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domingo, 13 de septiembre de 2026

Aston Martin DP214, la penúltima evolución del DB4 GT.


Aston Martin DP214 #7.
XXXI Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1963.

Categoría: P +3000 = Prototype GT unlimited.
Inscrito por: David Brown Racing (GB).
Pilotos: William Kimberly (USA) y Jo Schlesser (F).
Resultado: 25th, Abandono (motor), 10ª hora, 139 vueltas.

Miniatura: Ref. GP02/1 de GP Miniatures.
Fabricación: Kit bruto en resina, pintado por Manel Espallargas y montado por Enric Roca Mata.
Colección: Slot 132 de Mulsanne Stone.


El Aston Martin DP214 fue la penúltima evolución del DB4 GT desarrollado específicamente para la competición por la escudería oficial David Brown con una misión tan difícil como atractiva: plantar cara a los Ferrari 250 GTO, dominadores de la categoría GT. En las 24 Horas de Le Mans de 1963 se alinearon dos unidades, y la que reproduce GP Miniatures corresponde al #7, chasis DB4/GT/0194/R, pilotado por el estadounidense William Kimberly y el francés Jo Schlesser.

Su carrocería, más baja y aerodinámica que la del DB4 GT, incorporaba la característica cola Kamm y escondía bajo el capó el seis cilindros de 3,7 litros. En las pruebas oficiales de abril, William Kimberly y Lucien Bianchi consiguieron situarlo sexto, una primera señal de que el nuevo Aston Martin podía ser competitivo. Para la carrera, Kimberly compartiría el volante con Jo Schlesser. El Aston Martin recibió el dorsal #7 y se clasificó décimo de la parrilla, con un tiempo de 4:04.700. El sábado 15 de junio comenzó así una carrera que, durante unas horas, iba a superar seguramente las expectativas del equipo.


El inicio no fue especialmente afortunado y el coche tuvo que realizar una parada temprana por un problema de alimentación. Pero Kimberly y Schlesser no tardaron en recuperar terreno. Con el paso de las horas, el #7 fue escalando posiciones y durante la noche se encontró luchando en las primeras posiciones. Schlesser llegó a colocarlo tercero de la clasificación general y líder de la categoría GT. El pequeño Aston Martin estaba plantando cara a los Ferrari precisamente donde más dolía: en la pista. La carrera, sin embargo, todavía no había llegado ni a la mitad.

Alrededor de la décima hora de carrera el motor dijo basta. Un pistón cedió y el #7 tuvo que retirarse cuando ocupaba una posición que hacía pensar en un resultado mucho más importante. Racing Sports Cars registra el abandono oficialmente como rotura de pistón. Y ahí terminó su Le Mans, con un DNF en la clasificación, pero con una actuación que había dejado claro el potencial del DP214. El coche que había salido décimo había conseguido llegar hasta la tercera posición absoluta antes de que la mecánica acabara con sus posibilidades.


La historia del chasis 0194/R, afortunadamente, no terminó aquella noche. Después de Le Mans continuó compitiendo durante 1963 y consiguió resultados destacados, entre ellos un sexto puesto en Brands Hatch y un séptimo en el Tourist Trophy. Pero fueron las victorias de Roy Salvadori en la Coppa Inter-Europa de Monza y de Claude Le Guezec en las Coupes de Paris de Montlhéry las que terminaron de demostrar que aquel DP214 tenía mucho más que ofrecer. 

La reproducción artesanal está realizada por GP Miniatures (ref. GP02/1), del británico Graham Poulton. Ha representado uno de los Aston Martin más bellos y exclusivos de la historia de Le Mans. Su fabricación en resina y la fidelidad de las proporciones convierten esta miniatura en una pieza más que interesante. Desgraciadamente, la marca británica que produjo sus magníficos kits de resina principalmente durante la década de 2010, posteriormente abandonó su actividad.









martes, 8 de agosto de 2017

Aston Martin Nimrod Le Mans 1982 de Bitume Slot Racing


Aston Martin Nimrod.
#32 Ray Mallock (GB), Simon Phillips (GB) y Mike Salmon (GB).
Viscount Downe Pace Petroleum Racing (GB).
L Grand Prix d'Endurance les 24 Heures du Mans 1982.
Gr. C / Sport Prototypes Group C.
7th general, 317 vueltas.

