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domingo, 25 de enero de 2026

Ford J Test Weekend Le Mans 1966 de Maxi-Models.


Ford J.
#1 Bruce McLaren (NZ) y Chris Amon (NZ).
Shelby American Inc. (USA).
XXXIV Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1966.
P +2000 = Sport Prototype unlimited.
Test Car.

Ref. MX-019 en formato Collector Series de Maxi-Models.
Kit de resina prepintado montado por Jordi Sánchez Casas.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

Extracto del libro “Ford au Mans” de François Hurel (traducción: Álex Aguilar).

Nacimiento del prototipo J.
En la temporada 1966 entró en vigor el nuevo anexo J del la C.S.I. (Commission Sportive Internationale). En adelante, para que los GT (Grupo 3) pudieran participar en las carreras de resistencia debían construirse al menos 500 ejemplares y para que pudieran participar los Sport (Grupo 4), 50 ejemplares. No obstante, para los Prototipos no se exigió ni un mínimo de ejemplares, ni un máximo de cilindrada.


De esta manera, los Ford GT40 y los Ferrari LM encontraron su plaza natural en Sport, mientras que los GT estaban reservados para verdaderos coches de producción como los Porsche 911 o los Shelby GT 350. En el reverso de la moneda, los 500 ejemplares mínimos obligaron a los pequeños constructores como Alpine o Bizzarrini a participar en la categoría Sport, sin ninguna oportunidad de victoria. La edad de oro de los GT se acababa y entrábamos en la era de los “monstruos”, los más bellos años de la historia de las carreras de resistencia.

Tras dos participaciones en Le Mans, el balance de Ford con los GT40 era totalmente decepcionante (nueve abandonos, tres en 1964 y seis en 1965). Todavía ningún GT40 había alcanzado la meta y la victoria en 1964 de Gurney-Bondurant en la categoría GT a bordo de un Cobra Daytona ya parecía historia antigua. Tras tres temporadas de buenos y loables servicios, el Cobra entraba en la leyenda, impulsado por Ford, que ahora quería concentrar todos sus esfuerzos en el GT40.

Ford revisó su organigrama tras las 24 Horas de Le Mans de 1965. El Vice-presidente Don Frey tenía bajo sus órdenes a Leo Beebe, Director de Competición y a sus adjuntos, Jacques Passino, responsable de Vehículos Especiales y John Cowley, Director de Carreras. Estimaron que un equipo no podía ocuparse de más de tres coches a la vez y que una competencia interna permitiría obtener mejores resultados: Ford repartió su esfuerzo en tres equipos.

Concepción y construcción del Ford GTP (J). A partir de entonces, Carroll Shelby, a través de Shelby American (USA), se integró totalmente en Ford y se concentró en el programa Mk2, junto a dos aliados que a la vez eran rivales: Holman-Moody (USA) y Alan Mann Racing (GB). Al mismo tiempo, el equipo de Roy Lunn trabajaba sobre el Ford GTP (o J), teniendo como objetivo prioritario borrar el defecto principal del actual Mk2: su peso excesivo.


Este prototipo, que tomó el motor y las suspensiones del Mk2, será totalmente concebido y construido en los Estados Unidos, sin ninguna intervención de subcontratistas europeos. Con respecto a los modelos precedentes se dio un paso importante pues, aunque el diseño del chasis se aproximaba a grandes rasgos al original, se concibió con una técnica aeroespacial innovadora: el sándwich “nido de abeja” en aluminio.

Diseñado por Ed Hull, el monocasco fue construido por Brunswick Corporation, sociedad especializada en la aviación militar. Kar Kraft se encargó de fijar los puntos de anclaje del motor y de las suspensiones, encoladas con resina epoxy cocida a 90 grados. Unos codos metálicos y unos refuerzos triangulados permitieron solidificar los puntos más sensibles. Este chasis ofrecía una rigidez idéntica a la del Mk2, pero con un peso que no sobrepasaba los 47 kg.

Esta vez el motor del Mk2 se acopló a una caja de cambios automática derivada de las de serie. Con 23 kg menos que la de Kar Kraft, esta caja de cambios ya fue testada en el proto X1, así como en Daytona y Sebring sobre un Mk2. La pérdida de potencia debido a la automatización de las marchas estaba estimada en una quincena de caballos, compensada por un peso total que no sobrepasaba los 940 kg en vacío. Los tubos de escape se diseñaron por el mismo lado de la caja con el fin de liberar espacio para la rueda de recambio, mejorando de paso la visibilidad trasera. Ésta se mostró insuficiente y un retrovisor periscópico pegado al vértice del parabrisas fue instalado en los primeros ensayos.


