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martes, 28 de julio de 2026

Nacido a tan solo 7 km del circuito de Zandvoort: Gijs van Lennep.


Porsche 911 Carrera RSR Turbo #22.
Gijs van Lennep (NL) y Herbert Müller (CH).
Martini Racing Team (D).
XLII Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1974.
S 3000 = Sport 2001 - 3000 cc.
2nd general, 332 vueltas.

Ref. LMM-132042/22M de LE MANS MINIATURES.
Resina RTR, Ready To Run.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


No es de extrañar que alguien nacido a solo siete kilómetros del circuito de Zandvoort se convirtiera en piloto de carreras. Pero que ejerciera su profesión con tanto éxito como para ser calificado de “mejor piloto holandés del siglo XX” es tan sorprendente como su propio nombre: Jonkheer Gijsbert van Lennep, ‘Gijs’ para abreviar. Nació a las afueras de Bloemendaal, en Aerdenhout, el 16 de marzo de 1942.

Su carrera internacional comenzó en 1966, cuando compartió un Porsche 906 del Racing Team Holland con su hermano David. Poco a poco fue acumulando experiencia junto a Ben Pon en las principales pruebas de resistencia, hasta llamar poderosamente la atención en 1969 al conseguir una buena actuación en los 1.000 Km de Nürburgring pilotando un Abarth de dos litros así como en los 1.000 Km de París con un Porsche 908 junto al también holandés Toine Hezemans.

En 1970 fue fichado por el equipo de Arnio Wihuri alcanzando dos victorias junto a Hans Laine (en categoría tres litros con un Porsche 908) que le abrieron las puertas a una oportunidad que cambiaría su carrera: el archiconocido Martini Racing Team confió en él para pilotar uno de sus Porsche 917 K. El éxito no tardó en llegar ya que en las 24 Horas de Le Mans de 1971, compartiendo el prototipo con Helmut Marko, conquistó una gloriosa victoria estableciendo el récord a la distancia recorrida, marca imbatida durante 39 años.

Aunque también probó suerte en la F1, se le consideró un piloto de relleno. Desengañado con sus penalidades pasadas en esta categoría, retomó las carreras de larga duración, donde siguió acumulando éxitos con Porsche. En 1973 ganó la Targa Florio, en 1974 terminó segundo en Le Mans y en 1975 se impuso en la categoría GT con un Porsche Carrera RSR.

Poco entusiasmado con el pilotaje de los Grupo 5, decidió poner fin a su carrera profesional como piloto en 1976, después de las 24 Horas de Le Mans, que ganó por segunda vez. Volvió a subir a lo más alto del podio de La Sarthe junto a Jacky Ickx al volante del nuevo Porsche 936.

Fue precisamente esta segunda victoria la que dejó una de las imágenes más bonitas de su carrera. Con la carrera ya decidida y el Porsche 936 camino de la victoria, Jacky Ickx cedió a Gijs van Lennep el último relevo para que fuera él quien cruzara la meta. Más que un gesto deportivo, fue el reconocimiento de un campeón hacia otro campeón. De un gentleman driver hacia otro gentleman driver. Un acto de respeto que explica por qué ambos son tan admirados dentro del mundo del automovilismo deportivo.

Para ambientar la entrada, he escogido el Porsche 911 Carrera RSR Turbo con el #22. Gijs van Lennep quedó segundo en las 24 Horas de Le Mans de 1974 junto al suizo Herbert Müller. El cochecito es una reproducción de Le Mans Miniatures que lleva la referencia LMM-132042/22M.





lunes, 27 de julio de 2026

Citroën Traction Avant de 1934, nuestro "Once Ligero".


Citroën Traction 15 Six.
Kit bruto en resina, marca desconocida.
Montaje y pintura de Manel Espallargas.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


Agotado, deseando darse una ducha y obsesionado por el zumbido del motor, el 21 de mayo de 1927 Charles Lindbergh se acercaba a Paris. Atrás quedaban más de 32 horas de vuelo en solitario cruzando el Atlántico. Y por fin en la oscuridad de la noche se divisaba la capital gala, sobre todo la brillante Torre Eiffel, entonces el edificio más alto del mundo, iluminado con siete letras de unos treinta metros cada una: CITROËN.

