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martes, 21 de abril de 2026

Los dos primeros Le Mans de Fly Car Models.


Dodge Viper R/T 10 #40.
René Arnoux (F), Justin Bell (GB) y Bertrand Balas (F).
Rent-a-Car Racing Team (F).
LXII Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1994.
GT1 = Le Mans GT1 / Grand Touring 1.
12th, 3rd GT1, 274 vueltas.
Ref. A3 de Fly Car Models.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

Dodge Viper R/T 10 #41.
François Migault (F), Denis Morin (F) y Philippe Gache (F).
Rent-a-Car Racing Team (F).
LXII Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1994.
GT1 = Le Mans GT1 / Grand Touring 1.
19th, NC (Not Classified), 225 vueltas.
Ref. A4 de Fly Car Models.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

Las miniaturas.
Fly Car Models, la extinta marca madrileña de slot, escogió como primer modelo de su producción el Dodge Viper GTS-R, un vehículo de resistencia de la categoría Gran Turismo. Estos coches en su momento gozaban de una gran acogida, con permiso de la Fórmula 1 y del Mundial de Rallyes.

Las dos primeras versiones aparecidas se correspondían con las 24 Horas de Daytona de 1996. Una unidad era de color blanco con franjas longitudinales verdes y la otra azul con las franjas en blanco. Pero las decoraciones que me interesaban adquirir, las que coincidían con mi criterio de colección, fueron las dos siguientes, las que participaron en las 24 Horas de Le Mans de 1994.


Estos dos Dodge Viper reales, que iban decorados en unos espectaculares y exagerados colores, en naranja y amarillo, no se denominaban GTS-R, sino que eran los RT/10 de la primera serie preparados para la competición. Los acabados fosforescentes de los coches reales eran imposibles de aplicar en el plástico y se decidió por parte de Fly, con muy buen criterio, sustituirlos por unos colores chillones que no desentonaban para nada con los originales.

Recuerdo perfectamente el impacto que me causaron cuando los tuve en las manos, recién comprados. Los acabados eran excelentes, con unas carrocerías impecables y decoradas con tampografía que les daban mil vueltas a las carrocerías en plástico inyectado decoradas con adhesivos. Los coches de Fly gozaban de un nivel muy superior a lo visto hasta la fecha, por ejemplo, con entradas de aire no simuladas, sino troqueladas en el propio plástico que le daban una idea de realismo total. Por no hablar de otros detalles como pilotos de cuerpo entero, tapones de gasolina, limpias, tubos de escape, etc… que acababan por convertir nuestros cochecitos de slot en las maquetas rodantes que tanto habíamos ansiado. Y los aficionados que nos dedicamos al coleccionismo podíamos adquirir auténticas piezas para nuestras vitrinas.


Pero las novedades no se quedaron solamente en la decoración de la carrocería pues mecánicamente también se aplicaron métodos “revolucionarios”. El alojamiento del motor se situó en la parte delantera, sobre el eje, tal como lo llevaba el Dodge Viper real. Como la tracción era trasera, del motor salía un largo eje de transmisión que terminaba en un piñón que se engranaba a la corona del eje trasero. El eje delantero en lugar de ser completo se dividió en dos semiejes. Las llantas también merecen todos los elogios, pues lucían espectaculares, con su diseño BBS. Calzaban neumáticos tipo slick de gran agarre dotados de unas muescas para controlar el desgaste. Finalmente, el potente imán de neodimio, situado cerca del eje de tracción, convirtió las prestaciones del modelo en extraordinarias.

Dodge Viper RT/10.
El Dodge Viper RT/10 (SR I) es de la primera generación de este icónico deportivo estadounidense, un descapotable de dos plazas dotado de un motor V10 central delantero creado para competir contra otros “purasangre” estadounidenses, en especial frente al Chevrolet Corvette. El prototipo fue presentado en el Salón del Automóvil de Detroit de 1989. Fue tan positiva su acogida que recibió luz verde para pasar a la producción en serie de inmediato. Se concibió como una imagen histórica del automóvil deportivo estadounidense. En su primer año de producción (1992), se produjeron 300 unidades, pasando a 3.000 de cadencia anual.

