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martes, 22 de septiembre de 2026

Toyota Supra GT-LM: buscando en Le Mans un hueco entre los GT1 del 95.


Toyota Supra GT-LM #27.
LXIII Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1995.

Inscrito por: SARD Co. Ltd.
Pilotos: Jeff Krosnoff (USA), Marco Apicella (I) y Mauro Martini (I).
Categoría: Le Mans GT1 / Grand Touring 1.
Resultado: 14th general, 265 vueltas, 3.597,984 km.

Miniatura: Ref. RS0026 de RevoSlot.
Fabricación: Carrocería moldeada por inyección en plástico ABS, tampografiada.
Colección: Slot 132 de Mulsanne Stone.


El Toyota Supra GT-LM #27 llegó a Le Mans en 1995 con una misión bastante más modesta que la de los prototipos de Toyota: hacerse un hueco entre los GT1 con un coche derivado de la producción y desarrollado por SARD, uno de los equipos japoneses que mejor conocía las carreras de resistencia.

La edición de aquel año fue especialmente interesante para los GT. La categoría GT1 reunía coches tan distintos como los McLaren F1 GTR, Porsche 911 GT2, Ferrari F40, Nissan Skyline GT-R, Honda NSX o Jaguar XJ220C. Eran deportivos que conservaban, en mayor o menor medida, la silueta de coches de carretera, pero que poco tenían ya que ver con sus hermanos de serie cuando se enfrentaban a las 24 horas de La Sarthe.







Toyota había dejado atrás los grandes prototipos de Grupo C y regresaba a Le Mans en 1995 con una fórmula diferente: el Supra. La operación estaba en manos de SARD, una de las estructuras japonesas con mayor experiencia en resistencia y competición. El coche elegido era el Supra GT-LM, basado en la tercera generación del modelo, el JZA80.

El protagonista de esta historia era el chasis LM-04, inscrito con el dorsal #27 por SARD Co. Ltd. La documentación de la época lo identifica como Toyota Supra GT-LM JZA80 y especifica un motor Toyota 3S-GT de cuatro cilindros en línea, 2.140 cc y doble turbo. El coche era de motor delantero, propulsión trasera y utilizaba neumáticos Dunlop.

Y aquí aparece uno de esos detalles que hacen que un Supra de Le Mans sea bastante más interesante de lo que puede parecer a primera vista. Aunque la carrocería conservaba claramente las formas del JZA80 de calle, debajo había un auténtico coche de carreras. El motor de cuatro cilindros estaba muy lejos del seis cilindros en línea 2JZ-GTE que muchos aficionados asocian inmediatamente al Supra de aquella generación. En Le Mans, el 3S-GT de 2.1 litros estaba homologado con una potencia de 650 CV.


SARD ya conocía perfectamente el escenario francés. La estructura japonesa había tenido una presencia importante en Le Mans durante la etapa anterior de los prototipos Toyota y, en 1994, el SARD 94C-V de Mauro Martini, Jeff Krosnoff y Eddie Irvine había terminado segundo absoluto. Un año después, Toyota cambiaba de filosofía y entraba en GT con el Supra. El propio Automobile Club de l’Ouest recuerda precisamente 1995 y 1996 como los años de la presencia del fabricante japonés en Le Mans con los Supra LM.

Para el dorsal #27, SARD reunió a tres pilotos que conocían bien las carreras de resistencia. El estadounidense Jeff Krosnoff compartió el volante con los italianos Marco Apicella y Mauro Martini. El coche quedó inscrito en GT1 junto al otro SARD de la edición, el espectacular MC8-R, aunque este último utilizaba una configuración completamente diferente, con un V8 biturbo de origen Lexus.

En los entrenamientos, el Supra marcó un 4:10.360. Fue el 30.º tiempo de la parrilla y el 31.º más rápido entre los clasificados, una posición que lo dejaba por detrás de buena parte de los GT1 más competitivos. No era, por tanto, uno de los favoritos. Tampoco lo necesitaba. En una carrera de 24 horas, especialmente en una época en la que la parrilla estaba llena de GT muy rápidos, terminar ya era una pequeña victoria para muchos de ellos. Y el Supra hizo exactamente eso.

