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jueves, 13 de agosto de 2026

Triplete del Audi R15 Tdi Plus en las 24 Horas de Le Mans de 2010.


Audi R15 Tdi Plus #7 #8 #9.
Tom Kristensen (DK), Rinaldo Capello (I) y Allan McNish (GB).
André Lotterer (D), Marcel Fässler (D) y Benoit Tréluyer (F).
Mike Rockenfeller (D), Timo Bernhard (D) y Romain Dumas (F).
Audi Sport Team Joest (D).
Audi Sport North America (USA).
LXXVIII Grand Prix d'Endurance.
Les 24 Heures du Mans 2010.
LMP1 = LMP1 / Le Mans Prototypes 1.
1st, 2nd and 3rd general, 397, 396 y 394 vueltas.

Ref. LMM-132050/7M, /8M y /9M de Le Mans Miniatures-
RTR, Ready To Run.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


No todos los Audi que ganaron Le Mans alcanzaron la fama del R8, el R10 o el R18. Entre ellos existe un modelo que suele pasar desapercibido y que, sin embargo, protagonizó una de las victorias más inesperadas de la marca: el Audi R15. Quizá por eso me apetecía reunir hoy el triplete de 2010, una página de la historia que merece ser recordada.

Cuando Audi lo presentó en el 2009, lo hizo con la complicada misión de suceder al plurivictorioso R10. Era un prototipo completamente nuevo, con un motor V10 TDI de 5.5 litros en sustitución del anterior V12, con una aerodinámica muy evolucionada. Sin embargo, su estreno en Le Mans no fue el deseado y Peugeot acabó con la racha de victorias consecutivas de Audi.

Lejos de rendirse, los ingenieros de Ingolstadt rediseñaron profundamente el coche para 2010. Audi actualizó su nuevo R15 bajo el patrocinio de Audi Sport Team Joest y Audi Sport North America. Conocido como R15 Plus, se trata de una versión modificada del coche del 2009 con una nueva aerodinámica frontal que concentra el flujo de aire a través del vehículo para reducir la resistencia aerodinámica general. Por lo tanto, la parte delantera es completamente diferente y se identifica fácilmente por su morro dividido.

Estas modificaciones aerodinámicas fueron necesarias ya que el alerón que unía los guardabarros delanteros se consideró un dispositivo aerodinámico ilegal y tuvo que ser reemplazado por uno de un solo plano. Nació así el R15 TDI Plus, una evolución que mejoraba lo más importante: la estabilidad, la eficiencia aerodinámica y la fiabilidad. Sobre el papel seguía siendo inferior en velocidad punta a los rapidísimos Peugeot 908 HDi FAP, que además acabaron por conseguir las cuatro primeras posiciones de la parrilla. Muy pocos apostaban entonces por una victoria de Audi.




Pero Le Mans nunca se decide el sábado por la tarde. Mientras los Peugeot fueron cayendo uno tras otro por problemas mecánicos centralizados en averías del turbo (y el primero en un fallo de la suspensión), los tres Audi mantuvieron un ritmo constante y una fiabilidad impecable. El resultado fue un histórico triplete, con el #9 de Bernhard, Dumas y Rockenfeller en lo más alto del podio, seguido por el #8 de Fässler, Lotterer y Tréluyer y el #7 de Capello, Kristensen y McNish.

Además, el coche vencedor recorrió 397 vueltas (5.410,713 km), estableciendo un nuevo récord de distancia. Su victoria tuvo un mérito enorme: fue la respuesta de Audi tras la derrota del 2009 y la demostración de que, en las 24 Horas de Le Mans, la velocidad por sí sola nunca garantiza el éxito.

Las reproducciones de Le Mans Miniatures plasman magníficamente este inolvidable triplete. Para mí son mucho más que tres coches con la misma decoración: representan una victoria forjada gracias a un impecable trabajo en equipo. Además, la marca francesa tuvo el detalle de reproducir los cascos de los pilotos: pertenecen al alemán Timo Bernhard (#9), al francés Bernard Tréluyer (#8) y al escocés Allan McNish (#7). Un guiño que aporta un plus de realismo y personalidad a cada una de las miniaturas.





lunes, 23 de marzo de 2026

Frank Biela, piloto imprescindible en la era Audi.


Audi R8 #1.
Frank Biela (D), Tom Kristensen (DK) y Emanuele Pirro (I).
Audi Sport Team Joest (D).
LXX Grand Prix d'Endurance les 24 Heures du Mans 2002.
LM P900 = LM P900 / Le Mans Prototypes 900.
Winner, 1st general, 321 vueltas.