Las unidades de esta primera generación se concibieron como un ejercicio de minimalismo mecánico. Se desechó la idea de dotarle de elementos como ventanillas practicables (eran de vinilo e iban fijadas con una cremallera), cerraduras y manijas en las puertas, ayudas de conducción, asientos con regulación eléctrico o un equipo de sonido (dicho equipo lo conformaban los atronadores tubos de escape situados bajo las puertas), más acorde con el concepto de un deportivo de lujo. Todo se centraba en la conducción pura y dura.

Para los curiosos las siglas RT/10 significan “Road” (R) “Track” (T) y el 10 es el número de cilindros de su motor. Los ingenieros que participaron en su concepción y desarrollo procedían del mundo de la competición, utilizando elementos como un chasis tubular, suspensiones de triángulos superpuestos y unos inmensos discos de freno ventilados (algo inusual en los coches americanos).

Hablando de su poderoso motor, es interesante comentar su origen. Chrysler no contaba en su banco de motores con más que un vetusto V8 de 200 CV, así que miraron en su división de vehículos pesados y eligieron, para presentar su concept car, un súper veterano bloque V10 construido en fundición de hierro, dotado de un único árbol de levas en cabeza y dos válvulas por cilindro. Tecnología “punta”.

El propulsor del primer prototipo (VM01) rendía 300 CV de potencia y 610 Nm de par. El Viper de producción iría dotado finalmente de un bloque de aluminio desarrollado por Lamborghini (que partía del V8 de fundición de la casa), marca que, por entonces, pertenecía a la corporación Chrysler. Se le añadieron dos cilindros más, y se consiguió un monstruoso par motor de 511 Nm a 3.600 rpm y 406 CV. Apenas tenían elementos en común un motor al otro, y se adoptó el aluminio como material de fabricación por una razón de ahorro de peso (aun así, pesaba 300 kg). Para continuar en esta línea de adelgazamiento, se fabricó un ligero chasis tubular de acero envuelto en una voluptuosa carrocería de fibra de vidrio. Formas limpias y sencillas que casaban con el estilo de los 90.

La segunda serie (SR II), no era una generación al uso, sino una actualización de la primera. Salió al mercado en 1996 y entre otros cambios experimentados teníamos un reposicionamiento de las salidas de escape, en forma de una línea doble situada debajo del parachoques trasero. También se mejoró la sonoridad interior, se elevó la potencia hasta los 420 CV, se sustituyeron las ventanillas de polivinilo por otras practicables de cristal y un techo duro desmontable.

En la primavera del mismo año se presentó el Dodge Viper GTS, con un 90% de componentes nuevos respecto al RT/10. Se le instaló un techo de doble burbuja, cierre centralizado y elevalunas eléctricos, airbags, radio con reproductor de CD y seis altavoces y unos nuevos asientos con los cinturones de seguridad incorporados. El motor se potenció hasta los 450 CV.

El primer Viper en Le Mans.
En 1993, el conocido periodista francés de deportes del motor y propietario del equipo de carreras Gilles Gaignault fue una de las primeras personas en darse cuenta del potencial de carreras del Dodge Viper, inscribiendo dos Dodge Viper RT/10 en la carrera de las 24 horas de Le Mans. Fueron los dos primeros Viper que entraron en la Sarthe. Y sin el apoyo del grupo Chrysler.

En ese momento, el grupo Chrysler no tenía ninguna intención de inscribirlos con su nombre y Gaignault tuvo que atraer el patrocinio de "Rent a Car" y de otros sponsors menores. Se desplazó hasta Lieja (Bélgica) y contrató al legendario Luigi Cimarosti de "Luigi Racing" para supervisar la preparación de los coches. Se enfrentó a la ambiciosa tarea de convertir dos autos de carretera estándar a las especificaciones completas de carrera de Le Mans en un período de 6 meses. El plazo era corto, pero ambos autos se terminaron justo a tiempo.

