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miércoles, 21 de enero de 2026

Olivier Gendebien: quatre fois vainqueur au Mans.


Ferrari 250 TR/58.
#14 Olivier Gendebien (B) y Phil Hill (USA).
Scuderia Ferrari (I).
XXVI Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1958.
S 3000 = Sportscars 2001 - 3000 cc
Winner, 1st general, 305 vueltas, 4.101,926 km.

Ref. GM001 de PSK-Ghostmodels.
Kit resina prepintada montado por Enric Roca (Joeslot).
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

El Commendatore decidió que corriera con Phil Hill las 24 Horas de Le Mans de 1958. Hay tanto que decir de estas 24 horas: me siento abrumado por todos los recuerdos, desbordado por todas las informaciones que yo quisiera dar. Quizás lo mejor sea reproducir el resumen que la prensa dio de esta carrera. Me fio más de ella que de mi memoria… puesto que al volante se vive al instante y uno es incapaz de tomar con perspectiva el acontecimiento.


Primera hora: primer paso por meta con Stirling Moss (Aston Martin) en cabeza; en la décima vuelta bate el record de la pista.
Segunda hora: estalla una tormenta, muy violenta, y la lluvia inunda el circuito.
Tercera hora: las posiciones se modifican y tomamos la cabeza por delante de von Trips (Ferrari), Brooks (Aston Martin) y Hawthorn (Ferrari).
Cuarta hora: la pista, que está muy deslizante, provoca una serie de accidentes (un herido); Bianchi-Mairesse (Ferrari) abandonan por una salida en Mulsanne; quedan 43 participantes de 55.
Quinta hora: redobla la lluvia, nuevos errores.
Sexta hora: seguimos siempre en cabeza; un accidente provoca la muerte de Mary (Jean-Marie Brussin).

Séptima hora: 39 coches en carrera.
Octava hora: Bueb (Jaguar) pasa en cabeza, pero no le concedemos más que unos metros antes de retomar el mando; sin embargo enseguida volvemos a perder la primera plaza.
Novena hora: Bueb rueda por delante, seguido de von Trips; recuperamos el retraso y retomamos el primer puesto; en la 104ª vuelta llevamos treinta y cinco segundos de ventaja.
Décima hora: 29 coches en carrera; ahora ya son diez minutos y medio de ventaja sobre Bueb.
Undécima hora: las posiciones no cambian.
Duodécima hora: estamos en cabeza; nuevos abandonos: quedan 26 coches.


Decimotercera hora: llevamos una vuelta de ventaja sobre el segundo; 32 abandonos.
Decimocuarta hora: Trintignant (Aston Martin) abandona; Behra (Porsche) se coloca tercero.
Decimoquinta y decimosexta hora: ritmo sostenido, nada a señalar.
Decimoséptima hora: la lluvia, que había parado, vuelve a caer; Behra, obligado a un ajuste de frenos, pierde la tercera plaza.
Decimoctava hora: nueva parada de Behra que pierde dos vueltas; Bueb recupera algunos segundos; sintiendo el peligro, aceleramos.

Decimonovena hora: el Jaguar de Bueb se sale de la pista; llevamos diez vueltas sobre los nuevos segundos, los hermanos Whitehead (Aston Martin).
Vigésima hora: pocos cambios.
Vigesimoprimera hora: al ser líderes, ahora con bastante holgura, repostamos con menos nerviosismo.
Vigesimosegunda hora: no empujamos más de lo necesario.
Vigesimotercera hora: Behra le quita la tercera posición a Paul Frère (Porsche); sigue lloviendo.
Vigesimocuarta hora: nos mantenemos, “simple formalidad”.


Pasamos la línea de meta. Es la primera vez que un belga obtiene las 24 Horas de Le Mans. ¡Casi no me lo creo! Pero no, rectifico inmediatamente: Phil Hill y yo conseguimos Le Mans 1958, porque es nuestro equipo, nuestras cualidades unidas y nuestra unión lo que gana. Y esto merece algunas explicaciones.