Resina RTR de BSR (Bitume Slot Racing).
Ref. BSR 012.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

La miniatura.
Esta pieza de colección es una resina RTR de la marca Bitume Slot Racing que replica al coche original que participó en las 24 Horas de Le Mans de 1982, consiguiendo un fantástico 7º puesto en la general y cuarto en la categoría Grupo C. Pilotado por los británicos Ray Mallock, Simon Philips y Mike Salmon.


Victor Gauntlett quiso volver a ver el nombre de Aston Martin en los circuitos, pero carecía de los medios necesarios para tener él sólo un programa de competición. Por eso en 1981 fundó una sociedad con Robin Hamilton: Nimrod Racing Automobiles Company (NRAC) que tenía como fin hacer correr a buen nivel un Aston Martin, o al menos, de momento, una coche de carreras propulsado por un motor de la marca, el siempre fiable V8 concebido por Tadek Marek.

A ellos se sumó el afortunado importador de la marca en los Estados Unidos, Peter Livanos, de origen griego, cuya madre era la hermana de Stravos Niarchos, un armador griego y uno de los hombres más ricos del planeta. Esa vez el dinero no faltó. Bajo estos favorables auspicios, dos chasis fueron preparados para la temporada 1982, con motor central trasero, el V8 que desarrollaba entonces 520 caballos.


El primero de estos chasis, el NRAC1/003, pertenecía a Robin Hamilton. Su carrocería fue decorada en plata y verde. El segundo chasis, el NRAC1/004, fue inscrito por Lord Downe, un amateur ligado desde hacía mucho tiempo a la marca y presidente del Aston Martin Owners Club: el coche pintado en rojo, blanco, azul, los colores de la Union Jack, recordaban a la bandera inglesa. Desgraciadamente, los motores V8 Aston Martin de competición montados por Aston Martin Tickford, una filial de la marca, tuvieron desde el inicio de su carrera numerosos problemas mecánicos.

El 19 de junio de 1982, los dos Aston Martin Nimrod formaban parte de la parrilla de las 24 Horas de Le Mans con los dorsales de carrera #31 y #32. Al volante, los pilotos Needell-Lees-Evans para el NRAC2/003 (#31) y Mallock-Salmon-Philips para el NRAC2/004 (#32).


El primer coche, después de un pinchazo a 320 km/h, tuvo un grave accidente en la recta de Mulsanne (el piloto, Tiff Needell salvó su vida de milagro). El segundo coche, dirigido desde boxes por Richard Williams, uno de los más grandes probadores de Aston Martin en el mundo, sufrió también su dosis de problemas, en particular a nivel de la alimentación de carburante, tras ocupar durante la noche la cuarta plaza de la clasificación general. Finalmente acabó, con cinco cilindros, en la séptima plaza, lo que es muy encomiable teniendo en cuenta que participaron 55 coches.

En 1983, tras una tentativa de imponerse en las carreras americanas sin éxito alguno, un Nimrod NARC2/004 fue inscrito en Le Mans por Lord Downe. Desgraciadamente, la carrera estuvo plagada de diversos incidentes mecánicos y, a las diez de la mañana del domingo, una biela atravesó el bloque del motor, causando el abandono del coche tras 217 vueltas.



En 1984 se alinearon dos modelos Aston Martin Nimrod en Le Mans. Al despuntar la noche, un serio accidente eliminó al mismo tiempo a los dos participantes, quedando estos dos coches totalmente destruidos. Fue el fin del proyecto Nimrod, pues no contaban con los recambios necesarios para reconstruir totalmente los dos prototipos.


martes, 18 de septiembre de 2012

ASTON MARTIN DP214 de GP MINIATURES, el apogeo de los “project cars”


En mulsanne stone damos la bienvenida al artesano británico Graham Poulton, dueño de la marca de resinas GP Miniatures, en cuyo catálogo descubrimos tres fantásticos modelos, tres réplicas de la firma automovilística Aston Martin. Los fabulosos DBR1 de la edición de 1961, los DB4GT Zagato del mismo año y los semidesconocidos DP214 del 63. Y, aunque a Enric y a mí nos costó mucho decidirnos, optamos por el kit en bruto del “project car”, por ser inéditos en slot. Es cierto que en el mercado ya habíamos visto un “project car”, la ref. HS03 fabricada por MMK para una de sus gamas altas, la llamada “Hors Serie”. Pero en esa ocasión, la marca francesa versionó el DP215 privado que abandonó en la carrera gala de resistencia en 1964.