Cuando los dos autos se presentaron en el “Pesage” en 1994, fue amor a primera vista entre estos coches, el público y los medios de comunicación. Hay que decir que las líneas del coche y sus colores fluorescentes amarillo y naranja no dejaban piedra sin remover. La mayoría de las personas que asistieron a la carrera nunca habían visto un Viper y los autos causaron una gran atención debido a sus extravagantes colores. Radio Le Mans pronto los denominó "L'Orange" y "Le Canarie".

“L’Orange” fue pilotado por René Arnoux, Justin Bell y Bertrand Balas. Realizaron una excepcioinal carrera. Los 140.000 aficionados que se dieron cita en el circuito vieron como este GT cruzaba la meta en una excelente 12ª plaza, 3º de su categoría. Solamente fue superado por los dos Dauer Porsche semi-oficiales, dos auténticos lobos (Porsche 962) con piel de cordero (GT), disfraz consentido por la FIA.

"Le Canarie" fue conducido por Francois Migault, Denis Morin y Philippe Gache, quienes libraron una batalla épica para terminar en el puesto 19º. En la clasificación aparece como NC (no clasificado) porque no llegó a completar el 70% de la distancia cubierta por el ganador. Después de la carrera de Le Mans, "Le Canarie" sólo se modificó ligeramente para participar en las populares Series BPR, corriendo en China, Brasil, Nogaro y Brands Hatch. Al final de la temporada 1996, el coche se retiró.

Tras el éxito de los coches en Le Mans, Chrysler Corporation se dio cuenta de que el concepto Viper era un potencial ganador de su clase. Desarrollaron el GTS-R a través del equipo francés Oreca, volviendo oficialmente a Le Mans. Especialmente diseñado para las carreras de resistencia de la categoría GT, el coche obtuvo múltiples títulos en todos los campeonatos existentes, incluidas tres victorias en GT1 en las 24 Horas de Le Mans (1998, 1999, 2000). Sin duda, uno de los GT más importantes, icónicos y poderosos en ese momento.

En 2003, los actuales propietarios holandeses localizaron el Viper amarillo fluorescente en una colección privada belga y compraron el automóvil en presencia de Luigi Cimarosti. Se le pidió al propio Luigi que se encargara de la nueva puesta en marcha del automóvil. Desde entonces se ha mantenido en buenas condiciones. El motor está a punto y las tomas de aire y todos los demás sistemas están en condiciones de funcionamiento.

jueves, 12 de noviembre de 2009

FERRARI 333 SP de Scalextric Altaya modificado por Juanjo.


Ferrari 333 SP #1.
Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1995.

Inscrito por: Euromotorsport Racing Inc. (I).
Pilotos: Massimo Sigala (I), Jay Cochran (USA) y René Arnoux (F).
Categoría: Prototypes WSC / World Sports Cars.
Resultado: 47th, Ab, abandono (encendido), 1ª hora, 7 vueltas.

Miniatura: base Scalextric Altaya.
Fabricación: S&B de Juanjo Castellanos.
Colección: Slot 132 de Mulsanne Stone.


Esta entrada se la quiero dedicar a mi buen amigo Juanjo Castellanos, autor de la realización de esta miniatura allá por 2009. Partiendo de un simple Altaya, Juanjo consiguió transformarla en una pieza artesanal que guardo en mi colección con un especial cariño. Pero antes de hablar de ella, vamos a ocuparnos del coche que representa: el Ferrari 333 SP que participó en las 24 Horas de Le Mans de 1995.

El 333 SP fue una iniciativa del empresario italiano Gianpiero Moretti, fundador de MOMO y un apasionado de la competición. Moretti llevaba tiempo interesado en que Ferrari regresara a las carreras de resistencia con un prototipo. Su proyecto recibió el apoyo de Piero Ferrari y de Luca di Montezemolo, que habían vuelto a ocupar posiciones relevantes en la estructura de Maranello. La idea era construir un coche destinado a los equipos privados que pudiese competir tanto en Estados Unidos como en Europa.

