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jueves, 29 de enero de 2026

Porsche 936 (1976): el coche que devolvió a Stuttgart el control de Le Mans.


Porsche 936.
#20 Jacky Ickx (B) y Gijs van Lennep (NL).
Martini Racing System Porsche (D).
S 3000 = Grupo 6 / Sport 2001 - 3.000 cc.
1st general, winner, 350 vueltas.

Ref. 0601401 de Spirit.
Carrocería en plástico ABS tampografiada.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

Cuando en junio de 1976 el cielo de La Sarthe amaneció gris y pesado, pocos dudaban de que aquella edición de las 24 Horas de Le Mans tenía un aire extraño. Las turbulencias del reglamento, el final reciente de la era de los prototipos de gran cilindrada y la irrupción de los Silhouette habían dejado la carrera en un momento de transición, casi de reconstrucción. Pero si algo definía a Porsche era precisamente su capacidad para interpretar esos cambios antes que nadie. Y aquel año, en un circuito todavía húmedo del rocío matinal, el Porsche 936 —el nuevo prototipo de la marca— estaba a punto de demostrar que Stuttgart seguía entendiendo mejor que nadie el idioma de la resistencia. El dorsal #20, pilotado por Jacky Ickx y Gijs van Lennep, sería el encargado de recordarlo.

El 936 era, en cierto modo, la culminación de una filosofía que Porsche llevaba décadas perfeccionando: hacer coches que no solo fueran rápidos, sino que pudieran mantener el ritmo cuando otros desfallecían. Tras la retirada de los 917 y el cierre del ciclo de los grandes prototipos, Porsche se había refugiado en los 911 y en los modelos derivados para seguir compitiendo, pero el reglamento del Grupo 6 abría una puerta nueva, una oportunidad de construir un prototipo ligero, eficiente y aerodinámico para volver al primer plano. El 936 era la respuesta. Nacía de la mezcla entre la experiencia del 908, la inteligencia del 917 y la robustez genética del 911 Turbo. No era un proyecto improvisado: era la reinterpretación moderna de un linaje entero.


Su arquitectura técnica respondía exactamente a lo que Le Mans pedía en aquella época: un chasis tubular de aluminio extremadamente ligero, vestido con una carrocería de fibra de vidrio tan limpia como eficaz, y un motor plano de seis cilindros con sobrealimentación por compresor —como preferías traducirlo— que había sido heredado del 930 Turbo de calle, pero adaptado a un nivel de rendimiento muy superior. El bloque de 2.1 litros, reforzado y equipado con un sistema de sobrealimentación KKK, entregaba en torno a 520 CV. La cifra podía parecer moderada frente a los gigantescos motores atmosféricos del pasado, pero la magia del 936 estaba en su equilibrio: era ligero, estable, consumía poco y entregaba la potencia con una elasticidad casi sorprendente. En Le Mans, donde la eficiencia era tan importante como la velocidad punta, eso valía oro.

La aerodinámica era otro de sus puntos fuertes. El coche era bajo, muy bajo, con una superficie frontal mínima y un largo capó trasero en forma de rampa que limpiaba la estela del aire y estabilizaba la zaga a alta velocidad. El frontal, inspirado en el 908/3, presentaba faros integrados y un diseño simple, sin aditamentos innecesarios. Las grandes entradas laterales alimentaban al intercooler y al turbo, y todo el conjunto evocaba esa filosofía Porsche de hacer solo lo imprescindible, pero hacerlo bien. El 936 no pretendía impresionar a primera vista; pretendía funcionar. Y funcionaba.

La preparación para la carrera fue meticulosa. Porsche había decidido volver a la categoría reina con un enfoque prudente pero ambicioso. En los entrenamientos, el 936 #20 mostró de inmediato un equilibrio perfecto: rápido en las rectas, seguro en las curvas rápidas y sorprendentemente dócil en las entradas a las chicanes improvisadas que empezaban a proliferar en el trazado. Jacky Ickx, que estaba en un estado de forma absoluto, marcó tiempos con una facilidad insultante. Van Lennep, por su parte, aportaba una regularidad casi quirúrgica. La combinación era ideal para un coche pensado para resistir más que para arrasar.