Sin embargo, Graham Poulton, gran entusiasta del automovilismo deportivo y conocedor en profundidad de la historia deportiva de Aston Martin, ha optado por los coches oficiales que la firma británica inscribió para las 24 Horas de Le Mans, en su edición de 1963. Para ello encargamos a Graham que nos enviara los dos coches en kit en bruto (sin prepintar), pues queríamos conocer de primera mano la calidad de la resina. Hemos observado que, a pesar de tratarse de un modesto artesano, la carrocería está realizada en un componente de óptimas propiedades, facilitándonos sobremanera su preparación para la fase de pintura.


ASTON MARTIN EN CARRERA
Para Aston Martin, las carreras han sido desde siempre la razón de ser de la marca. Cuando en 1920 esta firma arrancó en los modestos talleres de Chelsea (Londres), Lionel Martin modificaba los Singer para hacerlos competir en pruebas locales. El nombre de una de ellas, la celebrada en Aston Hill, al sur de Inglaterra, inspiró al fundador de la compañía inglesa para formar la primera parte de su nombre. La segunda parte era, evidentemente, su apellido.

Aunque esas pruebas automovilísticas prácticamente no gozaban de renombre, pronto empezaron a verse los coches ingleses en carreras internacionales y también, como no podía ser de otra manera, inscritos en las 24 Horas de Le Mans. En efecto, desde 1928 los pequeños Aston Martin de 1500 cm3 ocuparon varias plazas de honor en la carrera de resistencia francesa, que en esos años ya gozaba de gran prestigio mundial. A partir de 1949, tras la guerra, el nuevo propietario de la marca, David Brown, propuso un ambicioso programa de competición que culminó con la victoria de los DBR1 oficiales en las 24 Horas de Le Mans de 1959, colocando los dos prototipos en lo más alto del podium.

Tras este importante éxito, Aston Martin se retiró oficialmente de la competición. El alto coste que suponía para una empresa que no tenía más que unas decenas de obreros y una producción de unos doscientos coches al año, comprometía la viabilidad de seguir. Por otra parte, al seis cilindros ya no se le podía exprimir más y el V8 de Tadek Marek todavía no estaba listo. Los DBR1 se entregaron a escudería privadas.


EL ENEMIGO FERRARI
Recién entrados los sesenta Ferrari, que ya había saboreado la gloria de vencer en el circuito de La Sarthe en tres ocasiones (1949, 1954 y 1958), contraatacó con los maravillosos Testarossa: en Le Mans, dos 250 TR relegaron al Aston Martin de Roy Salvadori y Jim Clark a la tercera posición. La marca transalpina inició, con esta nueva victoria, una racha de siete triunfos consecutivos que marcó un hito en la historia de la carrera de resistencia gala (solamente igualado a finales de los ochenta por Porsche con sus invencibles 956C y 962C). Ferrari se convertía en el principal problema de Aston Martin.

La lucha se trasladó también a otro campo de batalla, la categoría GT. Las versiones deportivas del DB4 sucumbían ante el poderío en las carreras de la berlineta de Ferrari, el 250 GT LWB (large wheel base). El coche británico era demasiado pesado y, para hacerlo competitivo, había que efectuarle una cura de adelgazamiento. Se redujo la distancia entre ejes en 12 cm y se fabricaron los 18 paneles que componían la carrocería en una aleación de aluminio y magnesio. Equipado con un seis cilindros de 3670 cm3 diseñado por Tadek Marek, brindaba 240 cv, suficientes para un modelo de carretera, pero exiguos para uno de carreras. En fábrica se le amplió un carburador más a los dos Weber que llevaba inicialmente y, junto a otras acertadas modificaciones, se lograron alcanzar unos valiosos 302 cv.