Durante la carrera, el coche japonés mantuvo un ritmo suficientemente regular para permanecer en pista mientras algunos de sus rivales iban desapareciendo. Después de 24 horas, el #27 había completado la prueba y aparecía en la 14.ª posición absoluta y 8.ª de GT1, con 3.597,984 kilómetros recorridos.


Por delante habían terminado, entre otros, el McLaren F1 GTR de BBA y el Ferrari F40 LM de Pilot Aldix. El ganador de GT1 fue precisamente otro McLaren F1 GTR, el dorsal #59 de Dalmas, Lehto y Sekiya. El Supra estaba, por tanto, lejos de la lucha por la victoria de su categoría, pero había conseguido algo que en Le Mans siempre tiene valor: estar ahí cuando cae la bandera a cuadros. Además, aquel 14º puesto sería el mejor resultado de un Supra LM en las 24 Horas de Le Mans.

El espectacular GT-One marcaría el comienzo de otra historia. Pero antes de aquello estuvo este Supra blanco y rojo de SARD, mucho menos famoso y bastante menos exitoso. Y precisamente por eso me gusta. No todos los coches de Le Mans tienen que ser ganadores para merecer un sitio en una colección. Algunos sirven para contar cómo era la carrera en un determinado momento, qué fabricantes estaban intentando abrirse camino y qué caminos tomaron antes de llegar a los grandes proyectos. El Supra GT-LM #27 es uno de ellos.

La miniatura reproduce precisamente ese Toyota Supra GT-LM #27 de Le Mans 1995, a escala 1/32, y está fabricada por RevoSlot. Es una pieza especialmente atractiva dentro de una colección de Le Mans porque representa uno de aquellos grandes GT japoneses que intentaron hacerse un hueco en La Sarthe durante los años noventa. El resultado final quizá no figure entre los más famosos de aquella edición, pero este Supra de SARD tiene detrás una historia muy interesante: un deportivo que nació para las carreras japonesas, fue transformado para resistir 24 horas en Francia y consiguió completar la prueba frente a algunos de los GT más espectaculares de su generación.





viernes, 24 de julio de 2026

El último rugido de un clásico: Kremer K8, Le Mans 1997.


Porsche Kremer K8 #5.
Tomás Saldaña €, Carl Rosenblad (S) y Jürgen Lässig (D).
Kremer Racing (D).
LXV Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1997.
P = LMP / Le Mans Prototypes.
36th, Abandono (motor), 103 vueltas.

Carrocería inyectada en ABS, tampografiada de Revoslot.
RTR, Ready To Run.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


La Wikipedia dice que Repsol SA es una multinacional energética y petroquímica española fundada en 1987. Entre sus actividades están la exploración, explotación, producción, transporte y refinado de petróleo y gas. Además, produce, distribuye y comercializa derivados del petróleo, productos petroquímicos y gas licuado y vende gas natural. Desde 2018 comercializa también gas y electricidad en el mercado minorista español. En la lista Forbes Global 2000 publicada en 2020, Repsol fue clasificada como la 645ª sociedad anónima más grande del mundo.

El logotipo de Repsol nació en 1968 para identificar a un lubricante de motor. Su nombre original deriva de la empresa fundadora, Refinería de Petróleos de Escombreras (REPESA), elegido por su notoriedad y fácil pronunciación en varios idiomas. En la década de 1980, ante el fin del monopolio estatal del petróleo, el Instituto Nacional de Hidrocarburos (INH) buscó crear una corporación público-privada para gestionar los activos petroleros del Estado.

Para elegir el nombre, se realizó una encuesta ciudadana en la que las dos únicas marcas que la población asoció con el sector fueron Campsa y Repsol. Se seleccionó Repsol por ser un nombre corto, sonoro y fácil de recordar. Su estructura combina las primeras letras de REPESA con la palabra "sol", muy asociada a España. Tras su fundación, una intensa campaña publicitaria consolidó a Repsol como una de las empresas más conocidas del país.