La salida de la carrera confirmó lo que los ingenieros de Weissach ya sabían: el 936 estaba en su terreno natural. Mientras otros prototipos buscaban demostrar su velocidad en las primeras horas, el Porsche construía su victoria desde el silencio. Ickx se encargó del primer relevo con esa mezcla de agresividad contenida y lectura del tráfico que siempre lo caracterizó. El coche era estable, consumía menos combustible de lo previsto y los frenos —de discos ventilados, con un equilibrio delantero-trasero muy bien trabajado— resistían sin mostrar síntomas de fatiga.

Durante la noche, en ese momento en que Le Mans suele desnudar a los coches y revelar sus debilidades, el 936 siguió funcionando como un reloj. El motor turbo, que tantos recelos despertaba por su complejidad, se mostró impecable. No hubo sustos, ni bajadas de presión, ni picos de temperatura. El chasis absorbía los cambios de ritmo sin protestar y la aerodinámica mantenía el coche pegado al suelo incluso cuando las ráfagas de viento cruzaban la larga recta de les Hunaudières. Mientras tanto, Ickx firmaba uno de los relevos nocturnos más precisos de su carrera, rodando constantemente más rápido que cualquier rival a pesar de no estar obligado a arriesgar. Era una lección de control absoluto.

Al amanecer, cuando la niebla ligera empezaba a disiparse en Mulsanne, la situación ya tenía poco misterio. El 936 #20 estaba en otra liga. No era el más espectacular, ni el más ruidoso, ni el más llamativo… pero era el mejor. A base de ritmo constante, consumos bajos y ausencia casi absoluta de errores, Ickx y van Lennep habían construido una ventaja que ningún otro coche podía ya contrarrestar. El resto de competidores seguía peleando con problemas mecánicos, frenos fatigados y motores pobres en fiabilidad. El Porsche, en cambio, seguía como si el reloj no le afectara.


Al cruzar la meta, el 936 firmó no solo la victoria absoluta, sino también la confirmación de que Porsche estaba otra vez donde siempre había pertenecido: en la cima de la resistencia. Aquel triunfo fue una declaración clara de intenciones. El 936 no solo ganó; inauguró una nueva etapa para la marca, que encadenaría un dominio casi absoluto durante los siguientes años. El coche sería, además, la base sobre la que se construiría el 936/77 y, en cierto modo, la filosofía que desembocaría más adelante en los legendarios 956 y 962.

El legado de aquel coche va mucho más allá de su victoria. El 936 enseñó al mundo que la era del turbo había llegado para quedarse, que la eficiencia sería la clave de la resistencia moderna y que el futuro de Le Mans sería de los coches capaces de encontrar el equilibrio perfecto entre potencia, aerodinámica y fiabilidad. Para Porsche, fue la confirmación de que podían reinventarse cuando el reglamento cambiaba, sin perder la esencia que los había hecho grandes.


Hoy, el Porsche 936 ganador de 1976 se conserva cuidadosamente restaurado en la colección de Porsche en Stuttgart, donde se muestra como uno de los pilares históricos del museo. A su lado, los visitantes suelen detenerse más tiempo de lo previsto: no es un coche especialmente vistoso ni excesivamente agresivo a la vista, pero transmite algo que pocos coches logran. Uno siente que está ante el origen de una dinastía, ante el prototipo que devolvió a Porsche su papel de referencia. Un coche que entendió su época, dominó su carrera y abrió un capítulo decisivo en la historia de Le Mans. Una pieza esencial del automovilismo deportivo.


domingo, 14 de marzo de 2021

MIRAGE M1 - Ford Le Mans 1967, de LMM.


