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lunes, 17 de enero de 2011

MATRA-BRM MS 620, le panache bleu

LA MINIATURA.
Esta miniatura, fabricada en resina, pertenece a la serie “Slot France” de la firma francesa MMK, dirigida por Victor de Natali. En esta serie la marca se esmera “un poco más” que con sus anteriores modelos: por lo menos los fotograbados vienen montados de origen, así como las tulipas de los faros. Aunque los vacuformes no están encajados en la carrocería con la limpieza que debería, pero...

No obstante, el artesano francés incurre en un par de fallos totalmente inaceptables: por un lado ha situado al piloto en el lado izquierdo de la conducción y con un casco integral (se utilizaron los tipo Jet hasta los años 70); y por otro lado, los faros delanteros en el auto real son dobles y en la miniatura sencillos… ¿Lo perdonamos?

Si te gusta la historia del automóvil, sigue leyendo, disfrutarás... pero advierto que el relato me ha salido un "pelín" largo...


LE PANACHE BLEU.
En lo mejor de los años sesenta, todo parecía posible para el que poseía un poco de saber hacer y un mucho de ambición. La historia de Matra en Le Mans es la de un vendedor de armas reconvertido en vendedor de sueños, un poco por azar y bastante por necesidad. Matra tenía capacidad industrial y financiera, pero sobretodo mentalidad: cierta arrogancia (panache) de altos vuelos, y una actitud conquistadora que iba a llevar a la firma francesa a un triple éxito, hasta el punto de desmoralizar a Ferrari.

Esta ausencia de complejos fue insuflada por Jean-Luc Lagardère, joven manager en búsqueda de gloria y notoriedad. Prometiendo títulos mundiales y victorias, fijando fechas límite precisas, fue alcanzando en diez años todos sus objetivos y devolvió al automovilismo francés un prestigio que no había conocido desde Bugatti. Mientras tanto, el automovilismo entró en la era de las limitaciones de velocidad, de la seguridad y de la economía de energía. Ya no era tiempo de soñar y Matra se retiró, dejando a sus fans desconcertados. ¡Cuántos pesares, pero sobretodo, qué maravillosos recuerdos!


ANTECEDENTES.
Desde la retirada de Gordini, ningún constructor francés apareció en posición de jugarse la victoria en las 24 Horas de Le Mans. Se limitaban a conseguir el índice de rendimiento (performance) y el índice al rendimiento energético. Dos clasificaciones no exentas de interés técnico, pero mucho menos determinantes que la clasificación general. Y si los expertos quedaban pasmados ante el extraordinario rendimiento de las pequeñas cilindradas francesas, el gran público soñaba con el enfrentamiento contra los Ferrari y los Ford GT40. Deseando desmarcarse de Alpine y deseosos de lucirse al más alto nivel, Matra iba a descuidar esas clasificaciones secundarias desde el inicio, con el riesgo que entraña afrontar una competencia más relevante.

Para diseñar y construir el coche que disputara las 24 Horas, la firma se apoyó en la figura de Jo Schlesser, que poseía experiencia en Le Mans y en otros coches potentes, como los Cobra y los Ford GT40. El trabajo se organizaba en los antiguos hangares de Bréguet, situados junto al aeródromo de Villacoublay, que ofrecía asimismo una pista ideal para los primeros rodajes.


Bernard Boyer lo recuerda: “el servicio de competición estaba separado del equipo de Guédon por dos muros de 2 metros, en un hangar alto de 15 ó 20 metros. Huelga decir que era imposible calentarse. Además, este hangar estaba oxidado y cuando llovía nos veíamos obligados a desplazar las mesas de diseño. En público, jamás nos quejábamos, los coches estaban impecables y todo el mundo creía que estábamos en un palacio. En realidad estábamos en auténticas jaulas de conejos.”

La aventura de Matra en Le Mans comenzó el 20 de octubre de 1965, cuando Claude Le Guézec partió rumbo a Inglaterra, con el fin de encontrar allí un motor. Recordemos que el único propulsor de carrera francés digno de este nombre era el 4 cilindros de Renault-Gordini, que no estaba disponible para Matra. La primera idea fue utilizar el motor Ford-Lotus-Cosworth de 1600 cm3, ya montado en el coupé 610 Napoleón. Pero, tal como ocurría con el motor Renault, esta idea se abortó por un problema político.


