Ferrari 250 TR/58.
#14 Olivier Gendebien (B) y Phil Hill (USA).
Scuderia Ferrari (I).
XXVI Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1958.
S 3000 = Sportscars 2001 - 3000 cc
Winner, 1st general, 305 vueltas, 4.101,926 km.
Ref. GM001 de PSK-Ghostmodels.
Kit resina prepintada montado por Enric Roca (Joeslot).
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).
El Commendatore decidió que corriera con Phil Hill las 24 Horas de Le Mans de 1958. Hay tanto que decir de estas 24 horas: me siento abrumado por todos los recuerdos, desbordado por todas las informaciones que yo quisiera dar. Quizás lo mejor sea reproducir el resumen que la prensa dio de esta carrera. Me fio más de ella que de mi memoria… puesto que al volante se vive al instante y uno es incapaz de tomar con perspectiva el acontecimiento.
Primera hora: primer paso por meta con Stirling Moss (Aston Martin) en cabeza; en la décima vuelta bate el record de la pista.
Segunda hora: estalla una tormenta, muy violenta, y la lluvia inunda el circuito.
Tercera hora: las posiciones se modifican y tomamos la cabeza por delante de von Trips (Ferrari), Brooks (Aston Martin) y Hawthorn (Ferrari).
Cuarta hora: la pista, que está muy deslizante, provoca una serie de accidentes (un herido); Bianchi-Mairesse (Ferrari) abandonan por una salida en Mulsanne; quedan 43 participantes de 55.
Quinta hora: redobla la lluvia, nuevos errores.
Sexta hora: seguimos siempre en cabeza; un accidente provoca la muerte de Mary (Jean-Marie Brussin).
Séptima hora: 39 coches en carrera.
Octava hora: Bueb (Jaguar) pasa en cabeza, pero no le concedemos más que unos metros antes de retomar el mando; sin embargo enseguida volvemos a perder la primera plaza.
Novena hora: Bueb rueda por delante, seguido de von Trips; recuperamos el retraso y retomamos el primer puesto; en la 104ª vuelta llevamos treinta y cinco segundos de ventaja.
Décima hora: 29 coches en carrera; ahora ya son diez minutos y medio de ventaja sobre Bueb.
Undécima hora: las posiciones no cambian.
Duodécima hora: estamos en cabeza; nuevos abandonos: quedan 26 coches.
Decimotercera hora: llevamos una vuelta de ventaja sobre el segundo; 32 abandonos.
Decimocuarta hora: Trintignant (Aston Martin) abandona; Behra (Porsche) se coloca tercero.
Decimoquinta y decimosexta hora: ritmo sostenido, nada a señalar.
Decimoséptima hora: la lluvia, que había parado, vuelve a caer; Behra, obligado a un ajuste de frenos, pierde la tercera plaza.
Decimoctava hora: nueva parada de Behra que pierde dos vueltas; Bueb recupera algunos segundos; sintiendo el peligro, aceleramos.
Decimonovena hora: el Jaguar de Bueb se sale de la pista; llevamos diez vueltas sobre los nuevos segundos, los hermanos Whitehead (Aston Martin).
Vigésima hora: pocos cambios.
Vigesimoprimera hora: al ser líderes, ahora con bastante holgura, repostamos con menos nerviosismo.
Vigesimosegunda hora: no empujamos más de lo necesario.
Vigesimotercera hora: Behra le quita la tercera posición a Paul Frère (Porsche); sigue lloviendo.
Vigesimocuarta hora: nos mantenemos, “simple formalidad”.
Pasamos la línea de meta. Es la primera vez que un belga obtiene las 24 Horas de Le Mans. ¡Casi no me lo creo! Pero no, rectifico inmediatamente: Phil Hill y yo conseguimos Le Mans 1958, porque es nuestro equipo, nuestras cualidades unidas y nuestra unión lo que gana. Y esto merece algunas explicaciones.
Conocía a Phil Hill desde los 1.000 km de Buenos Aires que corrimos juntos. Inmediatamente me cayó simpático este ciudadano de Santa Mónica (California), atleta completo, rostro franco, generalmente poco locuaz, apasionado de la música y de los coches clásicos. Desde Buenos Aires aprecié la integridad con la que conducía.
Por esto entiendo que, durante los entrenamientos, los dos copilotos están casi siempre obligados a llevar una estrategia común. Se trata luego de respetarla y no siempre es fácil al querer dar espectáculo o hacer tu “número” personal. Así, en 1958, Phil Hill y yo, durante los entrenamientos, pudimos llegar a una conclusión: alcanzar el régimen máximo del motor que pudiéramos mantener durante veinticuatro horas. Y bien, ni el uno ni el otro lo sobrepasamos nunca, ayudados, es preciso decirlo, por un modo de conducir bastante parecido: a igual régimen hacíamos los mismos tiempos.
Una última apreciación: la última hora, yendo en cabeza, es en realidad algo más que una simple formalidad… Cuando se ocupa la primera posición y ningún contrincante te sigue ni te obliga a sostener una velocidad, es necesario, paradójicamente, redoblar la atención. Hay que luchar contra ti mismo, contra la más mínima tentación de relajación, contra toda falta de atención.
¡Y sin embargo qué monotonía vuelta tras vuelta repitiendo minuciosamente las mismas maniobras! Y la angustia de la última hora, cuando todo lo que se necesita es un pequeño error, un pequeño fallo mecánico para perder en un instante lo que se ha tardado horas y horas en conquistar.
En Le Mans, en 1958, todo está bien cuando acaba bien, con ramos, champán, abrazos y felicitaciones. Sin embargo, confieso que no me detengo en este tipo de manifestaciones. Pienso en el día siguiente, en el sueño que es sagrado para mí, en mi equilibrio. Un periodista escribió que no soy un piloto brillante y que conquisté mis victorias después de haber estudiado bien mi trabajo. Por una vez, estoy de acuerdo con la prensa…
Extracto del libro “Quatre fois vainqueur au Mans” de Olivier Gendebien (traducido por Àlex Aguilar).
La miniatura.
En slot, la miniatura reproduce el Ferrari 250 TR/58, vencedor absoluto en las 24 Horas de Le Mans con Olivier Gendebien y Phil Hill. La pieza corresponde a la primera referencia de Ghostmodels, integrada dentro de una serie especial de Proto Slot Kit (PSK), lo que le confiere un interés añadido desde el punto de vista coleccionista.
El modelo lo compré en forma de kit en resina, con la carrocería prepintada de origen, y fue posteriormente montado, ajustado y mecanizado por Enric Roca (Joeslot), siguiendo criterios de fidelidad histórica.





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