Mirage M1 – Ford.
#14 David Piper (GB) y Dick Thompson (USA).
J.W. Automotive Engineering Ltd. (GB).
24 Horas de Le Mans 1967
Prototypes +5.000 (unlimited).
40th, Ab, 5 horas, 59 vueltas.
Ref. LMM-132057/14M de Le Mans Miniatures.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

Mirage M1 – Ford.
#15 Jacky Ickx (B) y Brian Muir (Aus).
J.W. Automotive Engineering Ltd. (GB).
24 Horas de Le Mans 1967
Prototypes +5.000 (unlimited).
46th, Ab, 4 horas, 29 vueltas.
Ref. LMM-132057/15M de Le Mans Miniatures.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

Las miniaturas.
La marca francesa Le Mans Miniatures fabricó a 1/32 el Mirage M1 en las dos decoraciones que replican los coches que se inscribieron en las 24 Horas de Le Mans de 1967. Las dos miniaturas se encuentran en el catálogo del 2012 y se pusieron a la venta en diciembre de ese año. La carrocería está muy bien acabada y detallada, con diversas piezas de fotomontaje que le dan al conjunto una calidad extra. Que el diseño de las llantas esté bien hecho es esencial para subir nota y en este caso el resultado es perfecto. La carrocería va montada sobre el chasis de un Ford GT40 de Slot.it.

Me fastidia mucho que la guía esté atornillada y haya que desmontar el coche para poderla extraer; esta labor es muy delicada en los Le Mans Miniatures, pues si no vas con cuidado, acabas por romper alguna piececita. Y como este coche tiene bastantes de éstas, he optado por hacer las fotos con la guía puesta.


J.W. Automotive Engineering Limited.
Tras la primera victoria de Ford en el campeonato mundial de 1966, el fabricante estadounidense decide poner fin al proyecto GT40, una vez vendidas las 50 unidades necesarias para la homologación. John Wyer, que dirige la Ford Advanced Vehicles (FAV) en Slough desde 1964, donde se producen los Ford GT40, tiene que trasladar sus instalaciones cuando la firma estadounidense decide detener la producción.

Este contratiempo le permitirá a Wyer volver a la competición. El negocio continúa y sigue construyendo los GT40 de carreras destinados a escuderías y a pilotos privados. Wyer se asocia con John Willment, un enamorado de la competición y dueño del equipo de carreras Willment Racing Team. Como ambos socios tienen las mismas iniciales en sus nombres, el de la sociedad se decide con rapidez: J.W. Automotive Engineering Limited. La firma nace con el año, el 1 de enero de 1967.


Necesitados de ayuda financiera, logran un acuerdo con una compañía petrolífera estadounidense, la Gulf Oil Corporation. Su vicepresidente, Grady Davis, es un personaje muy conocido en el entorno de las carreras americanas. Incluso había inscrito un Corvette en Le Mans en 1963. Con tres entusiastas de este calibre, el asunto parece estar muy bien encaminado.

John Wyer conserva una parte del personal de la FAV, sobre todo el fiel John Horsman, al que nombra responsable técnico. Como la escudería Essex Wire había cesado en su actividad, David Yorke fue fichado como team-manager. Para el puesto de jefe de mecánicos se propone al italiano Ermano Cuoghi, cuya incorporación no suscita ninguna reserva. Todo lo contrario que con un tal Jacky Ickx, un piloto inexperto a los ojos de Grady Davis. En contrapartida, Wyer acepta al protegido de su sponsor, Dick Thompson.

Tienen la sociedad, el dinero y el equipo: sólo falta comenzar la construcción de un nuevo prototipo. Len Bailey, que ya había trabajado en la FAV, colabora en su desarrollo. Pero en lugar de hacer un nuevo modelo, prefiere seguir el estudio que ya había completado en su paso por Ford GB, una versión mejorada y aligerada del GT40, que ya había demostrado su valía en las carreras de resistencia. Habría que encontrar un nombre: después de descartar al impronunciable “Williwyer” y tras renunciar a nombres de felinos, se opta por Mirage.