En efecto, Lagardère deseaba que el coche que corriera en Le Mans debería seguir el espíritu de esta prueba y, por tanto, que pudiera ser el referente de un Gran Turismo destinado a su uso en carretera. Pero Colin Chapman no estaba demasiado entusiasmado con la idea de ver un Matra propulsado por Lotus compitiendo contra sus propias producciones.

Le Guézec contactó entonces con el constructor BRM, que también preparaba motores Ford-Lotus. La firma de Bourne no vio ningún obstáculo para el abastecimiento de motores, todo lo contrario, pero en lugar del modesto Ford 1600, que no ofrecía ninguna posibilidad de brillar en la clasificación general, propuso su 2 litros de la Fórmula Tasmane, así como sus consejos técnicos para adaptarlo al chasis. Este V8 concebido por Tony Rudd era el derivado del 1500 cm3 con el que Graham Hill se consagró campeón del mundo en 1962.


El 29 de octubre, Lagardère dio el visto bueno al programa Le Mans, antes incluso de haber elegido el motor definitivo. Al finalizar una de las visitas a Bourne en compañía de Le Guézec y Hébert, Lagardère zanjó el asunto en favor del motor 2 litros BRM, poniendo de esta manera el listón muy alto. El objetivo de salida, que era terminar en cabeza de los coches franceses, fue relevado por la necesidad de enfrentarse a Porsche y al Dino de Ferrari en la categoría 2 litros. Una tarea de lo más delicada, ya que ningún técnico del equipo Matra tenía la experiencia de lo que entonces era considerado un “gran” prototipo.

Tras ser anunciado el programa, el 25 de noviembre Bernard Boyer empezó con la concepción del chasis 620, junto al diseñador Carillo, reivindicando aquél la paternidad del mismo: “Cuando se dio el visto bueno, llegó Hébert. Nunca lo vi sobre la mesa de dibujo, pero influyó en la concepción del 620 notablemente imponiendo la carrocería de aluminio. En cambio, fui yo el que escogió el chasis tubular, porque controlaba bien esta técnica.”


El primer ejemplar de este chasis multitubular se entregó el 17 de febrero. Los tubos iban vestidos con hojas de aluminio que no participaban en la rigidez del conjunto. Por falta de experiencia más que por estrategia de futuro, este chasis era muy robusto pero también excesivamente pesado.

A este hándicap, se unió otro: por razones de marketing, Lagardère impuso que el coche de Le Mans debía recordar, por sus formas, al futuro coche de carretera. Para ello el diseñador de la casa, Jacques Nocher, tránsfuga de Simca, modeló las formas del 620 y del 530, consiguiendo darles un aire de familia.


Como Matra no disponía de un departamento de carrocería, fue necesario decidirse por un fabricante, siendo escogido Pichon-Parat, ubicado en Sens. Como el tiempo apremiaba, se decidió fabricar la carrocería en aluminio, a fin de poderla modificar más fácilmente. Con su largo habitáculo y su puesto de conducción a la izquierda, el Matra MS620 se encontraba entre los prototipos con espíritu Le Mans.

Los radiadores de agua y aceite iban situados delante; sus largas dimensiones venían impuestas por BRM. Los dos depósitos de aleación de 49 litros estaban instalados a cada lado, tras las puertas, prolongándose por debajo de las mismas. Suspensiones “clásicas” construidas en acero, frenos de disco Girling montados en llantas de magnesio de 13 pulgadas. Su fijación al eje se efectuaba por una tuerca central de mariposa. Dunlop calzaba los neumáticos.


Preparado por BRM, el V8 a 90º entregaba 245 cv a 9.000 r.p.m., para una cilindrada de 1916 cm3. Bajo los consejos ingleses, el V8 se montó rígido sobre el chasis. La alimentación por inyección y el alumbrado electrónico fueron producidos por la firma británica Lucas. Recibió un embrague Borg&Beck de doble disco. La caja de cambios era una ZF de 5 velocidades, idéntica a la de los Ford GT40.

Para los técnicos franceses, habituados a los pequeños motores Panhard o Renault, este V8 les parecía un verdadero monstruo: “Hubert y yo conocimos una progresión hasta los 1.300 cm3, él con Bonnet, yo con Alpine” prosigue Boyer. “Los motores Gordini eran ligeros y económicos. De golpe, hubo que hacer frente a un 2 litros y a las exigencias de BRM. Este motor BRM derivado de un 1500 era un “bastardo” de mediocre rendimiento, dotado de una curva de potencia poco efectiva. Era horrible”.