Un año se tardó en desarrollar este DB4 GT... pero muchísimo menos tiempo tardaron en Aston Martin en darse cuenta que el nuevo modelo tampoco podía enfrentarse a los rápidos coches italianos. Los ingenieros de Ferrari tampoco habían perdido el tiempo durante la temporada, dedicándose a trabajar sobre la base del 250 GT. En realidad, también habían concebido la idea de acortar la distancia entre ejes de las berlinetas, para hacerlas más manejables; esta nueva versión recibió el legendario nombre de Ferrari 250 GT SWB (short wheel base). En las 24 Horas de Le Mans de 1960 humillaron a Aston Martin (y al resto de competidores) situando cuatro de estos coches en las cuatro primeras posiciones de la categoría GT.


CON Z DE ZAGATO
La firma británica, que seguía sin arrojar la toalla, buscó ayuda del exterior. El primer paso consistió en enviar los DB4 GT a Milán y dejarlos en manos del prestigioso carrocero Zagato, que había logrado una gran reputación con sus creaciones sobre la base de los Alfa Romeo y Abarth de competición. La consigna era aligerar el peso de la carrocería y mejorar las prestaciones aerodinámicas del gran turismo británico. En la mesa de dibujo del artesano milanés nacía el DB4 GTZ (con Z de Zagato), uno de los coches más hermosos que jamás han salido de sus talleres. No obstante, el grandísimo trabajo desarrollado en la carrocería no se vio recompensado en la pista, y no fue suficiente para conseguir victorias en las carreras más importantes. Aston Martin decidió “cortar por lo sano” y vender los prototipos anglo-italianos a sus equipos privados.

Pero la red de concesionarios de la marca presionó a David Brown para que volviera de nuevo a la competición de forma oficial, puesto que el éxito en las pruebas automovilísticas repercutía directamente en el incremento de las ventas. Ganar carreras era una inmejorable labor de marketing. Brown cedió ante las presiones de los agentes y autorizó la construcción de un nuevo coche. Conscientes de la clara inferioridad frente a los GT de la Scudería, en Aston Martin ya solamente restaba intentar una cosa: ponerse el disfraz de pirata (que tan bien les sienta a los ingleses, históricamente hablando) y decidirse, sin ningún rubor, a copiar los diseños de Ferrari. Para ello iniciaron el enésimo proyecto llamado DP212, más conocido como “project cars”. Podemos considerar que fue el último intento de la fábrica, bajo la autoridad de David Brown y John Wyer, para llevar oficialmente a la firma británica a lo más alto del podium.


NACIMIENTO DEL PROJECT CAR
La marca de il cavallino rampante había impresionado al mundo del automovilismo deportivo presentando su nuevo Ferrari 250 GTO variando, sorprendentemente, todas las cotas de su modelo anterior y superándolo en rendimiento. Por tanto, el desarrollo del Aston Martin se basó en seguir copiando los cambios y posteriores homologaciones que los italianos realizaban sobre su soberbio coche. Así es como nació el DP212, a imagen y semejanza del 250 GTO: frontal de perfil bajo, cuerpo alargado y cola estilo Kamm (la popular “coda tronca”), diseño que ofrecía una buena solución aerodinámica, especialmente a altas velocidades.

En el Aston Martin DP212 se utilizó como base el chasis del DB4 GT, aligerándolo a base de aluminio. La obsoleta suspensión trasera de doble triángulo fue sustituida por un puente De Dion, mucho más avanzado tecnológicamente hablando. El proyecto fue terminado justo a tiempo para su debut en las 24 Horas de Le Mans de 1962, confiando su conducción al gran Graham Hill y a Richie Ginther, piloto de fábrica. El automóvil mostró su buena competitividad, incluso rodó en cabeza de carrera… pero la rotura de un pistón en la séptima hora de la prueba obligó al abandono.

Para el año siguiente Aston Martin inscribió un DB4 GT Zagato, el de los fieles pilotos franceses Jacques Dewes “Franc” y Jean Kerguen, encuadrado en la escudería propiedad de éste último. Por tercera vez consecutiva los pilotos galos se inscribían con su fiel DB4 GTZ de color azul cielo. Intentarían mejorar la novena plaza conseguida en la cita de 1961.