Al sobrevolarla, posiblemente el joven piloto pensaría que los franceses hacían las cosas a lo grande. Y así era: sobre todo, uno. André Citroën tenía alquilada la torre donde había hecho instalar 250.000 bombillas y unos 600 metros de cable que recordaran cada noche a los parisinos su marca de automóviles.

Citroën era un tipo cordial, que disfrutaba de la vida y de la gente. Tenía conocimientos de mecánica, pero sobre todo fue un visionario que supo rodearse de ingenieros con talento a los que inspirar. Ya con veintipocos años había adquirido una licencia de fabricación de engranajes helicoidales (es decir, en “V” en lugar de rectos) y con dos dientes de engranaje había formado el emblema que nos es tan familiar. Luego durante la guerra fabricó munición para el ejército francés y terminada la contienda decidió fabricar automóviles.

No era un tipo de medias tintas, así que desde el principio se inspiró en los más innovadores, que por la época eran los americanos. De Estados Unidos trajo a Europa la fabricación en cadena, popularizada por Henry Ford, así como el método de Edward G. Budd para fabricar carrocerías sólidas hechas completamente de acero.

Y finalmente, introdujo en Europa el sistema (también americano) que llamó “Moteur Flottant”: la suspensión del motor mediante elementos elásticos, reduciendo así las vibraciones que se extendían al resto del vehículo, que eran hasta entonces una plaga irresoluble para los constructores. También fue pionero en publicidad, con golpes de efecto como el de la Torre Eiffel o innovaciones como el buzoneo o la venta a crédito.

Así que a pesar de ser el último en llegar (Renault y Peugeot llevaban años en el sector), en poco tiempo Citroën se convirtió en el primer fabricante francés y, atención… cuarto del mundo. Así es, los años ’20 fueron de Citroën: con su entusiasmo y el apoyo de los bancos fue de éxito en éxito. Ni siquiera la crisis mundial que comenzó en 1929 supuso un obstáculo para nuestro fenómeno, que siguió invirtiendo (y endeudándose) a lo grande, preparando el próximo bombazo.

Aunque su desarrollo comenzó en 1928, el Citroën C4 se consolidó en el mercado en 1929. Era un coche de gama media, diseñado para competir con los Renault y Peugeot de la época. Se ofrecía en diferentes carrocerías y destacaba por su fiabilidad mecánica y construcción robusta. Junto con el C4, Citroën lanzó el C6, un modelo más grande y lujoso con motor de seis cilindros. Fue el primer automóvil francés con motor flotante (sistema de montaje con soportes de goma para reducir vibraciones), tecnología que se inspiraba en el "Floating Power" de Chrysler.

La gama Rosalie reemplazó a los C4 y C6 en 1932 y se ofreció en tres versiones: 8 CV, 10 CV y 15 CV, con motores de cuatro y seis cilindros. Fue uno de los primeros modelos en incorporar una estructura con carrocería totalmente de acero, en colaboración con la empresa Budd. En 1933, Citroën introdujo la versión Rosalie 15 CV "Petite Rosalie", que batió récords de resistencia en el circuito de Montlhéry. Estos modelos fueron clave en la historia de Citroën, pero no pudieron evitar la crisis financiera de la empresa, que llegó al límite con la enorme inversión en el desarrollo del Traction Avant.

El Citroën Traction Avant conocido en países de habla hispana como “Once Ligero”, es uno de los automóviles más innovadores y revolucionarios del siglo XX, con tal carga de innovación tecnológica que sus rivales no podían creerlo. Presentado en 1934, fue el primer coche de producción en serie en combinar tracción delantera, carrocería monocasco autoportante con el “moteur flottant”, y suspensión independiente en las cuatro ruedas. Estas características lo convirtieron en un adelantado a su tiempo y en un referente para la industria automotriz.


Diseñado bajo la dirección del genial ingeniero André Lefebvre y con la estética a cargo de Flaminio Bertoni (el mismo que más tarde crearía el DS), el Traction Avant ofrecía una conducción excepcionalmente estable y segura para la época. Gracias a su diseño aerodinámico y a su centro de gravedad más bajo, tenía una gran adherencia en carretera, lo que le valió el apodo de Rey de la Carretera.