El Ford J se distinguía también por sus tomas de aire NACA (ya vistas en el Vanwall F1), las lunas en vidrio de seguridad, un limpiaparabrisas derivado de un Boeing 707 (también utilizado en los Mk2), unos anchos de vía más estrechos y las ruedas en aleación ligera. Varios ensayos se efectuaron con frenos provistos de discos de berilio, una aleación que los motoristas de F1 utilizarán 35 años después.

Los técnicos tuvieron menos de seis meses para concebir y construir el GTP, lo que puede explicar ciertas dificultades de puesta a punto. La maqueta se presentó en diciembre, los estilistas de Ford se encargaron del diseño de la carrocería sin efectuar el más mínimo ensayo en el túnel del viento. Fabricada por Ford, esta carrocería no tenía nada en común con la del GT40 ya que aprovechaba al máximo las posibilidades del anexo J en materia de habitabilidad, en especial un cockpit más estrecho. La trasera angulosa le daba un aspecto torpe al coche que quedaba compensado por la agresividad del frontal con una nariz en forma de pinzas de bogavante y una baja distancia al suelo.

Primeros ensayos. Bruce McLaren fue el encargado de realizar, a bordo del nuevo Ford J, las primeras vueltas sobre la pista de entrenamientos de Dearborn, el primero de marzo. Seguidamente, Ken Miles lo testó en Riverside, antes de que partiera para Le Mans, donde se presentó con un pequeño alerón trasero regulable que no aparecía en la versión original. Asimismo, aparecían dos tomas NACA sobre los flancos del capó delantero al no dar resultado la toma situada en el techo.


La víspera de los entrenamientos preliminares, un comunicado procedente de Maranello anunció la ausencia de la Scuderia Ferrari, pues los transalpinos estimaron que Monza les proporcionaría un terreno de ensayos suficiente. El duelo Ford-Ferrari había entrado en su fase psicológica. Además, la semana que separa Sebring de los entrenamientos de Le Mans había sido bien corta, privando a Ford de compararse a su habitual referencia.

El Ford J fue la atracción de los entrenamientos preliminares, pero con su trasera de camioneta no dio la misma impresión de equilibrio que el GT40. La lluvia no favorecía el trabajo de puesta a punto, confiado a Chris Amon y Bruce McLaren. Se embarcaron unos aparatos de medición en la plaza del pasajero, pero la rotura de la junta de la culata puso término a la primera jornada de entrenamientos y a los pilotos no les dio tiempo de constatar si se producía alguna inestabilidad a alta velocidad.

El mismo domingo, al finalizar los ensayos, Chris Amon consiguió firmar el mejor tiempo, dejándolo en un 3’34”4, aproximándose a 1”4 de la pole de 1965 de Phil Hill. En cuanto a Bruce McLaren, se contentó con el tercer tiempo absoluto del fin de semana. Sin duda, demasiado habituados a ver pulverizar los records, los periodistas juzgaron decepcionante la prestación del Ford J. Pero este resultado no debemos considerarlo tan malo teniendo en cuenta las innovaciones que comportaba este vehículo y las consignas de prudencia dadas a los pilotos, debido a los accidentes imprevistos de los Mk2 desde el inicio del fin de semana. Estaba claro que al Ford J le faltaba una puesta a punto y que el objetivo de 3’25” por vuelta estaba lejos de ser alcanzado.


Ford no cometería el mismo error que el año anterior. Tras un nuevo test en Riverside, el Ford J se dejó provisionalmente a un lado y todos los esfuerzos se trasladaron al Mk2.

La miniatura.
Partimos de un precioso kit en resina producido por la marca inglesa Maxi-Models, ubicada en Tingewick (Buckinghamshire). Dirigida desde la tienda “The Antiques Shop”, su concepto del producto es ligeramente diferente al que conocemos habitualmente. Los modelos que fabrica Maxi-Models tratan de vehículos muy poco reproducidos en esta escala y totalmente fabricados a mano, en edición limitada (normalmente 300 e incluso menos). Sus modelos están disponibles en varios formatos diferentes: Sprint, Collectors Series (Prepainted kit, Unpainted kit y Built) y Super-Sport.