Pero la sorpresa se centró en la presencia de dos DP214 inscritos en la categoría GT y de un novedoso DP215 que debía optar a la victoria final en prototipos. Efectivamente, en Aston Martin habían diseñado un nuevo coche más bajo y ancho que su predecesor, para aumentar la estabilidad a alta velocidad. Ted Cutting concibió un nuevo chasis compuesto de un ensamblaje de tubos cuadrados, profusamente perforados, con dos barreras cortafuegos colocadas en el centro. La posición del motor, un seis cilindros de 3749 cm3, se retrasó 22 cm respecto al DP212, mejorando el reparto de pesos.

El prototipo DP215 era un DP214 equipado con un V8 de 3995 cm3, el fabuloso motor de Aston Martin desarrollado por el ingeniero polaco Tadeusz Marek. Ambos proyectos se parecían exteriormente como dos gotas de agua; solamente se diferenciaban levemente en la caida del capó delantero y en la boca de relleno del aceite del DP215 (los DP214 llevaban el cárter bañado en aceite mientras que el DP215 tenía cárter seco). Finalmente, los DP214 no pasaron las verificaciones específicas de la categoría GT, alegando los comisarios que el tipo de chasis no era el convencional de serie. Los tres Aston Martin presentes acabaron inscritos en la categoría de Prototipos +3000.


LOS DP214 EN LE MANS
Para la carrera, el primer DP214 (dorsal #7) fue confiado a los pilotos Jo Schlesser y Bill Kimberley; el segundo coche (dorsal #8) se puso en manos de Innes Ireland y Bruce McLaren; el tercer automóvil, el proyecto 215  (dorsal #18) que debía servir de liebre, iba pilotado por Phil Hill y Lucien Bianchi. En los ensayos, los project cars fueron muy rápidos, puesto que los tres sobrepasaron los 300 km/h, consiguiendo el DP215 alcanzar los 320 km/h en la larga recta de Les Hunaudières.

Los cronos obtenidos en los entrenamientos fueron lo suficientemente halagüeños como para confiar en un buen resultado: Phil Hill giraba en 3’52”, frente a los 3’50” de la pole position de Pedro Rodríguez y los 3’51” de Ludovico Scarfiotti, a la postre el futuro vencedor junto a Lorenzo Bandini. Estaba claro que, tras la clasificatoria, el DP215 estaba en el grupo de los favoritos y, si Aston Martin gestionaba bien las paradas, podía incluso aspirar a la victoria final.

Al principio de la carrera, los tres proyectos de Aston Martin ilusionaron a los seguidores, sobre todo a los británicos, pues rodaban en cabeza del pelotón. Pero rápidamente la jauría Ferrari tomó la delantera, así como el sorprendente Maserati 151 del francés André Simon, que animó este inicio de la prueba situándose, por unas vueltas, en primera posición. Cuando el DP215 iba clasificado en una alentadora quinta posición, Phil Hill debió abandonar por rotura de un pistón; solamente había completado 29 vueltas y su compañero, el belga Lucien Bianchi, ni siquiera se había subido al coche. En fábrica explicaron que la transmisión había sido diseñada demasiado débil para la potencia del motor y no les faltaba razón...


Caía la noche en La Sarthe y un nuevo problema se cebaba sobre el equipo Aston Martin: al prototipo conducido por Bruce McLaren le estalló el motor en Mulsanne, dejando una fatal mancha de aceite sobre la pista que provocó una serie de trompos. El primero en derrapar sobre el resbaladizo lubricante fue el AC Cobra de Sanderson y seguidamente le llegó el turno a Dewez sobre su DB4 GTZ; no obstante, ambos pudieron continuar. No corrió la misma suerte el Jaguar type E de Roy Salvadori, que debió abandonar en el momento del accidente.