El modelo se fabricó en diversas versiones y cilindradas, desde el 7 CV con un motor de 1.3 litros hasta el más potente 15/6, que montaba un motor de seis cilindros y 2.9 litros. También se barajó la posibilidad de un V8, pero nunca llegó a producción. A lo largo de sus más de 23 años de fabricación (hasta 1957), el Traction Avant se convirtió en el coche preferido de empresarios, familias y hasta de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial.


El desarrollo y lanzamiento del Citroën Traction Avant en 1934 llevaron a la empresa a una situación financiera crítica que culminó en la quiebra. La introducción de este modelo implicó inversiones significativas en investigación, desarrollo y reestructuración de la producción para incorporar sus innovadoras características (la tracción delantera y la carrocería monocasco). Estas inversiones, sumadas a los desafíos técnicos iniciales y al contexto económico de la época, generaron un sobreendeudamiento que la empresa no pudo sostener. Como resultado, en diciembre de 1934, Citroën se declaró en quiebra.

El coche sería un exitazo, pero André, el patrón todopoderoso, el visionario, no viviría para disfrutarlo… a su lanzamiento los bancos cerraron el grifo del crédito y otorgaron la gestión al fabricante de neumáticos Michelin, su mayor acreedor, para evitar su desaparición. André cedió sus acciones y consumido por un cáncer de estómago, murió a los pocos meses.


Su legado es incuestionable. Sentó las bases de los automóviles modernos y demostró que la tracción delantera era una solución viable y efectiva. A día de hoy, el Citroën Traction Avant sigue siendo una de las joyas más queridas por los coleccionistas de coches clásicos.

La miniatura representa un Citroën Traction Avant 11CV. La encontré como un desgüace de mercadillo y se restauró en un elegante color burdeos que, en mi opinión, le sienta de maravilla. No puedo asegurar su procedencia, aunque por algunos detalles me hace pensar que quizás no sea una pieza original de Hobby Classic (el soporte de la matrícula está montado del revés). En cualquier caso, me habría encantado que lo fuera.





WM P79, la flecha francesa del Grupo GTP en 1979.


WM P79 #52.
Max Mamers (F) y Jean-Daniel Raulet (F).
W.W. Aerem (F).
XLVII Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1979.
GTP +3000 = Grand Touring Prototypes +3000 cc.
14th general, 1st GTP +3000, 268 vueltas.

S/ref. resina de Slot Real Car para FOLM.
Kit bruto en resina montado por Manel Espallargas.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


Para entender la estética de este prototipo, es justo hablar de la apuesta de Esso, la mítica marca de la multinacional Standard Oil, cuyo logotipo del óvalo blanco y rojo ha estado ligado a innumerables gestas del automovilismo francés, actuando como sponsor técnico y financiero perfecto para que pequeños constructores locales pudiesen materializar sus sueños en La Sarthe.

En la edición de 1979, esa alianza dio vida al WM P79, una de las creaciones más singulares de los ingenieros Gérard Welter y Michel Meunier (WM). El proyecto nació con una obsesión casi enfermiza por la aerodinámica, configurando el embrión de los prototipos que años más tarde batirían el récord absoluto de velocidad en la recta de Les Hunaudières.

Si miramos lo que llevaba dentro, este coche era un claro ejemplo de ingeniería de resistencia francesa. Montaba el famoso motor PRV (Peugeot-Renault-Volvo) V6 de 2.7 litros, asistido por dos turbocompresores KKK. Con las restricciones propias de la categoría GTP, esta mecánica entregaba unos respetables 410 CV de potencia. Toda esa rabia iba directa al eje trasero mediante una caja de cambios manual de 5 velocidades sin ningún tipo de asistencia electrónica.

Con un peso de apenas 850 kg y una baja resistencia al aire, el coche compensaba su menor potencia frente a los brutales Porsche 935 con un paso por curva noble y una velocidad punta asombrosa, convirtiéndose en un coche duro y muy constante en carrera.