Conocía a Phil Hill desde los 1.000 km de Buenos Aires que corrimos juntos. Inmediatamente me cayó simpático este ciudadano de Santa Mónica (California), atleta completo, rostro franco, generalmente poco locuaz, apasionado de la música y de los coches clásicos. Desde Buenos Aires aprecié la integridad con la que conducía.

Por esto entiendo que, durante los entrenamientos, los dos copilotos están casi siempre obligados a llevar una estrategia común. Se trata luego de respetarla y no siempre es fácil al querer dar espectáculo o hacer tu “número” personal. Así, en 1958, Phil Hill y yo, durante los entrenamientos, pudimos llegar a una conclusión: alcanzar el régimen máximo del motor que pudiéramos mantener durante veinticuatro horas. Y bien, ni el uno ni el otro lo sobrepasamos nunca, ayudados, es preciso decirlo, por un modo de conducir bastante parecido: a igual régimen hacíamos los mismos tiempos.


Una última apreciación: la última hora, yendo en cabeza, es en realidad algo más que una simple formalidad… Cuando se ocupa la primera posición y ningún contrincante te sigue ni te obliga a sostener una velocidad, es necesario, paradójicamente, redoblar la atención. Hay que luchar contra ti mismo, contra la más mínima tentación de relajación, contra toda falta de atención.

¡Y sin embargo qué monotonía vuelta tras vuelta repitiendo minuciosamente las mismas maniobras! Y la angustia de la última hora, cuando todo lo que se necesita es un pequeño error, un pequeño fallo mecánico para perder en un instante lo que se ha tardado horas y horas en conquistar.

En Le Mans, en 1958, todo está bien cuando acaba bien, con ramos, champán, abrazos y felicitaciones. Sin embargo, confieso que no me detengo en este tipo de manifestaciones. Pienso en el día siguiente, en el sueño que es sagrado para mí, en mi equilibrio. Un periodista escribió que no soy un piloto brillante y que conquisté mis victorias después de haber estudiado bien mi trabajo. Por una vez, estoy de acuerdo con la prensa…

Extracto del libro “Quatre fois vainqueur au Mans” de Olivier Gendebien (traducido por Àlex Aguilar).


La miniatura.
En slot, la miniatura reproduce el Ferrari 250 TR/58, vencedor absoluto en las 24 Horas de Le Mans con Olivier Gendebien y Phil Hill. La pieza corresponde a la primera referencia de Ghostmodels, integrada dentro de una serie especial de Proto Slot Kit (PSK), lo que le confiere un interés añadido desde el punto de vista coleccionista.

El modelo lo compré en forma de kit en resina, con la carrocería prepintada de origen, y fue posteriormente montado, ajustado y mecanizado por Enric Roca (Joeslot), siguiendo criterios de fidelidad histórica.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Ford GT40, la venganza de Henry...



Esta imprescindible miniatura del Ford GT 40, nacida en julio de 2007, pertenece a la marca de resinas Hobby Classic, regentada actualmente por el artesano catalán Jordi Molist. Este coche era uno de esos modelos que no adquirí en su momento cuando salió al mercado y que ha sido durante mucho tiempo una “espinita clavada”… hasta el día que pude obtener esta unidad. Con una tirada de 150 ejemplares (en principio 100 RTR y 50 en kit), el mío viene en una espléndida caja, numerada con un “inquietante” 69/150…

En esta carrocería de bella factura encontramos todos los detalles del coche real ejecutados con maestría. Pintada en un blanco impoluto y coloreado el capó delantero en un acertado tono azul oscuro, las calcas también poseen la calidad y el tamaño perfectos. Calzado con unas llantas de ensueño cubiertas con neumáticos grabados, el conjunto es de 10, como el número del dorsal. Tan sólo falta un pequeño derivabrisas que llevaba este prototipo en 1964 en las 24 Horas de Le Mans, la legendaria carrera automovilística gala.