Para los que amamos las carreras de resistencia, hablar de los hermanos Kremer son palabras mayores. Eran una estructura privada alemana con un mérito increíble, capaces de plantar cara a las marcas oficiales con presupuestos mucho más modestos. El proyecto del Porsche Kremer K8 Spyder nació en 1994 y fue una jugada maestra de ingeniería: como las nuevas normativas penalizaban al mítico Porsche 962 cerrado, Kremer aprovechó su excelente chasis de aluminio y carbono y lo rediseñó por completo para convertirlo en una barqueta abierta.

Ganaron las 24 Horas de Daytona con él en 1995, pero para Le Mans 97, las cosas se habían puesto imposibles para este tipo de coches. Aquella edición estuvo totalmente eclipsada por la categoría GT1, donde las fábricas habían volcado toda su artillería con bestias salvajes como los McLaren F1 GTR, los Nissan R390 y los Porsche 911 GT1; verdaderos prototipos encubiertos que relegaron a los LMP privados a un papel muy secundario, salvo al TWR Porsche del Team Joest, ganador a la postre.

Si miramos lo que llevaba dentro nuestro Kremer, era una joya de la vieja escuela de Stuttgart. Hablamos del motor Porsche Tipo 935/76: un bloque bóxer de 6 cilindros y 3 litros que todavía mantenía la refrigeración por aire en sus cilindros. Llevaba dos turbocompresores KKK y, con las bridas de admisión que exigía el reglamento ese año, entregaba unos 530 CV.

Toda esa potencia iba directa al eje trasero mediante una caja de cambios manual de 5 velocidades, un sistema sin ayudas electrónicas que exigía la máxima destreza y esfuerzo físico por parte del piloto. Pesaba solo 950 kg, por lo que era un coche duro y fiable, aunque frente al brutal despliegue técnico de los GT1 oficiales, ya le costaba muchísimo mantener el tipo en la recta eterna de Le Mans.


La escudería Kremer Racing puso el coche en pista con el dorsal #5 y consiguió el patrocinio de Repsol, por lo que el prototipo lucía espectacular con esa decoración tan icónica de nuestra historia del motor. Para pilotarlo, confiaron en tres nombres con una buena mezcla de experiencia en la resistencia: el español Tomás Saldaña, el sueco Carl Rosenblad y el veterano alemán Jürgen Lässig, un histórico del equipo que ya sabía perfectamente lo que era exprimir esta barqueta tras su victoria en Daytona.

La pena es que la carrera de 1997 confirmó que el coche acusaba el paso del tiempo ante el ritmo de clasificación impuesto por las marcas. El #5 rodaba a buen ritmo, pero, en mitad de la noche, pasada la 7ª hora de carrera y tras completar 103 vueltas, el motor bóxer dijo basta y tuvieron que abandonar. Pongámonos románticos: esa noche fue una de las últimas veces que se escuchó el auténtico rugido de un Porsche biturbo refrigerado por aire dándolo todo en la recta de Les Hunaudières.

Respecto al Kremer K8 en miniatura, en RevoSlot han hecho una pieza impecable: clava las proporciones de la barqueta y la tampografía de Repsol es fidedigna. Bajo la carrocería monta un chasis metálico de aluminio anodizado firmado por BRM con motor anglewinder. El alerón trasero se monta con un imán, ideal para evitar roturas, sobre todo en competición. Sin embargo, los retrovisores son, sin duda, el punto más débil del conjunto. Vienen sueltos y hay que lijar la base para que encajen en su alojamiento. Incluso después de hacerlo, quedan torcidos y no transmiten la rigidez que cabría esperar.




lunes, 9 de febrero de 2026

Un Ferrari vuelve a Le Mans: el 333 SP y el sueño privado de 1996.


Ferrari 333 SP.
#17 Eric van de Poele (B), Marc Goossens (B) y Eric Bachelart (B).
Racing for Belgium, Team Scandia (B).
LXIV Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1996.
WSC = Prototypes WSC / World Sports Cars.
30th, DNF (Did Not Finish), Accidente, 208 vueltas.