La escudería oficial WM Esso puso el coche en pista luciendo una decoración espectacular. La carrocería pintada en un blanco inmaculado, servía de fondo para las bandas con los colores de la bandera de Francia y los logotipos clásicos de Esso. Para pilotar nuestro prototipo con el dorsal #52, confiaron en una dupla de la casa con muchas horas de vuelo en resistencia: los franceses Max Mamers y Jean-Daniel Raulet. A pesar de una carrera durísima marcada por las trombas de agua y una alta tasa de abandonos, ambos mantuvieron la cabeza fría para llevar al coche hasta la meta en una meritoria 14ª posición absoluta, alzándose con una sorprendente victoria en la categoría GTP.

Esta miniatura que os he presentado nació como un kit bruto en resina de la marca Slot Real Car para el club de entusiastas franceses FOLM. Mi unidad fue montada, pintada y detallada por las manos maestras del propio Manel Espallargas. El complicado ajuste de los vacuformes, la limpieza de las calcas sobre el blanco inmaculado y la rareza de la pieza hacen que esta resina sea una de mis preferidas.




viernes, 24 de julio de 2026

El último rugido de un clásico: Kremer K8, Le Mans 1997.


Porsche Kremer K8 #5.
Tomás Saldaña €, Carl Rosenblad (S) y Jürgen Lässig (D).
Kremer Racing (D).
LXV Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1997.
P = LMP / Le Mans Prototypes.
36th, Abandono (motor), 103 vueltas.

Carrocería inyectada en ABS, tampografiada de Revoslot.
RTR, Ready To Run.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


La Wikipedia dice que Repsol SA es una multinacional energética y petroquímica española fundada en 1987. Entre sus actividades están la exploración, explotación, producción, transporte y refinado de petróleo y gas. Además, produce, distribuye y comercializa derivados del petróleo, productos petroquímicos y gas licuado y vende gas natural. Desde 2018 comercializa también gas y electricidad en el mercado minorista español. En la lista Forbes Global 2000 publicada en 2020, Repsol fue clasificada como la 645ª sociedad anónima más grande del mundo.

El logotipo de Repsol nació en 1968 para identificar a un lubricante de motor. Su nombre original deriva de la empresa fundadora, Refinería de Petróleos de Escombreras (REPESA), elegido por su notoriedad y fácil pronunciación en varios idiomas. En la década de 1980, ante el fin del monopolio estatal del petróleo, el Instituto Nacional de Hidrocarburos (INH) buscó crear una corporación público-privada para gestionar los activos petroleros del Estado.

Para elegir el nombre, se realizó una encuesta ciudadana en la que las dos únicas marcas que la población asoció con el sector fueron Campsa y Repsol. Se seleccionó Repsol por ser un nombre corto, sonoro y fácil de recordar. Su estructura combina las primeras letras de REPESA con la palabra "sol", muy asociada a España. Tras su fundación, una intensa campaña publicitaria consolidó a Repsol como una de las empresas más conocidas del país.

Para los que amamos las carreras de resistencia, hablar de los hermanos Kremer son palabras mayores. Eran una estructura privada alemana con un mérito increíble, capaces de plantar cara a las marcas oficiales con presupuestos mucho más modestos. El proyecto del Porsche Kremer K8 Spyder nació en 1994 y fue una jugada maestra de ingeniería: como las nuevas normativas penalizaban al mítico Porsche 962 cerrado, Kremer aprovechó su excelente chasis de aluminio y carbono y lo rediseñó por completo para convertirlo en una barqueta abierta.

Ganaron las 24 Horas de Daytona con él en 1995, pero para Le Mans 97, las cosas se habían puesto imposibles para este tipo de coches. Aquella edición estuvo totalmente eclipsada por la categoría GT1, donde las fábricas habían volcado toda su artillería con bestias salvajes como los McLaren F1 GTR, los Nissan R390 y los Porsche 911 GT1; verdaderos prototipos encubiertos que relegaron a los LMP privados a un papel muy secundario, salvo al TWR Porsche del Team Joest, ganador a la postre.

Si miramos lo que llevaba dentro nuestro Kremer, era una joya de la vieja escuela de Stuttgart. Hablamos del motor Porsche Tipo 935/76: un bloque bóxer de 6 cilindros y 3 litros que todavía mantenía la refrigeración por aire en sus cilindros. Llevaba dos turbocompresores KKK y, con las bridas de admisión que exigía el reglamento ese año, entregaba unos 530 CV.