El más económico es el Sprint, que contiene una carrocería en bruto con el interior detallado pero que carece de chasis, motor, tren de rodaje y piloto; en el caso del Ford J aconsejan completar el kit con un chasis comercial del Ford GT40 de Scalextric. El formato denominado Collectors Series consta de dos opciones de kit completo que incluyen un chasis de resina, cuya carrocería puede ir pre-pintada o sin pintar y una tercera opción más completa, la Built, la que comúnmente conocemos como RTR (ready to run). Finalmente, el formato denominado Super-Sport, enfocado a la competición, contiene un set aligerado al que se le puede montar un chasis standard o pedir que te suministren el “flexi chassis”, un chasis de alto rendimiento fabricado por ellos mismos en acero inoxidable.

Todos sus kits se suministran con explicaciones muy detalladas. Una de las hojas tiene un listado completo de las partes que componen el kit y sus instrucciones de montaje. Una segunda hoja incluye fotografías que ilustran el proceso de montaje, con consejos de construcción muy bien definidos. Una tercera hoja detalla el listado de las referencias que habían producido hasta el momento y las que tenían planificado fabricar (con su fecha de disponbilidad). Con el kit del Ford J también se suministra una llave allen para montar las reproducciones de las bellas llantas Hallibrand.


Esta edición limitada es la referencia MX019, número de producción 45/175 en formato Collectors Series con la carrocería prepintada. Tanto ésta como el chasis están construidos en resina de poliuretano resistente al impacto. Además, goza de otras piezas en resina, estaño, fotograbados en acero inoxidable, latón, aluminio y vacuformes en PVC. Guía de precisión, potente motor de 28.000 rpm, ejes de acero y cojinetes de bronce fosforado. Si queremos rizar el rizo, Maxi-Models nos propone exponer el Ford J en una base que simula el escenario de las “Esses” de Le Mans (ref. MXA 006G). En definitiva, una miniatura hecha a mano y muy exclusiva.

Para el montaje de este precioso kit conté con las excelentes manos de Jordi Sánchez Casas. Hace ya un tiempo que nos dejó mi estimado amigo, alguien que no solo montaba algunos de mis kits de resina con una maestría admirable, sino que ponía en cada uno de ellos una parte de sí mismo. Lo echo de menos como amigo, sobre todo por las largas charlas cuando le proponía mis proyectos y cuando me entregaba los coches terminados. También por la complicidad y pasión que compartíamos por los detalles bien hechos. Me gusta pensar que, allí donde se encuentre, es feliz creando reproducciones maravillosas con la misma ilusión y dedicación que demostraba a todos sus amigos.

lunes, 17 de enero de 2011

MATRA-BRM MS 620, le panache bleu

LA MINIATURA.
Esta miniatura, fabricada en resina, pertenece a la serie “Slot France” de la firma francesa MMK, dirigida por Victor de Natali. En esta serie la marca se esmera “un poco más” que con sus anteriores modelos: por lo menos los fotograbados vienen montados de origen, así como las tulipas de los faros. Aunque los vacuformes no están encajados en la carrocería con la limpieza que debería, pero...

No obstante, el artesano francés incurre en un par de fallos totalmente inaceptables: por un lado ha situado al piloto en el lado izquierdo de la conducción y con un casco integral (se utilizaron los tipo Jet hasta los años 70); y por otro lado, los faros delanteros en el auto real son dobles y en la miniatura sencillos… ¿Lo perdonamos?

Si te gusta la historia del automóvil, sigue leyendo, disfrutarás... pero advierto que el relato me ha salido un "pelín" largo...


LE PANACHE BLEU.
En lo mejor de los años sesenta, todo parecía posible para el que poseía un poco de saber hacer y un mucho de ambición. La historia de Matra en Le Mans es la de un vendedor de armas reconvertido en vendedor de sueños, un poco por azar y bastante por necesidad. Matra tenía capacidad industrial y financiera, pero sobretodo mentalidad: cierta arrogancia (panache) de altos vuelos, y una actitud conquistadora que iba a llevar a la firma francesa a un triple éxito, hasta el punto de desmoralizar a Ferrari.

Esta ausencia de complejos fue insuflada por Jean-Luc Lagardère, joven manager en búsqueda de gloria y notoriedad. Prometiendo títulos mundiales y victorias, fijando fechas límite precisas, fue alcanzando en diez años todos sus objetivos y devolvió al automovilismo francés un prestigio que no había conocido desde Bugatti. Mientras tanto, el automovilismo entró en la era de las limitaciones de velocidad, de la seguridad y de la economía de energía. Ya no era tiempo de soñar y Matra se retiró, dejando a sus fans desconcertados. ¡Cuántos pesares, pero sobretodo, qué maravillosos recuerdos!