Tras seis horas de carrera ya solamente quedaba un DP214, que durante la noche se dedicó a remontar, pasando del séptimo al tercer puesto de la general y primero en la categoría GT. Hubiera sido un excelente resultado para Aston Martin de acabar así, pero Le Mans es una dura prueba de resistencia para los hombres y para las máquinas. La esperanza de obtener una meritoria clasificación se perdió definitivamente mientras transcurría la décima hora de carrera. El tercer y último prototipo inscrito por la firma inglesa debió retirarse debido a la rotura de una biela.

A finales de 1963, John Wyer dejó Aston Martin para formar parte del programa Ford GT40, al que llevó al éxito que todos conocemos. Por supuesto, le costó muchísimo dejar Aston Martin, pero David Brown ya no tenía las mismas ganas de continuar en las carreras, hastiado por tantas adversidades, por tantos fracasos... Ya no le ponía todo el corazón y John Wyer enseguida lo comprendió…


Montaje de los kits: Enric Roca.
Maquetas: Mikel de Iberslot http://iberslot.blogspot.com.es/
Muchas gracias a ambos.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

miércoles, 6 de junio de 2012

Roy Salvadori nos ha dejado...



El 21 de junio de 1959, Carroll Shelby y Roy Salvadori ganaron las 24 Horas de Le Mans al volante de su Aston Martin DBR1#5 tras cubrir 323 vueltas al circuito galo de La Sarthe. Un mes después de la desaparición de Carroll Shelby, le ha llegado el turno a Roy Salvadori a la edad de 90 años.

Nacido en Inglaterra, de padres italianos, Roy Salvadori hizo su debut en competición en 1952. Con 30 años recién cumplidos, tomó el volante de un Ferrari 500 privado para competir en el GP de Gran Bretaña, donde terminó octavo. En los años siguientes fue cambiando de equipo constantemente, pasando por Connaught, por Gilby Engineering con un Maserati 250F, por Owen Racing con un BRM P25 o por Vandervell Products con un Vanwall VW5.


Habría que esperar que Roy Salvadori integrara el equipo Cooper Car Company en 1958 para verlo subir por fin a un podio. Pilotando los Cooper T43 y T45 propulsados por un Coventry-Climax, el piloto británico terminó el Gran Premio de Alemania en el segundo escalón del podio y el Gran Premio de Gran Bretaña en la tercera posición.

Firmó la mejor temporada de su carrera terminando en cuarta posición en la clasificación general del  campeonato, tras Mike Hawthorn, Stirling Moss y Tony Brooks.


El piloto británico tampoco pudo resistirse al circuito de Le Mans, participando en la más famosa de las carreras de resistencia. Se impuso en su primera aparición en 1959. Al año siguiente, terminó en tercer lugar junto a Jim Clark, para posteriormente abandonar en tres ediciones consecutivas.

En su última temporada oficial en 1962, Salvadori pilotó un Lola del equipo Bowmaker, automóvil que no llegó a pisar la línea de meta durante toda la temporada. A continuación, lo llamaron para conducir en competiciones no oficiales, como en 1963, cuando subió al podio del Tourist Trophy.


En 1965, puso fin a su carrera deportiva y en 1966 pasó a ser el manager deportivo de la escudería Cooper. Al término de una carrera de diez años, tomó la salida en 46 Grandes Premios de Fórmula 1, subiendo dos veces al podio (terminando segundo en el mejor) y acumulando 19 puntos.

Roy Salvadori se nos fue el domingo 3 de junio de 2012 a la edad de 90 años.


Info: Motorlegend.com

Para evocar la memoria de estos dos pilotos he elegido entre los coches de mi colección este fantástico Aston Martin DBR1 ganador de las 24 Horas de Le Mans de 1959. A los mandos los pilotos recién fallecidos. Se trata de una miniatura reproducida en resina (ref. 003) de la marca francesa MMK, fotografíada sobre una maqueta de mi amigo Mikel (Iberslot). La figura es de Verlinden.

Espero que os haya gustado.


martes, 13 de diciembre de 2011

ASTON MARTIN DBR1, un año antes de conseguir la gloria.



Recibimos la grata noticia de que Proto Slot Kit (PSK) sacaba al mercado de las resinas el mítico Aston Martin DBR1 (ref. CB062). El dueño de la marca de miniaturas, el artesano francés Chris Déco, afincado en Le Val France, se ha inclinado en esta entrega por el equipo que participó en las 24 Horas de Le Mans, en la edición de 1958.