La razón del nacimiento del Ford GT40 es una de las historias más conocidas del automovilismo deportivo. Su origen se remonta a la primavera de 1963, año en el que il Commendatore debía estampar su firma en el contrato de venta por el que Ford se convertía en el nuevo dueño de Ferrari. El gigante americano había puesto sobre la mesa una oferta de 18.000.000 $, pues tenía la intención de comprar la firma transalpina para dar un golpe de efecto en Europa: una inteligente operación de marketing que diera a conocer sus automóviles al público del viejo continente.

Henry Ford II no quería perder el tiempo en experimentar con nuevos prototipos que requerían largas sesiones de ensayos para su desarrollo y al llegarle el rumor de la venta de la Societá per Azioni (SaP) Ferrari, decidió que éste era el camino más apropiado. Ford entendió el enorme escaparate comercial que representaba la carrera de las 24 Horas de Le Mans y como desde 1960 la marca de il cavallino rampante había dado una muestra de su poderío, encadenando victoria tras victoria, comprar Ferrari se convertía en una jugada maestra.


La Ford Motor Company para asegurar que su inversión era la adecuada, realizó una serie de auditorías a la firma de Maranello que no gustaron en Ferrari y finalmente Enzo decidió no vender la empresa. Este hecho irritó a Henry Ford de tal manera que, para vengarse de la afrenta sufrida, decidió crear su propio prototipo que venciera y humillara al que, a partir de entonces, se convirtió en su enemigo a batir.

Para ello la firma norteamericana creó la FAV (Ford Advanced Vehicles) en Slough, Inglaterra, un departamento de carreras dedicado exclusivamente al desarrollo del coche que debía responder, con victorias, a la ofensa perpetrada por Enzo Ferrari. A la cabeza del proyecto GT puso a Eric Broadley, joven ingeniero que en 1958 ya había fundado Lola Cars Ltd., su propia compañía… esta decisión no fue tomada a la ligera, como seguidamente veremos.


Desde su despacho en Deaborn, Michigan, Henry Ford había vuelto a ver ganar en Le Mans, para su desgracia, esos pequeños diablos rojos que tanto odiaba. Pero tuvo la suerte de comprobar las excelentes prestaciones del pequeño Lola Mk6 GT de Eric Broadley, antes de que se accidentara en Tertre Rouge… y ese mismo día decidió integrar toda la estructura Lola en su faraónico proyecto.

En efecto, Eric Broadley y Len Bailey partieron del Lola GT. Diseñaron una pequeña estructura tubular que sujetara el eje delantero sobre un chasis monocasco dotado de dos paneles laterales construidos por Abbey Panels en Coventry. Se entregó un primer bastidor con la numeración GT-101: había nacido el futuro mito.


El diseño de la carrocería corría a cargo de la fábrica madre y, tras varias pruebas, se consiguió terminar un primer molde que se envió a la empresa británica Specialised Mouldings para que fabricara las carrocerías. Bajo el capó trasero rugía un V8 de 4,2 litros que desarrollaba 350 Cv, potencia más que suficiente para vencer con solvencia en la prueba gala.

El prototipo fue bautizado como Ford GT40, denominado así porque la altura del coche desde el suelo hasta el techo era de 40 pulgadas (1016 mm); esta medida tan característica fue la que le dio finalmente el nombre completo al proyecto GT.


24 Horas de Le Mans. En los entrenamientos oficiales de Le Mans, celebrados el 18 y 19 de abril de 1964, se presentó oficialmente al público la primera versión del GT40. Durante los ensayos, los equipos tuvieron muchos problemas con la puesta a punto de los coches… preocupaba en concreto la inestabilidad de los prototipos a las altas velocidades que se conseguían, sobre todo en la larga recta de les Hunaudières.

El prototipo llegó a alcanzar los 305 km/h, pero lo cierto era que a partir de los 260 km/h el automóvil se volvía altamente inestable, adoptando una clara y peligrosa tendencia a despegar del suelo. Jo Schlesser lo sufrió en sus propias carnes al estrellarse con su unidad. Este terrible inconveniente se solucionó posteriormente en la ingeniería británica MIRA donde, tras un estudio en profundidad de las causas del problema, se determinó que la solución pasaba por aplicar un perfil en el límite del capó trasero que impidiera que el coche se levantara.