ANTECEDENTES.
Desde la retirada de Gordini, ningún constructor francés apareció en posición de jugarse la victoria en las 24 Horas de Le Mans. Se limitaban a conseguir el índice de rendimiento (performance) y el índice al rendimiento energético. Dos clasificaciones no exentas de interés técnico, pero mucho menos determinantes que la clasificación general. Y si los expertos quedaban pasmados ante el extraordinario rendimiento de las pequeñas cilindradas francesas, el gran público soñaba con el enfrentamiento contra los Ferrari y los Ford GT40. Deseando desmarcarse de Alpine y deseosos de lucirse al más alto nivel, Matra iba a descuidar esas clasificaciones secundarias desde el inicio, con el riesgo que entraña afrontar una competencia más relevante.

Para diseñar y construir el coche que disputara las 24 Horas, la firma se apoyó en la figura de Jo Schlesser, que poseía experiencia en Le Mans y en otros coches potentes, como los Cobra y los Ford GT40. El trabajo se organizaba en los antiguos hangares de Bréguet, situados junto al aeródromo de Villacoublay, que ofrecía asimismo una pista ideal para los primeros rodajes.


Bernard Boyer lo recuerda: “el servicio de competición estaba separado del equipo de Guédon por dos muros de 2 metros, en un hangar alto de 15 ó 20 metros. Huelga decir que era imposible calentarse. Además, este hangar estaba oxidado y cuando llovía nos veíamos obligados a desplazar las mesas de diseño. En público, jamás nos quejábamos, los coches estaban impecables y todo el mundo creía que estábamos en un palacio. En realidad estábamos en auténticas jaulas de conejos.”

La aventura de Matra en Le Mans comenzó el 20 de octubre de 1965, cuando Claude Le Guézec partió rumbo a Inglaterra, con el fin de encontrar allí un motor. Recordemos que el único propulsor de carrera francés digno de este nombre era el 4 cilindros de Renault-Gordini, que no estaba disponible para Matra. La primera idea fue utilizar el motor Ford-Lotus-Cosworth de 1600 cm3, ya montado en el coupé 610 Napoleón. Pero, tal como ocurría con el motor Renault, esta idea se abortó por un problema político.


En efecto, Lagardère deseaba que el coche que corriera en Le Mans debería seguir el espíritu de esta prueba y, por tanto, que pudiera ser el referente de un Gran Turismo destinado a su uso en carretera. Pero Colin Chapman no estaba demasiado entusiasmado con la idea de ver un Matra propulsado por Lotus compitiendo contra sus propias producciones.

Le Guézec contactó entonces con el constructor BRM, que también preparaba motores Ford-Lotus. La firma de Bourne no vio ningún obstáculo para el abastecimiento de motores, todo lo contrario, pero en lugar del modesto Ford 1600, que no ofrecía ninguna posibilidad de brillar en la clasificación general, propuso su 2 litros de la Fórmula Tasmane, así como sus consejos técnicos para adaptarlo al chasis. Este V8 concebido por Tony Rudd era el derivado del 1500 cm3 con el que Graham Hill se consagró campeón del mundo en 1962.


El 29 de octubre, Lagardère dio el visto bueno al programa Le Mans, antes incluso de haber elegido el motor definitivo. Al finalizar una de las visitas a Bourne en compañía de Le Guézec y Hébert, Lagardère zanjó el asunto en favor del motor 2 litros BRM, poniendo de esta manera el listón muy alto. El objetivo de salida, que era terminar en cabeza de los coches franceses, fue relevado por la necesidad de enfrentarse a Porsche y al Dino de Ferrari en la categoría 2 litros. Una tarea de lo más delicada, ya que ningún técnico del equipo Matra tenía la experiencia de lo que entonces era considerado un “gran” prototipo.

Tras ser anunciado el programa, el 25 de noviembre Bernard Boyer empezó con la concepción del chasis 620, junto al diseñador Carillo, reivindicando aquél la paternidad del mismo: “Cuando se dio el visto bueno, llegó Hébert. Nunca lo vi sobre la mesa de dibujo, pero influyó en la concepción del 620 notablemente imponiendo la carrocería de aluminio. En cambio, fui yo el que escogió el chasis tubular, porque controlaba bien esta técnica.”