La colaboración con un motorista extranjero tuvo también un efecto negativo sobre la imagen de Matra. Ciertos observadores revelaron una cierta semejanza entre el 620 y el Rover-BRM que disputó la edición del 65. En el periódico L’Equipe, Jean Bernardet habló incluso de un “BRM pintado por Matra”. A estas críticas exageradas, Lagardère respondió evocando el éxito de la Caravelle, el avión francés propulsado por dos reactores ingleses.

Antes incluso de que el coche fuera terminado, aparecieron ciertas lagunas que hubo que solventar: se adoptaron llantas más grandes y una posición de conducción en el lado derecho por petición expresa de Jo Schlesser.

PRIMEROS ENSAYOS.
Él mismo fue el encargado de rodar por primera vez con el 620 el 28 de marzo, en el aeródromo de Villacoublay. Es decir, cinco meses despues del inicio del proyecto. El ensayo se terminó transcurridos quince minutos debido a un depósito pinchado. El incidente se repitió al día siguiente: los depósitos no resistían las vibraciones y la solución al problema fue envolverlos de polyester.


Schlesser rodó de nuevo el 31 de marzo, comenzando a trabajar sobre las suspensiones. Luego fue la gran cita de los entrenamientos preliminares, el 2 y 3 de abril, la que marcó la primera aparición pública del 620. Con el dorsal #38 se presentó bajo una apariencia gris poco atractiva que reflejaba sin duda el humor de los miembros del equipo, afectados por un drama: Eliane, la joven mujer de Beltoise, acababa de matarse en la autopista del sur, al volante de un Djet. Jean-Pierre estaba, naturalmente, ausente y fue Jo Schlesser el encargado de la puesta a punto del prototipo.

A pesar de una relación de velocidades un poco larga, de una refrigeración imperfecta, de frenos mal dimensionados y de portezuelas con la tendencia a abrirse por el efecto de la depresión aerodinámica, el 620 se reveló muy rápido. A falta de seducir por su estética, convenció por su rendimiento porque una vez la pista seca, Schlesser rozó los 209 km/h de media y realizó sin forzar un prometedor 3’52”, siendo el décimo tiempo absoluto y el mejor de la clase 2 litros.


PREPARACION: MONZA Y SPA.
Después de que la idea inicial de participar en la Targa Florio fue descartada, fue sobre los rápidos trazados de Monza y Spa donde se persiguió la preparación de cara a la carrera de Le Mans.

En los 1000 km de Monza, el 25 de abril, Jaussaud y Servoz Gavin debutaron con el Matra 620. Comparándolo con el 906 y el Dino 206 S, el Matra con 245 cv tenía la ventaja de una potencia más elevada, 25 cv más que el Ferrari y 30 cv más que el Porsche. Sin embargo padecía de una aerodinámica menos evolucionada y, sobretodo, de un peso mucho más elevado. Otros handicap frente a sus rivales eran las pequeñas llantas de 13”, una insuficiente capacidad de frenada y el sobrecalentamiento del habitáculo al emplear una carrocería de aluminio.

El 22 de mayo, el chasis 01 fue inscrito en los 1000 km de Spa. Servoz-Gavin esta vez hizo pareja con Alan Rees, pues el grueso del efectivo Matra estaba en el GP de Mónaco de F3. Decimosexto en los entrenamientos, el 620 todavía era superado por sus rivales. En carrera sufrió problemas de alimentación que le obligaron a abandonar.

Matra no confirmó en carrera la buena impresión dejada en los entrenamientos de abril, pero todavía conservaba una buena imagen…


NOS VAMOS A LE MANS.
En Vélizy no faltaba el trabajo pues fueron tres nuevos prototipos los que embarcaron hacia Le Mans, tras un rodaje en Villacoublay. Se presentaron la mañana del martes 14 de junio en el pesaje de las 24 Horas. La modificación más evidente sobre el 620 concernía al alargamiento del capó trasero en su parte superior, afinando considerablemente su perfil. Además se configuraron dos pequeñas tomas de aire frente al parabrisas, asi como otras dos a un lado y otro del capó trasero. Detrás, una nueva barra antivuelcos y un tarado diferente de los muelles fueron considerados a tenor de la tendencia del coche al sobreviraje.