Ensayos de Le Mans: la librea mítica.
En los entrenamientos de Le Mans celebrados en abril, aparecen dos Mirage con una nueva librea azul cielo y naranja que no tardaría en convertirse en legendaria. En realidad, estos colores son los de la Wilshire Oil, una sociedad adquirida por Gulf, en el que el azul es mucho más oscuro y menos atractivo. De los dos Mirage M1 que se presentan en Le Mans, solamente uno de los prototipos ha podido ser testado en Snetterton. Todavía van equipados con el motor de 4.7 litros.

La nueva carrocería del Mirage M1 mantiene sólo la parte delantera del GT40. Su techo abovedado es similar al de los Ferrari P4, rediseñándose la parte trasera. Para mejorar el comportamiento aerodinámico, se eliminan todas las tomas de aire que sobresalen de la carrocería y se reemplazan por entradas tipo Naca: la del techo enfría el motor y las del capó trasero, los frenos.

Ahora los discos ventilados son más grandes, la suspensión ha sido retocada y las nuevas llantas BRM calzan neumáticos Firestone. Se consevan los cuatro carburadores Weber y la caja de cambios ZF. Se montan propulsores V8 de 5.1 y 5.7 litros (todavía de origen Ford). Así equipados, se calcula que los Mirage M1 pesan unos cincuenta kilos menos que los GT40 con igualdad de motor.



Debut de los Mirage.
Tan sólo cuatro meses después del establecimiento de JWA Engineering Ltd., los Mirage M1 debutan en los 1.000 km de Monza, con motores 5.1 litros recibidos de Estados Unidos. El resultado es dispar: un abandono y una alentadora 9ª plaza. En la siguiente carrera, las 6 Horas de Spa, Jacky Ickx y Dick Thompson llevan su Mirage a la victoria bajo una lluvia incesante, a una velocidad media de más de 190 km/h, superando a los Ferrari P4. Esta vez equipados con un motor 5.7 litros desarrollado por Holman-Moody sobre la base del 4.7 litros.

24 Horas de Le Mans.
Durante los entrenamientos de abril, los motores de 5.7 litros rompieron sus pistones de una manera tan inquietante que John Wyer decide confiar para la carrera en el propulsor de 5.1 litros, mucho menos potente. Los motores provienen de Estados Unidos, pero Ford ya no está implicada en la escudería. Pero tampoco funcionan correctamente y, por desgracia, el cambio no da el resultado esperado.



En efecto. El prototipo con el dorsal #14 se confía a la dupla formada por David Piper y Dick Thompson. Nada más empezar la carrera, David Piper, que partía de la 16ª plaza en la parrilla de salida, debe meterse en boxes al soltarse una de las fijaciones del capó delantero, quizás a consecuencia de un toque en la salida con el Ferrari de Mairesse. Tras dos horas de carrera el coche remonta hasta la 18ª plaza. Desgraciadamente, el Mirage M1 es víctima de un calentamiento crónico que provoca la rotura del motor antes de que caiga la noche.


El segundo Mirage va pilotado por Jacky Ickx y Brian Muir. El prototipo titular del dorsal #15 se ha clasificado en la 15ª posición con un tiempo de 3'36"300. Jacky Ickx empieza muy bien. Parte como un rayo hasta conseguir la 3ª plaza, lugar que no ocupa por mucho tiempo. Baja hasta la 16ª al término de la primera hora cuando su motor comienza a calentarse, con los mismos síntomas que el de David Piper. Hace una primera parada de 12 minutos para cambiar un manguito que no es la solución al problema. El coche debe detenerse una vez más para repostar agua. Sin resultado, pues en el transcurso de la tercera hora Brian Muir vuelve a entrar con el motor deteriorado (junta de la culata o biela rota, según la fuente). Jacky Ickx nunca había abandonado tan rápido en Le Mans.

Al final de la temporada, el Mirage M1 se cubrió de gloria ganando varias carreras fuera del calendario (Karlskoga, 1.000 km de París y las 9 Horas de Kyalami), antes de ser declarado obsoleto por la FIA. Solamente uno de los tres ejemplares construidos ha sobrevivido con esa configuración y al menos otro fue reacondicionado en GT40.