No es ni mucho menos la versión más exitosa de los DBR1, pues ninguno de los tres coches participantes logró acabar la carrera de ese año. Aston Martin no logró auparse a lo más alto del podium hasta 1959; en este aspecto la marca MMK Productions se adelantó a todas las demás versionando, ya hace unos cuantos años, el Aston Martin DBR1 vencedor dicho año (ref. MMK03).


Pero centrémonos en el modelo de PSK. Estas resinas las adquirimos en la tienda online Casa Slot Racing www.casaslotracing.com dirigida por monsieur Jordy, una persona extraordinaria que nos trató excepcionalmente con su característico español con acento francés. Los tres kits solicitados llegaron a casa con gran rapidez. Optamos por los pre-pintados (KPP) pues ya habíamos comprobado que el acabado final de pintura es una garantía de la marca, ahorrándonos “el dolor de cabeza” de buscar y encontrar en el mercado el color adecuado.

Con los tres kits pudimos completar el equipo de David Brown que la fábrica Aston Martin inscribió en las 24 Horas de Le Mans de 1958. Los tres DBR1 iban pilotados por Stirling Moss/Jack Brabham (#2), Tony Brooks/Maurice Trintignat (#3) y Roy Salvadori/Stuart Lewis Evans (#4). Como hemos comentado, resultado nefasto para el equipo, saldado con tres abandonos.


Estos coches pertenecen a ese periodo de la historia del automovilismo donde las carreras eran consideradas un deporte en el que primaba el esfuerzo individual de los pilotos. Éstos eran amateurs, semi-profesionales o pilotos de fábrica y con ellos descubrimos esta gloriosa época en la que lo importante era la carrera en sí. Las actuales presentaciones mediáticas y comerciales, tan normales hoy en día, eran inconcebibles en esa época.

Para enfocar la temporada de 1958 John Wyer, director deportivo de Aston Martin, propuso para las carreras de resistencia una estrategia basada en una política minimalista que consistía en homogeneizar la naturaleza de los vehículos participantes. Es decir, planteó un adios a la participación de diferentes modelos de la misma marca y abogó por el DBR1/300 como punta de lanza de la misma. David Brown, no sin oponer una cierta resistencia, acabó por aceptar la astuta táctica de Wyer.


La temporada comenzó en Alemania, con los 1000 km de Nürburgring. Este circuito era considerado prácticamente un coto de caza particular de Aston Martin, pues hasta ese momento sus resultados históricos eran espectaculares. Este año no fue diferente y la pareja formada por Stirling Moss y Jack Brabham obtuvo una nueva victoria.

Tres semanas después del éxito deportivo en tierras alemanas, Aston Martin puso toda la carne en el asador para participar e intentar vencer en la más famosa de las carreras de resistencia: las 24 Horas de Le Mans. Esta vez estaba permitida toda esperanza, pues la firma de Felham deseaba, esperaba y debía ganar la célebre prueba francesa. Para tal acontecimiento desplazó a tierras galas un equipo oficial compuesto por tres DBR1, nuestros protagonistas.


Desde el principio de la carrera, Stirling Moss, como en él era habitual, partió en cabeza del grupo, imprimiendo una media por vuelta que hacía apretar los dientes a sus perseguidores. Los primeros en sufrir las consecuencias fueron los Jaguar type D de la Ecurie Ecosse, que debieron abandonar demasiado pronto al quemar sus pistones: para cumplir con el nuevo reglamento del ACO (Automobile Club de l’Ouest) que limitaba la cilindrada a 3 litros, los motores Jaguar fueron modificados, rebajando su cilindrada de 3,8 a 3 litros (2987 cm3)... el resultado fue, a la vista de lo acontecido, totalmente nefasto para la famosas escudería escocesa.

