensar que los Delahaye dominaron la carrera, pero la realidad fue bastante diferente. El Alfa Romeo de Sommer y Biondetti llegó a disponer de una ventaja enorme, hasta catorce vueltas según la crónica del ACO, y parecía tener la carrera completamente controlada. Pero en Le Mans ya sabemos que no basta con ser el más rápido: para ganar primero hay que llegar a la meta.

Sommer había sufrido ya el reventón de un neumático a gran velocidad en Les Hunaudières, pero el Alfa sobrevivió. El golpe definitivo llegó mucho más tarde. Cuando faltaban aproximadamente dos horas para terminar, el coche se detuvo con una avería de motor después de haber dominado durante buena parte de las 24 horas. De repente, aquella carrera que parecía decidida quedó en manos del Delahaye de Chaboud y Trémoulet.


El #15 aprovechó la oportunidad y mantuvo el ritmo hasta el final. Después de 235 vueltas y 3.180,94 kilómetros recorridos, cruzó la meta como vencedor de la prueba a una media de 132,539 km/h. Y el resultado de Delahaye fue todavía más importante si miramos el resto de la clasificación: Gaston Serraud y Yves Giraud-Cabantous terminaron segundos con otro 135 CS, mientras que Louis Villeneuve y René Biolay llevaron un tercer Delahaye hasta la cuarta posición. Solo el Talbot de Jean Prenant y André Morel, tercero, evitó que la marca consiguiera un triplete.

Pero todavía faltaba una última sorpresa. Una vez terminada la carrera surgió una irregularidad relacionada con el tapón del depósito de combustible y su precinto reglamentario. Las propias fuentes del ACO no describen hoy el incidente exactamente de la misma manera, pero coinciden en lo esencial: la victoria estuvo amenazada por una descalificación. Finalmente, el resultado fue confirmado y Chaboud y Trémoulet pudieron conservar una victoria que acabaría siendo también la única de Delahaye en la historia de las 24 Horas de Le Mans.


Hay además un detalle interesante en la historia de estos pilotos. Chaboud y Trémoulet no habían llegado juntos a Le Mans por casualidad. Ya habían compartido un Delahaye 135 CS en la edición de 1937, cuando tuvieron que abandonar. Un año después regresaron y consiguieron aquello que entonces se les había escapado. Para ambos sería su única victoria absoluta en La Sarthe.

Quizás por eso me gusta especialmente este coche. No ganó porque fuera la máquina más rápida de aquella edición ni porque aplastara a sus rivales durante veinticuatro horas. Ganó porque, cuando el coche que parecía tener la carrera controlada tuvo que abandonar, el Delahaye seguía ahí. Y pocas historias resumen mejor lo que significa Le Mans que esa mezcla de velocidad, resistencia y oportunidad.

La miniatura es una reproducción en resina realizada por MMK, obra del artesano Victor Di Natali. A mi parecer, es uno de esos modelos en los que MMK consiguió reproducir especialmente bien el coche real, con su larga carrocería, los guardabarros separados y la característica calandra frontal. Puede que el Delahaye 135 CS no tenga hoy la popularidad de muchos de los vencedores que llegaron después, pero un coleccionista de Le Mans como yo no ve simplemente un deportivo francés de preguerra, sino un coche que representa la única victoria de una marca en toda la historia de la prueba.



miércoles, 11 de noviembre de 2009

DELAHAYE TYPE 145 de TRRC, Ab Le Mans 1938 #1


Le Mans, 17 y 18 de junio de 1938.
En 1938, los veintiocho participantes franceses sobre un total de cuarenta y dos inscritos, ofrecen una seria esperanza de victoria. Pero Alfa, tras sus dos fracasos, y otros como Talbot, desean jugar sus propias bazas.

Talbot T150 CS Coupé #5

HRG Le Mans Model #31
Morgan 4/4 - Coventry Climax #40

¿Y bien? ¿Quizás salgan vencedores los célebres Delahaye, los verdaderos fórmula 1 de la época? ¿O los Alfa, que acaban de “volar” en la "Mille Miglia" italiana?

Delahaye Type 145 #1

Talbot T150 SS Coupé #6

El enorme coupé Alfa de Sommer cobró rápidamente ventaja en la carrera. Detrás, los Delahaye, potentes, sólidos y regulares. Sin embargo, a las dos de la mañana del domingo, Sommer y Biondetti se paran: catorce vueltas de ventaja y las válvulas rotas… Los Delahaye pasan como si de una corriente de aire se tratara, colocando dos coches en los dos primeros lugares.

Simca Grodini Cinq #51

Aunque “enfermos”, los 135 CS proporcionan un nuevo éxito franco-francés, empañado sin embargo por el hecho de que ningún récord ha sido superado. El Delahaye 135 CS #15, vencedor de la prueba en manos de los franceses Eugéne Chaboud y Jean Trémoulet.

Delahaye 135 CS #15, winner Le Mans 1938

La miniatura.
El modelo de mi vitrina es una resina francesa de la marca TRRC (Tertre Rouge Racing Cars) que posee unas acertadas líneas y un acabado de pintura exquisito. El chasis es el típico de Penélope Pitlane y los neumáticos unos Ortmann. Quizás los faros y las llantas sean su punto flaco. Los faros por estar pintados. Y las llantas, sin ser feas, no llegan a la perfección de unas Slot Classic. Como curiosidad reseñar que el piloto, que no es de cuerpo entero, va montado directamente sobre el motor, tipo Mabuchi.

Delahaye Type 145 38th Ab LM 1938 #1 (Colección Mulsanne Stone).