Ref. RS0056 de Revoslot.
Carrocería moldeada por inyección en plástico ABS, tampografiada.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


Estamos en 1996. Preocupado por la diversidad de la parrilla, el ACO (l’Automobile Club de l’Ouest) revisa su reglamento con el fin de favorecer la llegada de los WSC (los World Sport Cars de la IMSA). El limitador de régimen de revoluciones queda abolido en favor de una brida de admisión de aire de 45 mm, más fácil de gestionar tanto por los equipos como por los organizadores.

El Team Scandia había logrado rodar recientemente durante 27 horas en el circuito College Station de Texas. Andy Evans, su anterior propietario, recompra el equipo a Dick Simon, que por entonces estaba participando en la IndyCar. También contrata a Tony Southgate, con el fin de mejorar la aerodinámica del Ferrari propiedad de esta estructura, un espectacular 333 SP. Se une también el team manager británico Michael Philips, que ya había trabajado en Courage.

Evans decide ir a Le Mans. El californiano ya había participado dos veces en la prueba (con Kremer en 1993 y con Courage en 1994), pero nunca con su propio equipo, que contaba con un Kudzu y un Spice en IMSA desde 1992, antes de unirse a las filas de Ferrari. Con el fin de evitar el fiasco que se produjo en 1995, Ferrari decide trabajar sobre la fiabilidad de su motor y realizar una labor específica en el V12 para recuperar parte de la potencia que se pierde por la nueva brida.

El inicio del año es prometedor, pues en los entrenamientos preliminares de las 24 Horas de Daytona, el 333 SP Momo marca el mejor tiempo en manos del piloto debutante Bill Auberlen. No obstante, en carrera surgen numerosos problemas que retrasan al Ferrari: rotura del escape, caja de fusibles electrónicos, fuga de aceite… aunque la fiabilidad del motor parece conseguida.

Para ir a Le Mans es preciso que Maranello dé luz verde, ya que es la fábrica la que apoya al equipo preparando los motores. Y como Michael Schumacher acaba de unirse a la Scuderia, este año la carrera gala deja de ser el objetivo principal de Ferrari. Aún así, Andy Evans no se desespera e inscribe dos coches, aunque se abstiene de hacerlo bajo el nombre de Scandia. En efecto, uno de ellos correrá bajo la bandera de Rocketsports, equipo cuyo propietario es uno de sus pilotos, Paul Gentilozzi. A su lado, el mismo Andy Evans y el francés François Migault.


El segundo coche participará bajo el nombre de Racing for Belgium, gracias a una iniciativa de Pascal Witmeur, que quiere celebrar el centenario del RACB (Royal Automobile Club de Belgique). La idea de Witmeur es la de reunir un equipo 100% belga, con el objetivo de ir tras los pasos de los ilustres Olivier Gendebien, Paul Frère, Lucien Bianchi y Jacky Ickx. Contacta con Andy Evans y acuerdan que el piloto indicado sea Eric van de Poele. El flamenco Marc Goossens y el valón Eric Bachelart completan la formación del brillante equipo.

Antes de ir a Le Mans para las calificaciones previas, algunos equipos acuden a finales de abril al circuito Paul Ricard. El Scandia Motorsport es uno de ellos y en esta ocasión estrenan el nuevo diseño de carrocería, destinada a favorecer la aerodinámica. Modificación planteada por el propio Tony Southgate y testada en el túnel de viento de Dallara, antes de ser montada en el chasis 003 (el del Rocketsports).

Además de un alerón de tamaño más reducido, la modificación más espectacular se refiere a los pontones elevados, que dan una línea mucho más fluida al 333 SP. La pequeña plancha delantera, pegada al fondo plano, ahora se integra en el capó con el fin de facilitar su cambio en caso necesario. Estas modificaciones vuelven más delicada la conducción del prototipo y Paul Gentilozzi es víctima de una salida de pista.