El diseño del prototipo se desarrolló en Italia, con la participación de Dallara y Michelotto, y se concibió inicialmente para las reglamentaciones de la IMSA estadounidense. El resultado fue un sport-prototipo abierto, con monocasco de fibra de carbono, motor central y una carrocería de líneas bastante limpias. El coche tenía una configuración muy diferente de la de los Ferrari de resistencia de los años sesenta y setenta, pero conservaba una característica que siempre había distinguido a los prototipos de Maranello: un motor de doce cilindros.

El nombre 333 SP hacía referencia a la cilindrada unitaria del propulsor. Cada uno de sus doce cilindros tenía aproximadamente 333 cm³, lo que daba una cilindrada total cercana a los cuatro litros. El motor era el Ferrari F310E, un V12 atmosférico de 3.997 cm³, con cinco válvulas por cilindro e inyección electrónica Weber-Marelli. Derivado de la experiencia de Ferrari en la Fórmula 1, llegaba a desarrollar alrededor de 600 CV en configuración de competición.


No se trataba, sin embargo, de un motor de Fórmula 1 instalado sin más en un chasis de resistencia. El propulsor tuvo que adaptarse a las exigencias de las carreras de larga duración y a los reglamentos de la IMSA, que establecían determinadas limitaciones de régimen. El 333 SP se convirtió así en una combinación bastante particular: un chasis ligero y relativamente sencillo, unido a un V12 de altas prestaciones.

Su debut en competición tuvo lugar en Estados Unidos en 1994. El proyecto comenzó con cierta prudencia, ya que Ferrari no asumió un programa oficial de resistencia. La responsabilidad de poner los coches en pista recayó en equipos privados, entre ellos Euromotorsport Racing y, posteriormente, la estructura de Gianpiero Moretti.

En 1995, el Ferrari 333 SP llegó por primera vez a las 24 Horas de Le Mans. Su presencia tenía un significado especial: Ferrari regresaba a la categoría de prototipos de La Sarthe después de muchos años de ausencia. El último Ferrari de fábrica que había competido en la categoría superior lo había hecho a principios de los años setenta, aunque posteriormente hubo alguna participación privada de prototipos de la marca.

El coche inscrito en 1995 fue el dorsal #1 de Euromotorsport Racing, con René Arnoux, Jay Cochran y Massimo Sigala como pilotos. La unidad correspondía al chasis número 002 y estaba equipada con neumáticos Goodyear.


La categoría en la que participaba era la WSC, creada en el marco de las reglamentaciones estadounidenses de prototipos deportivos. A diferencia de los prototipos cerrados de otras épocas, los WSC eran coches descubiertos y utilizaban motores derivados de unidades de producción o de arquitecturas autorizadas por el reglamento. En Le Mans, estos coches competían en un escenario distinto al de las carreras IMSA, por lo que debían adaptarse a las exigencias específicas de la prueba francesa.

La edición de 1995 reunió una parrilla bastante heterogénea. En la categoría WSC había prototipos como los Courage C41 con motor Chevrolet, un Courage C34 equipado con un propulsor Porsche de seis cilindros bóxer, dos Kremer K8, el Kudzu DG3 con motor rotativo Mazda y el Ferrari 333 SP de Euromotorsport.
La presencia del Ferrari despertó mucha expectación. No todos los días se podía ver un prototipo de Maranello en Le Mans, y menos aún después de tantos años de ausencia. Sin embargo, el coche llegaba a Francia sin el respaldo de un programa oficial de Ferrari y con una experiencia todavía limitada en carreras de 24 horas.

Los entrenamientos tampoco fueron sencillos. El Ferrari tuvo que adaptarse a las particularidades del reglamento francés y a las exigencias de los comisarios técnicos, especialmente en lo relacionado con el limitador de régimen del motor. El equipo terminó clasificando el coche en la decimoséptima posición, con un tiempo de 4:00.070.

A pesar de todo, el 333 SP demostró desde el principio que tenía velocidad. El coche llegó a situarse en la tercera posición absoluta durante las primeras vueltas de la carrera, algo especialmente llamativo teniendo en cuenta la falta de experiencia del proyecto en La Sarthe.