En la más pura tradición de los grandes equipos, los dirigentes y los pilotos se alojaron en un castillo, mientras los mecánicos pasaban esencialmente su tiempo en el Garage de Bretagne de monsieur Blin, en el 107 de la Avenue Robillard, donde los coches eran preparados durante la semana.


Una vez llevados al circuito por uno de los break ID Citroën y una de las camionetas de Matra Sports, herencia de la época Bonnet, no faltaron los pequeños fallos de juventud y ninguno de los tres Matra pudo igualar el tiempo realizado en abril por Schlesser.

Sin embargo, los Porsche habían progresado notablemente... quizás porque en abril los pilotos punteros de la firma alemana estuvieron ausentes. Esta vez, Joseph Siffert firmó el mejor tiempo de los 2 litros con 3’51”, aventajando a Schlesser en 2”5. Por el contrario, los Dino 206 S se mostraron muy decepcionantes.


Beltoise y Servoz-Gavin ilusionaron a sus seguidores durante el primer cuarto de la prueba, permitiéndose rivalizar con los Porsche. Pero para el equipo francés, todo quedó sentenciado antes de llegar a mitad de carrera. Dos de los coches fueron eliminados por razones técnicas diferentes, siendo la tercera víctima de un accidente.

Mientras que Ford, Porsche y Alpine se repartieron los laureles, Matra volvió de su primera campaña en Le Mans con las manos vacías. El MS 620 mostró sus límites en materia de frenada, de aerodinámica y de fiabilidad. Y los pilotos reprocharon, entre otras cosas, un excesivo balanceo, la dureza de una dirección poco precisa, un habitáculo falto de estanqueidad y de ventilación, unos retrovisores desastrosos (sic) y una posición de conducción mejorable.


Bernard Boyer sentenció: “El 620 no ha sido un buen coche. Los pilotos han tenido el mérito de pilotarlo a pesar de las vibraciones y del terrible calor en el interior. Era insoportable. Era demasiado pesado y poco aerodinámico. Un buen auto es el que gana las carreras. ¡Punto!”

En su última carrera, los 100 km de París, los dos prototipos inscritos se vieron forzados al abandono, no sin que Beltoise adelantara a los Porsche en entrenamientos y después a principios de carrera. Parecía que se iba en la buena dirección…

Info: MATRA au MANS de François Hurel

martes, 10 de noviembre de 2009

MATRA MS 630 de Le Mans Miniatures, 19th en 1968.


Matra MS 630 #24.
Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1968.

Inscrito por: Equipe Matra Sports (F).
Pilotos: Johnnie Servoz-Gavin (F) y Henri Pescarolo (F).
Categoría: P 2000 = Sport Prototype 1301-2000 cc.
Resultado: 19th, Ac (Pinchazo y accidente), 22ª horas, 283 vueltas.

Miniatura: Ref. LMM-132003 de Le Mans Miniatures.
Fabricación: Resina RTR, Ready To Run.
Colección: Slot 132 de Mulsanne Stone.


La edición de 1968 de las 24 Horas de Le Mans llegó cargada de novedades. Por primera vez en la historia de la prueba, la carrera se disputó en septiembre. Los acontecimientos de mayo habían obligado a aplazar la fecha tradicional de junio, y el 28 y 29 de septiembre fueron finalmente los días elegidos para celebrar la 36.ª edición. También había cambios en el circuito. La construcción de la nueva chicane Ford, situada antes de la recta de tribunas, modificó el trazado y redujo la velocidad de paso por esa zona.

Pero la gran batalla se libraba lejos de los despachos. Le Mans era la última prueba del Campeonato Internacional de Marcas de 1968 y tanto Ford como Porsche llegaban con posibilidades de conquistar el título mundial. Las nuevas reglas técnicas habían alterado profundamente el panorama de la resistencia. La cilindrada máxima se establecía en 3.000 cm³ para los prototipos y en 5.000 cm³ para los Sport, estos últimos sujetos a una producción mínima de 50 unidades.

Ford había retirado sus grandes prototipos de siete litros y Ferrari, en desacuerdo con la nueva reglamentación, decidió no presentar un equipo oficial en Le Mans. La ausencia de los espectaculares P3 y P4 dejaba un hueco importante en la parrilla, aunque varios Ferrari privados mantuvieron la presencia de la marca italiana en la carrera.