El primer ejemplar de este chasis multitubular se entregó el 17 de febrero. Los tubos iban vestidos con hojas de aluminio que no participaban en la rigidez del conjunto. Por falta de experiencia más que por estrategia de futuro, este chasis era muy robusto pero también excesivamente pesado.

A este hándicap, se unió otro: por razones de marketing, Lagardère impuso que el coche de Le Mans debía recordar, por sus formas, al futuro coche de carretera. Para ello el diseñador de la casa, Jacques Nocher, tránsfuga de Simca, modeló las formas del 620 y del 530, consiguiendo darles un aire de familia.


Como Matra no disponía de un departamento de carrocería, fue necesario decidirse por un fabricante, siendo escogido Pichon-Parat, ubicado en Sens. Como el tiempo apremiaba, se decidió fabricar la carrocería en aluminio, a fin de poderla modificar más fácilmente. Con su largo habitáculo y su puesto de conducción a la izquierda, el Matra MS620 se encontraba entre los prototipos con espíritu Le Mans.

Los radiadores de agua y aceite iban situados delante; sus largas dimensiones venían impuestas por BRM. Los dos depósitos de aleación de 49 litros estaban instalados a cada lado, tras las puertas, prolongándose por debajo de las mismas. Suspensiones “clásicas” construidas en acero, frenos de disco Girling montados en llantas de magnesio de 13 pulgadas. Su fijación al eje se efectuaba por una tuerca central de mariposa. Dunlop calzaba los neumáticos.


Preparado por BRM, el V8 a 90º entregaba 245 cv a 9.000 r.p.m., para una cilindrada de 1916 cm3. Bajo los consejos ingleses, el V8 se montó rígido sobre el chasis. La alimentación por inyección y el alumbrado electrónico fueron producidos por la firma británica Lucas. Recibió un embrague Borg&Beck de doble disco. La caja de cambios era una ZF de 5 velocidades, idéntica a la de los Ford GT40.

Para los técnicos franceses, habituados a los pequeños motores Panhard o Renault, este V8 les parecía un verdadero monstruo: “Hubert y yo conocimos una progresión hasta los 1.300 cm3, él con Bonnet, yo con Alpine” prosigue Boyer. “Los motores Gordini eran ligeros y económicos. De golpe, hubo que hacer frente a un 2 litros y a las exigencias de BRM. Este motor BRM derivado de un 1500 era un “bastardo” de mediocre rendimiento, dotado de una curva de potencia poco efectiva. Era horrible”.


La colaboración con un motorista extranjero tuvo también un efecto negativo sobre la imagen de Matra. Ciertos observadores revelaron una cierta semejanza entre el 620 y el Rover-BRM que disputó la edición del 65. En el periódico L’Equipe, Jean Bernardet habló incluso de un “BRM pintado por Matra”. A estas críticas exageradas, Lagardère respondió evocando el éxito de la Caravelle, el avión francés propulsado por dos reactores ingleses.

Antes incluso de que el coche fuera terminado, aparecieron ciertas lagunas que hubo que solventar: se adoptaron llantas más grandes y una posición de conducción en el lado derecho por petición expresa de Jo Schlesser.

PRIMEROS ENSAYOS.
Él mismo fue el encargado de rodar por primera vez con el 620 el 28 de marzo, en el aeródromo de Villacoublay. Es decir, cinco meses despues del inicio del proyecto. El ensayo se terminó transcurridos quince minutos debido a un depósito pinchado. El incidente se repitió al día siguiente: los depósitos no resistían las vibraciones y la solución al problema fue envolverlos de polyester.


Schlesser rodó de nuevo el 31 de marzo, comenzando a trabajar sobre las suspensiones. Luego fue la gran cita de los entrenamientos preliminares, el 2 y 3 de abril, la que marcó la primera aparición pública del 620. Con el dorsal #38 se presentó bajo una apariencia gris poco atractiva que reflejaba sin duda el humor de los miembros del equipo, afectados por un drama: Eliane, la joven mujer de Beltoise, acababa de matarse en la autopista del sur, al volante de un Djet. Jean-Pierre estaba, naturalmente, ausente y fue Jo Schlesser el encargado de la puesta a punto del prototipo.

A pesar de una relación de velocidades un poco larga, de una refrigeración imperfecta, de frenos mal dimensionados y de portezuelas con la tendencia a abrirse por el efecto de la depresión aerodinámica, el 620 se reveló muy rápido. A falta de seducir por su estética, convenció por su rendimiento porque una vez la pista seca, Schlesser rozó los 209 km/h de media y realizó sin forzar un prometedor 3’52”, siendo el décimo tiempo absoluto y el mejor de la clase 2 litros.