Ref. LMM-132013 de Le Mans Miniatures (LMM).
Resina RTR.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


Un piloto alemán, con un apellido muy apropiado, un hombre discreto, casi silencioso… pero con un palmarés con un peso como solo tienen los elegidos en Le Mans.

Nunca fue una estrella mediática al estilo de otros pilotos, pero en las 24 Horas de Le Mans se convirtió en una pieza fundamental de una de las mayores rachas de victorias de la historia moderna. Y la suya en La Sarthe no es puntual, sino la de una presencia constante, eficaz y decisiva en el momento justo. Hablo del germano Frank Biela.

Nacido el 2 de agosto de 1964 en Neuss (Alemania), debutó en karting en 1982, campeón de Alemania del DTM en 1991, de Francia de Supertourisme en 1993, de la Copa FIA Turismo en 1995, del BTCC en 1996. En 1999 pasa al programa de resistencia de Audi: campeón de las ALMS en 2003 y 2005. Parece que se le daba bien pilotar.

Su historia en las 24 Horas de Le Mans no empieza con una victoria, sino con una declaración de intenciones. En 1999, al volante del Audi R8R, sube directamente al podio con un tercer puesto. No era un debut cualquiera: era el primer aviso de que Audi había llegado para cambiar el panorama… y que Biela iba a ser parte fundamental de ese proyecto. Lo que vino después ha sido, sencillamente, histórico.

En el año 2000, al volante del revolucionario R8, Biela logró su primera victoria absoluta en Le Mans, en el inicio de la era Audi. Un coche, fiable, rápido y perfectamente equilibrado. Y Biela, junto al grandísimo Tom Kristensen y a Emanuele Pirro, supo explotar todas esas características.

Lejos de quedarse ahí, la historia se repitió en 2001 y 2002. Tres victorias consecutivas, tres años dominando la carrera más dura del mundo con una autoridad casi insultante. En ese periodo, el Audi R8 se convirtió en la referencia de la resistencia, y la tripulación Biela/Kristensen/Pirro en la más eficaz, un bloque imbatible, de los que nunca fallan cuando en Le Mans todo puede fallar.


Pero Le Mans nunca regala nada. En 2003, cuando parecía que la historia podía repetirse, llega el abandono. El coche, también un Audi R8, no alcanza la meta por un fallo en la alimentación del combustible. Es un recordatorio brutal de lo que es esta carrera: puedes dominar durante años… y aun así quedarte fuera en cualquier momento. En 2004, Biela termina quinto. En 2005, vuelve al podio con un tercer puesto. Ya no hay dominio absoluto, pero sí una realidad: siempre está ahí. Siempre competitivo. Siempre dentro de la carrera.

Y llegó una nueva revolución. En 2006, Audi introduce el Audi R10 TDI, el primer prototipo diésel con serias aspiraciones de victoria en Le Mans. La apuesta genera dudas, es compleja, diferente, arriesgada. Pero cuando cae la noche y la carrera se vuelve larga de verdad, todo empieza a tener sentido. Y Biela vuelve a hacer lo que mejor sabe, correr sin errores, y vuelve a ganar.

Y no se queda ahí. En 2007 repite victoria, demostrando que no fue una casualidad ni una apuesta puntual. Es una nueva forma de dominar, distinta, más tecnológica, pero igual de efectiva. Biela vuelve a ser pieza clave en ese engranaje perfecto.

Su última aparición llega en 2008, de nuevo con el R10 TDI. Termina sexto. No es un resultado brillante, pero si miras sus números, impresiona. Si miras cómo los consiguió, aún más.

Porque Frank Biela no fue el poleman a una vuelta, ni el más mediático, ni el más recordado por los aficionados. Fue algo mucho más difícil de encontrar: un especialista brutal, un piloto que entendía la carrera, que dominaba la regularidad.

Y viendo su palmarés, me surge una pregunta: en una carrera donde la gloria suele ser para los nombres más brillantes… ¿no debería recordarse mucho más a quienes, como Biela, fueron absolutamente imprescindibles para construirla?


Y si hay una forma perfecta de cerrar esta historia, es tener una reproducción en la vitrina. Sacarla de su estantería, hacerle unas fotos, observarla con calma. Abrir un libro y dejarse llevar otra vez por las imágenes de aquella carrera… He elegido su victoria de 2002, con el dorsal #1, en una reproducción impresionante de Le Mans Miniatures. Le doy un último vistazo antes de devolverla a su sitio. Mi pequeña cápsula del tiempo, la que me permite imaginar que ese Audi sigue rodando, incansable, en la noche de Le Mans.