Porsche, que había apostado por la nueva normativa de tres litros, llegaba a Francia con cuatro unidades del nuevo 908. El fabricante alemán había trabajado intensamente para convertirlo en su gran candidato a la victoria absoluta. Sin embargo, el coche todavía tenía que demostrar su fiabilidad en una prueba de 24 horas. Al otro lado del ring estaba John Wyer. Su equipo británico había preparado cuidadosamente los Ford GT40, equipados con los robustos V8 de 4,9 litros. Eran coches veteranos, sí, pero también muy evolucionados y con una resistencia demostrada.

El campeonato había ofrecido una lucha equilibrada entre ambas marcas. Porsche había conseguido importantes victorias a lo largo de la temporada, mientras que Ford había respondido con triunfos en pruebas como Brands Hatch, Monza, Spa y Watkins Glen. En Le Mans, las cartas estaban sobre la mesa.

Porsche ocupaba las tres primeras posiciones de la parrilla. Jo Siffert había conseguido para el 908 la primera pole position de la historia de la marca en las 24 Horas, con un tiempo de 3:35.4. El Ford GT40 de Pedro Rodríguez y Lucien Bianchi partiría desde la cuarta posición.


A las tres de la tarde del sábado, Giovanni Agnelli, presidente de Fiat, dio la salida a los 54 participantes. El cielo estaba cubierto, pero la lluvia intensa todavía no había llegado al circuito. La carrera comenzaba con unas condiciones muy distintas de las que encontrarían los pilotos durante la noche.

Los cuatro Porsche 908 tomaron el mando en los primeros compases, con los coches de Jo Siffert, Hans Herrmann, Gerhard Mitter, Vic Elford, Rolf Stommelen, Jochen Neerpasch, Joe Buzzetta y Scooter Patrick ocupando las primeras posiciones. Detrás, los Ford GT40 de John Wyer trataban de mantener el contacto con los prototipos alemanes.


Pero la carrera quedó marcada por un terrible accidente prácticamente desde el principio. Willy Mairesse pilotaba el Ford GT40 amarillo de Ford France cuando una de las puertas del coche se abrió durante la vuelta inicial, en la zona de Mulsanne. El piloto belga perdió el control y se salió violentamente de la pista. Mairesse no llevaba correctamente abrochado el arnés de seguridad y sufrió heridas gravísimas. Sobrevivió al accidente, pero las secuelas físicas y psicológicas acabarían poniendo punto final a su carrera deportiva.

En el plano estrictamente deportivo, Porsche había comenzado a imponer su ritmo. Los 908 demostraban una velocidad extraordinaria y durante las primeras horas parecían tener la carrera bajo control. Sin embargo, la fiabilidad empezaba a convertirse en su gran enemigo. El Porsche de Jo Siffert y Hans Herrmann sufrió problemas de transmisión y tuvo que abandonar. El coche de Rolf Stommelen y Jochen Neerpasch también perdió tiempo debido a problemas de embrague.

Mientras tanto, los Ford GT40 de John Wyer avanzaban con una regularidad envidiable. Pedro Rodríguez y Lucien Bianchi, al volante del coche número 9, mantenían un ritmo constante, sin cometer errores. La situación empezó a cambiar con la llegada de la noche. Los Porsche 908 de Gerhard Mitter y Vic Elford, y de Joe Buzzetta y Scooter Patrick, sufrieron problemas de alternador que les obligaron a realizar repetidas paradas en boxes. El prometedor dominio inicial de Porsche comenzaba a desmoronarse.


A las diez de la noche, el Ford GT40 de Pedro Rodríguez y Lucien Bianchi ya había tomado el liderato. El segundo Ford de Paul Hawkins y David Hobbs también se mantenía en una posición destacada. Pero la lluvia llegó con fuerza durante la noche y transformó completamente la carrera. En esas condiciones, el Matra MS630 número 24, pilotado por Johnny Servoz-Gavin y Henri Pescarolo, comenzó a adquirir un protagonismo inesperado. El coche francés no disponía de unos limpiaparabrisas capaces de garantizar una visibilidad adecuada bajo el diluvio. Aun así, Henri Pescarolo protagonizó una de las actuaciones más recordadas de aquella edición.

Durante horas, el piloto francés condujo bajo la lluvia, con una visibilidad muy limitada y afrontando unas condiciones que ponían a prueba la resistencia física y mental de cualquiera. Su actuación despertó la admiración de los aficionados franceses, que seguían sus evoluciones a través de la radio. El nombre de Pescarolo comenzó a adquirir una dimensión especial entre el público de Le Mans.