PREPARACION: MONZA Y SPA.
Después de que la idea inicial de participar en la Targa Florio fue descartada, fue sobre los rápidos trazados de Monza y Spa donde se persiguió la preparación de cara a la carrera de Le Mans.

En los 1000 km de Monza, el 25 de abril, Jaussaud y Servoz Gavin debutaron con el Matra 620. Comparándolo con el 906 y el Dino 206 S, el Matra con 245 cv tenía la ventaja de una potencia más elevada, 25 cv más que el Ferrari y 30 cv más que el Porsche. Sin embargo padecía de una aerodinámica menos evolucionada y, sobretodo, de un peso mucho más elevado. Otros handicap frente a sus rivales eran las pequeñas llantas de 13”, una insuficiente capacidad de frenada y el sobrecalentamiento del habitáculo al emplear una carrocería de aluminio.

El 22 de mayo, el chasis 01 fue inscrito en los 1000 km de Spa. Servoz-Gavin esta vez hizo pareja con Alan Rees, pues el grueso del efectivo Matra estaba en el GP de Mónaco de F3. Decimosexto en los entrenamientos, el 620 todavía era superado por sus rivales. En carrera sufrió problemas de alimentación que le obligaron a abandonar.

Matra no confirmó en carrera la buena impresión dejada en los entrenamientos de abril, pero todavía conservaba una buena imagen…


NOS VAMOS A LE MANS.
En Vélizy no faltaba el trabajo pues fueron tres nuevos prototipos los que embarcaron hacia Le Mans, tras un rodaje en Villacoublay. Se presentaron la mañana del martes 14 de junio en el pesaje de las 24 Horas. La modificación más evidente sobre el 620 concernía al alargamiento del capó trasero en su parte superior, afinando considerablemente su perfil. Además se configuraron dos pequeñas tomas de aire frente al parabrisas, asi como otras dos a un lado y otro del capó trasero. Detrás, una nueva barra antivuelcos y un tarado diferente de los muelles fueron considerados a tenor de la tendencia del coche al sobreviraje.

En la más pura tradición de los grandes equipos, los dirigentes y los pilotos se alojaron en un castillo, mientras los mecánicos pasaban esencialmente su tiempo en el Garage de Bretagne de monsieur Blin, en el 107 de la Avenue Robillard, donde los coches eran preparados durante la semana.


Una vez llevados al circuito por uno de los break ID Citroën y una de las camionetas de Matra Sports, herencia de la época Bonnet, no faltaron los pequeños fallos de juventud y ninguno de los tres Matra pudo igualar el tiempo realizado en abril por Schlesser.

Sin embargo, los Porsche habían progresado notablemente... quizás porque en abril los pilotos punteros de la firma alemana estuvieron ausentes. Esta vez, Joseph Siffert firmó el mejor tiempo de los 2 litros con 3’51”, aventajando a Schlesser en 2”5. Por el contrario, los Dino 206 S se mostraron muy decepcionantes.


Beltoise y Servoz-Gavin ilusionaron a sus seguidores durante el primer cuarto de la prueba, permitiéndose rivalizar con los Porsche. Pero para el equipo francés, todo quedó sentenciado antes de llegar a mitad de carrera. Dos de los coches fueron eliminados por razones técnicas diferentes, siendo la tercera víctima de un accidente.

Mientras que Ford, Porsche y Alpine se repartieron los laureles, Matra volvió de su primera campaña en Le Mans con las manos vacías. El MS 620 mostró sus límites en materia de frenada, de aerodinámica y de fiabilidad. Y los pilotos reprocharon, entre otras cosas, un excesivo balanceo, la dureza de una dirección poco precisa, un habitáculo falto de estanqueidad y de ventilación, unos retrovisores desastrosos (sic) y una posición de conducción mejorable.


Bernard Boyer sentenció: “El 620 no ha sido un buen coche. Los pilotos han tenido el mérito de pilotarlo a pesar de las vibraciones y del terrible calor en el interior. Era insoportable. Era demasiado pesado y poco aerodinámico. Un buen auto es el que gana las carreras. ¡Punto!”

En su última carrera, los 100 km de París, los dos prototipos inscritos se vieron forzados al abandono, no sin que Beltoise adelantara a los Porsche en entrenamientos y después a principios de carrera. Parecía que se iba en la buena dirección…

Info: MATRA au MANS de François Hurel