Pero la alegría duró poco. Después de completar solamente siete vueltas, el Ferrari tuvo que abandonar por una avería del motor. La información disponible sobre el incidente apunta a un problema en el sistema de encendido, relacionado con el captador del volante motor, que dejó al propulsor sin posibilidad de seguir funcionando. El coche quedó fuera de carrera durante la tercera hora, cuando apenas había recorrido unos 95 kilómetros.

El debut del 333 SP en Le Mans terminó así de forma prematura. No obstante, el Ferrari había dejado una impresión positiva por sus prestaciones y, sobre todo, había servido para anunciar el regreso de la marca a los prototipos de resistencia.

En los años siguientes, el 333 SP evolucionaría de forma importante. La llegada del ingeniero Tony Southgate al desarrollo del coche permitió introducir mejoras en la aerodinámica y en otros apartados técnicos, especialmente pensando en su participación en Le Mans. El Ferrari se convirtió entonces en un prototipo mucho más competitivo y fiable.

Los resultados no tardaron en llegar. En 1997, Gianpiero Moretti, Didier Theys y Max Papis llevaron uno de los 333 SP hasta la sexta posición absoluta en las 24 Horas de Le Mans, el mejor resultado de un Ferrari de este modelo en la prueba. Un año después, el coche de Doyle-Risi Racing terminó octavo y consiguió la victoria en la categoría LMP1.

El 333 SP no llegó a ganar la clasificación absoluta de Le Mans, pero sí se convirtió en uno de los protagonistas de la resistencia internacional durante la segunda mitad de los años noventa. Su motor V12, su característica carrocería abierta y el sonido inconfundible de Ferrari hicieron que se ganara rápidamente un lugar entre los prototipos más recordados de aquella época.

En 1995, sin embargo, todo estaba por empezar. El coche de Euromotorsport había llegado a La Sarthe con la ilusión de recuperar para Ferrari un espacio que llevaba muchos años vacío. La avería de las primeras vueltas frustró el intento, pero el proyecto tenía suficiente potencial como para seguir adelante.


Y ahora vamos con la miniatura. Como comentaba al principio, esta reproducción tiene para mí un valor especial porque fue realizada por Juanjo Castellanos en 2009; los amigos lo llamamos Mikius en los foros. Partiendo de un Altaya, llevó a cabo una transformación profunda de la carrocería y de numerosos elementos del modelo. Lo presentó en el foro de Slotadictos. Estas fueron sus palabras:

"El coche de slot parte de una carrocería Altaya, las calcas han sido sacadas del antiguo foro de los "chapus", impresas en hojas de A2M con impresora de inyección de tinta, pintura Tamiya a spray y bote con pincel en algunas zonas, barniz e imprimación de Vallejo".

Las modificaciones son numerosas. Las llantas son completamente artesanales, hechas a mano, y los retrovisores fueron rediseñados para ajustarlos a los del coche original. También se redimensionaron las tomas de aire laterales y se detallaron los relojes del salpicadero. El vidrio de los faros delanteros fue rebajado, pulido y abrillantado, y se añadieron las vigas del soporte del alerón.
Toda la zona trasera es de nueva factura, incluidos los escapes, los pilotos y otros elementos de la carrocería. También se incorporaron los cristales protectores situados a ambos lados del puesto de conducción.

El casco del piloto se pintó siguiendo el diseño del que utilizaba el italiano Massimo Sigala, uno de los tres pilotos del Ferrari en Le Mans. Las calcas se realizaron sobre hojas de A2M con impresora de inyección de tinta. Para la pintura se utilizaron productos Tamiya, tanto en spray como aplicados con pincel en determinadas zonas, además de imprimación y barniz de Vallejo.


El resultado es una pieza artesanal que conserva el aspecto general del 333 SP, pero que incorpora una cantidad de trabajo manual considerable. Y eso es, precisamente, lo que hace que esta miniatura tenga un valor especial dentro de mi colección: detrás de ella hay muchas horas de trabajo de un amigo y una historia compartida que va más allá del propio coche.