El Matra, pese a sus problemas, avanzaba hacia las posiciones de cabeza. Durante la madrugada llegó a situarse segundo, mientras el Ford GT40 de Bianchi y Rodríguez consolidaba su liderato. Pero el equipo francés todavía tendría que afrontar una última batalla. Con el paso de las horas, la lluvia perdió intensidad. Servoz-Gavin volvió al volante del Matra y el equipo trató de mantener su posición en carrera, aunque la falta de fiabilidad de los limpiaparabrisas había condicionado seriamente su actuación durante la noche.

Por detrás, el Alfa Romeo T33/2 de Ignazio Giunti y Nanni Galli avanzaba con una regularidad impresionante. A primera hora de la mañana, el prototipo italiano consiguió superar al Matra y situarse en la segunda posición. La remontada del coche francés, sin embargo, todavía no había terminado. Servoz-Gavin recuperó terreno y volvió a adelantar al Alfa Romeo, provocando el entusiasmo de los espectadores que habían seguido la actuación de Pescarolo durante la noche.

Aquella carrera no proporcionó a Matra el resultado que buscaba, pero sí contribuyó a forjar una relación muy especial entre la marca francesa y el público de Le Mans. Durante la mañana del domingo, el Ford GT40 de Pedro Rodríguez y Lucien Bianchi conservaba el liderato con una ventaja considerable. El coche número 9 se dirigía hacia la victoria con un ritmo sólido y sin problemas importantes.


A las 11:40, sin embargo, la carrera volvió a teñirse de tragedia. El Alpine A220 de Mauro Bianchi, hermano de Lucien, sufrió un accidente en la zona de Tertre Rouge. El coche se salió de la pista y quedó envuelto en llamas. Mauro Bianchi sufrió graves quemaduras, aunque su vida no llegó a estar en peligro. Poco después, el Matra 630 sufrió un pinchazo que obligó al equipo a detenerse en boxes. El coche regresó a la pista, pero su carrera estaba a punto de terminar.

A las 12:20, otro neumático del Matra reventó en la recta de Hunaudières. El incidente provocó un incendio y obligó a retirar definitivamente el coche número 24. La extraordinaria actuación nocturna de Pescarolo y Servoz-Gavin terminaba así, a pocas horas de la bandera de cuadros. Por delante, Pedro Rodríguez y Lucien Bianchi continuaban administrando su ventaja con el Ford GT40 de John Wyer.

A las tres de la tarde del domingo, después de 24 horas de carrera, el coche número 9 cruzó la línea de meta como vencedor. Había completado 331 vueltas al circuito, equivalentes a 4.452,88 kilómetros, a una velocidad media de 185,5 km/h.

El Porsche 907 LH (Langheck) de Dieter Spoerry y Rico Steinemann terminó segundo, a cinco vueltas del vencedor. El Porsche 908 de Rolf Stommelen y Jochen Neerpasch completó el podio, a seis vueltas. El Alfa Romeo T33/2 de Ignazio Giunti y Nanni Galli acabó cuarto, después de haber luchado durante buena parte de la carrera por las posiciones de cabeza.

Ford conseguía así su tercera victoria consecutiva en las 24 Horas de Le Mans. Pero el triunfo tenía un valor añadido: la marca estadounidense se proclamaba también campeona del mundo de marcas de 1968, con una ventaja de tres puntos sobre Porsche. El fabricante alemán había demostrado una velocidad extraordinaria, pero los problemas mecánicos de sus 908 terminaron por frustrar su asalto a la victoria absoluta.

Para John Wyer, en cambio, aquella victoria suponía la confirmación de un proyecto que había comenzado varios años antes, cuando el programa oficial de Ford había perdido interés en el GT40. El veterano coche americano, preparado por el equipo británico y vestido con los colores azul y naranja de Gulf, había vuelto a demostrar que la velocidad no lo era todo en Le Mans.
También contaban la resistencia, la regularidad y la capacidad de sobrevivir a una carrera tan exigente como aquella.

Y el Matra 630, aunque no pudo llegar a la meta, había dejado su propia huella en una edición inolvidable.


En cuanto a la miniatura, este Matra 630 de Le Mans Miniatures es una reproducción preciosa. La marca francesa ha conseguido representar con mucho detalle las formas del prototipo francés, un coche que aquella noche de lluvia se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la carrera. Una pieza realmente impresionante.

Fotografía de la miniatura: Juanjo Castellanos (Mikius).