El 28 de abril, los dos Ferrari de Scandia se presentan en Le Mans, pero solamente al de Rocketsports se le equipa la nueva carrocería. Yvan Muller, que participó en los entrenamientos del Paul Ricard obteniendo excelentes cronos, reemplaza finalmente a François Migault. Con un 3’47”795, Eric van de Poele firma el mejor tiempo del día por delante del mencionado Yvan Muller, que a su vez supera al Riley & Scott victorioso en Daytona y Sebring. Hace falta remontarse a 1972 para encontrar el rastro de un Ferrari en lo alto de las clasificaciones de unos entrenamientos preliminares. Y por primera vez desde 1973, la marca transalpina parece capaz de luchar por la victoria absoluta.

Tras las preclasificaciones, los dos prototipos se envían a Dallara, donde los preparan para la prueba gala. El departamento de motores de Maranello, dirigido por Gabriele Martini, extrae 545 CV de potencia a 9500 rpm, unos buenos caballos teniendo en cuenta que la brida de 48 mm les ha hecho perder unos cuarenta.

Paul Gentilozzi prefiere retirarse del equipo tras una nueva salida de pista en la segunda chicane de la recta de Les Hunaudières. Finalmente, Fermín Vélez, ganador del campeonato IMSA en 1994 con este equipo, acompañará a Evans y Muller en la carrera. Es el más experimentado de los tres, pues ya cuenta con cuatro participaciones, incluyendo una victoria en la categoría C2 con Spice.


La primera sesión de entrenamientos confirma los tiempos de las preclasificaciones pues van de Poele realiza un 3’46”838, el mejor crono del día. Al día siguiente, el belga se ve desposeído de la pole position por el TWR-Porsche de Pier Luigi Martini, siendo superado también por el Courage C36 de Phillipe Alliot. Como el Automobile Club de l'Ouest decidió que en la parrilla de salida los prototipos ocuparan la parte izquierda de la pista y los GT la de la derecha, para dar a las dos categorías la misma exposición en lo que se pensaba sería la carrera más abierta de los últimos años, el Ferrari parte en la 5ª posición.

Van de Poele realiza una buena salida, colocándose tercero tras los dos Porsche 911 GT1 de Dalmas y Wollek. Las cosas se ponen mal rápidamente para Ferrari porque en la segunda vuelta Andy Evans se sale recto en Mulsanne. Con la ayuda de los comisarios, se dirige a boxes. Tras verificar el fondo plano y las suspensiones, el Ferrari de Rocketsports retoma la carrera a cuatro vueltas de la cabeza. A la hora y media, sorprendentemente se queda sin gasolina, y abandona oficialmente.

Con respecto al equipo belga, al final de la primera hora no ocupa más que la 14ª posición. Los neumáticos y la glotonería de un V12 que obliga a hacer paradas cada 10 vueltas parecen ser la causa, así como algunos problemas de frenos. Se recupera con el paso de las horas hasta situarse regularmente en quinta posición a partir de la novena hora. Pero al amanecer la transmisión comienza a sufrir, el prototipo entra en boxes y su reparación cuesta media hora. Un van de Poele desatado ataca el record de vuelta que bate por cinco veces, antes de ceder su asiento a Eric Bachelart. Pero cuando apenas ha salido de boxes, el piloto es víctima de un accidente bajo el puente Dunlop. El choque de cara contra el muro arranca la rueda delantera derecha y el capó, continuando su loca carrera hasta la mitad de la bajada, donde abandona.


Realizando el mejor tiempo en los entrenamientos preliminares y el tercero absoluto en la sesión de clasificación, Eric van de Poele, bajo los colores del Racing for Belgium, hizo soñar a los tifosi con una victoria absoluta. Pero la falta de un compromiso serio por parte de Ferrari fue la razón de la crueldad del resultado.

La miniatura.
Representa al Ferrari 333 SP que pilotaron los belgas Eric van de Poele, Marc Goossens y Eric Bachelart para el equipo Racing for Belgium, del Team Scandia en las 24 Horas de Le Mans de 1996, inscritos en la categoría WSC / IMSA. Abandonaron a causa de un accidente bajo el puente Dunlop. RTR en plástico ABS, referencia RS0056 de la marca Revoslot. Una curiosidad del coche es que viene con el gran alerón a parte; este se aloja en la carrocería por efecto de un imán. Una excelente solución para los que lleven el cochecito a competir en pista a toda velocidad.