Stirling Moss que cada vez giraba más rápido, fue víctima de una ligera salida de pista precisamente en la famosa curva de Mulsanne; el Aston Martin #2 se vio obligado a abandonar a la vuelta siguiente, en el mismo sitio, por culpa de la rotura del cigüeñal. Instantes después apareció la insistente lluvia que suele salpicar cada año el circuito de la Sarthe, causando un enorme caos en boxes, pues coincidió con el momento que escogieron los equipos para el reabastecimiento de combustible… afortunadamente, a pesar del desconcierto, no hubo que lamentar ningún suceso que revistiera cierta gravedad.

Olivier Gendebien, con el Ferrari TR58, ya había tomado la cabeza de la prueba, mientras que Aston Martin mantenía la tercera y la cuarta plaza con Maurice Trintignant y Roy Salvadori al volante.


Transcurría la cuarta hora de carrera cuando el británico Lewis Evans, compañero de Salvadori, perdió el control de su coche. Como resultado del accidente, se produjo el forzoso abandono del segundo vehículo del equipo, el que portaba el dorsal #4. No quedaba más que un Aston Martin de fábrica, manteniendo la calma en una cómoda cuarta plaza, al acecho de los numerosos acontecimientos que sufría la carrera.

La lluvia no dejaba de caer en el circuito francés, transformando la pista en una superficie totalmente resbaladiza en la que, desgraciadamente, hubo que lamentar un terrible suceso: el fallecimiento del piloto francés apodado “Mary” (Jean-Marie Brussin) a los mandos de un Jaguar type D. La luz ya era escasa pues estaba cayendo la noche y  se salió de la pista al pasar bajo el puente Dunlop: fue despedido de su coche, golpeándose mortalmente contra un muro de protección. La prueba se puso muy difícil por culpa del peligroso firme, provocando un sinfín de colisiones.


A media carrera, la clasificación se encontraba así: en cabeza, con 153 vueltas, el Ferrari de Gendebien/Hill seguido por el Jaguar de Hamilton (siempre pilotando muy cómodo bajo la lluvia) y por Brooks/Trintignant con Aston Martin; mientras que, como surgido de la nada y aprovechando los numerosos abandonos, se perfilaba el Aston Martin DB3S privado de los hermanos Whitehead (que en realidad eran hermanastros) en la quinta plaza, con 144 vueltas a nueve de los líderes.

La parada en boxes de Brooks/Trintignant deparó una mala noticia para el equipo oficial de David Brown, ya que el DBR1 #3 de fábrica llegaba con la transmisión rota. Un golpe duro para la firma británica, pues hasta ese momento (decimoquinta hora de carrera) iban situados en el trío de cabeza. Nuestros tres coches protagonistas ya habían abandonado la carrera.


El siguiente piloto en sufrir las inclemencias del tiempo fue Duncan Hamilton, a pesar de su gran habilidad para pilotar en condiciones de mojado: la lluvia volvió a aparecer sobre Le Mans cuando se aproximaba el fin de la carrera y el piloto británico, a los mandos de su Jaguar type D, se salió en Arnage al querer evitar la colisión con un Panhard parado en medio de la pista. En el accidente ocurrido en esta curva siempre tan resbaladiza, se fracturó las piernas y debió ser hospitalizado.

Olivier Gendebien, que sabía que tenía el triunfo en el bolsillo, ralentizó su velocidad, para cuidar la mecánica de su Testarossa. Problemas de frenos en el 718 RSK de Jean Behra le hicieron perder una posición al piloto de Porsche, otorgando una inesperada segunda plaza a Graham y Peter, los hermanos Whitehead.


De este modo, el venerable Aston Martin DB3S con el número de matrícula 62EMU y en manos de un equipo privado, escribió una de las grandes páginas de Aston Martin en la historia de la carrera automovilística, obteniendo una segunda posición, contra viento y marea, con un coche con una potencia muy inferior a la del Ferrari ganador y dotado de un  motor cuya concepción se remontaba a antes de la guerra.

La célebre frase “Todo está perdido, salvo el honor” resonó con fuerza en los oídos de John Wyer y David Brown…

Por último, os quisiera enseñar la foto en la que se aprecia el diorama donde últimamente hago mis reportajes fotográficos: un trozo de recta, de corte clásico, que recuerda con perfección el aspecto que podían tener los circuitos de entonces. Obra de Iberslot, al que le estoy muy agradecido.