En junio se produce, por fin, el desembarco de la firma norteamericana en el circuito francés: tres Ford GT40 fueron inscritos en la categoría Prototipos para hacer cumplir el desafío del “gran jefe” Henry. Al volante de los coches un elenco de pilotos difícil de igualar: Phil Hill, Bruce McLaren, Masten Gregory, Richard Atwood, Jo Schlesser, Richard Ginther… iban a enfretarse a los oficiales de la SEFAC (Scuderia Enzo Ferrari Auto Corse) encabezados por John Surtees, Jean Guichet, Mike Parkes y los italianos Nino Vaccarella, Lorenzo Bandini, Ludovico Scarfiotti, Giancarlo Baghetti y Umberto Maglioli. Como diríamos por aquí, estaba puesta “toda la carne en el asador”.

Las calificaciones vieron las altas velocidades en las que se movían con soltura los GT40, superiores a los 300 km/h… pero ello no fue suficiente para destronar de la pole position a un John Surtees inconmensurable que, recordemos, acabó este mismo año alcanzando el Campeonato Mundial de Pilotos de Fórmula 1.


Ya metidos en carrera, al finalizar la primera hora era el piloto de Ford Richie Ginther el que marchaba en cabeza con su GT40. Poco después se la arrebató el propio John Surtees. Transcurría la cuarta hora de la prueba cuando el Ford #12 de Schlesser/Atwood sufrió un incendio que le obligó al cruel abandono, pues transitaba en segunda posición. Mientras, la pareja Hill/McLaren, con infinidad de problemas, navegaban a cola de pelotón.

Sobre la quinta hora, la caja de transmisiones Colotti del GT40 pilotado por la dupla Ginther/Gregory empezó a dar serios problemas y finalmente dijo basta a las nueve de la noche, provocando su rotura el abandono definitivo del segundo Ford, el #11. En la Scuderia también surgieron importantes dificultades en sendos Ferrari 275 P, tras un accidente del primero y la rotura de la bomba del aceite del segundo.


A pesar de estos sucesos, Surtees, Guichet y Bonnier iban situados en las tres primeras posiciones, empezando a dar serias muestras del potencial de la firma de Maranello. Durante la noche, el Ford GT40 de Phil Hill y Bruce McLaren empezó su espectacular remontada, hasta situarse en una esperanzadora cuarta plaza, pisándole los talones a los Ferrari de cabeza. Desgraciadamente, la caja de cambios acabó por ceder al despuntar el día y el último Ford, con el dorsal #10 (nuestro protagonista), acabó su carrera.

Problemas de frenos y de alimentación en el Ferrari de Surtees hicieron ceder el mando al 275 P de la Scuderia pilotado por Jean Guichet y Nino Vaccarella, a la postre vencedores de la prueba y, posteriormente la segunda plaza al 330 P de Jo Bonnier y Graham Hill encuadrados en la escudería Maranello Concessionaires. Triplete de Ferrari que firmó la octava victoria en las 24 Horas de Le Mans, revolcando por completo las aspiraciones de triunfo de Henry Ford II.


Dos meses después, Ford contrató a Carroll Shelby para tomar el control del departamento de carreras y dirigir un nuevo programa de competición. Shelby había logrado la victoria ese mismo año en la categoría GT, doblegando con su Shelby Cobra a los 250 GTO de Ferrari y a los 904/4 GTS de Porsche, obteniendo una espléndida cuarta plaza general.

Lo que no se imaginaba ni Henry Ford, ni Carroll Shelby, ni nadie era que la ínclita firma transalpina en manos de su escudería semi-oficial norteamericana (NART) les iba a propiciar en el circuito de La Sarthe un segundo revolcón histórico…


Diorama imaginado y creado por mi amigo Mikel Iberslot
Gendarme francés de Verlinden montado y pintado por mi amigo Enric.
Gracias a ambos, sois increibles.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).