Toda esa potencia iba directa al eje trasero mediante una caja de cambios manual de 5 velocidades, un sistema sin ayudas electrónicas que exigía la máxima destreza y esfuerzo físico por parte del piloto. Pesaba solo 950 kg, por lo que era un coche duro y fiable, aunque frente al brutal despliegue técnico de los GT1 oficiales, ya le costaba muchísimo mantener el tipo en la recta eterna de Le Mans.


La escudería Kremer Racing puso el coche en pista con el dorsal #5 y consiguió el patrocinio de Repsol, por lo que el prototipo lucía espectacular con esa decoración tan icónica de nuestra historia del motor. Para pilotarlo, confiaron en tres nombres con una buena mezcla de experiencia en la resistencia: el español Tomás Saldaña, el sueco Carl Rosenblad y el veterano alemán Jürgen Lässig, un histórico del equipo que ya sabía perfectamente lo que era exprimir esta barqueta tras su victoria en Daytona.

La pena es que la carrera de 1997 confirmó que el coche acusaba el paso del tiempo ante el ritmo de clasificación impuesto por las marcas. El #5 rodaba a buen ritmo, pero, en mitad de la noche, pasada la 7ª hora de carrera y tras completar 103 vueltas, el motor bóxer dijo basta y tuvieron que abandonar. Pongámonos románticos: esa noche fue una de las últimas veces que se escuchó el auténtico rugido de un Porsche biturbo refrigerado por aire dándolo todo en la recta de Les Hunaudières.

Respecto al Kremer K8 en miniatura, en RevoSlot han hecho una pieza impecable: clava las proporciones de la barqueta y la tampografía de Repsol es fidedigna. Bajo la carrocería monta un chasis metálico de aluminio anodizado firmado por BRM con motor anglewinder. El alerón trasero se monta con un imán, ideal para evitar roturas, sobre todo en competición. Sin embargo, los retrovisores son, sin duda, el punto más débil del conjunto. Vienen sueltos y hay que lijar la base para que encajen en su alojamiento. Incluso después de hacerlo, quedan torcidos y no transmiten la rigidez que cabría esperar.




domingo, 21 de junio de 2026

Jowett Jupiter, el pequeño héroe británico de Le Mans en 1950.


Jowet Jupiter Mk1 #36.
Tom Wisdom (GB) y Tommy Wise (GB).
Jowet Cars Ltd. (GB).
XVIII Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1950.
S 1500 = Sportscars 1101 - 1500 cc.
16th general, 220 vueltas, 2.928,570 km.

Ref. CJ-52 de Slot Classic.
Resina RTR, Ready To Run.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


Cuando se habla de las 24 Horas de Le Mans suelen venir a la mente nombres legendarios como Bentley, Jaguar, Ferrari o Porsche. Sin embargo, la historia de la carrera francesa también está repleta de pequeños fabricantes que, con medios muy modestos, lograron escribir algunas de sus páginas más entrañables. Uno de ellos fue Jowett, una pequeña marca británica nacida en Bradford, Yorkshire, que en 1950 sorprendió al mundo del automovilismo con un deportivo ligero, fiable y extraordinariamente bien concebido: el Jowett Jupiter.

La empresa había sido fundada a principios del siglo XX por los hermanos William y Benjamin Jowett y durante décadas se había especializado en automóviles prácticos y robustos. Tras la Segunda Guerra Mundial, la marca quiso dar un paso adelante y demostrar su capacidad técnica mediante un modelo deportivo capaz de competir internacionalmente. El verdadero secreto del Jupiter no estaba en su aspecto exterior, sino bajo la carrocería.

Su desarrollo fue supervisado por el ingeniero austríaco Robert Eberan von Eberhorst, una figura legendaria que había trabajado en los revolucionarios Auto Union de Gran Premio antes de la Segunda Guerra Mundial. Su influencia se aprecia claramente en la avanzada concepción del coche, muy alejada de la de la mayoría de deportivos británicos de comienzos de los años cincuenta. El chasis estaba construido mediante una ligera estructura tubular de acero al cromo-molibdeno, un material derivado de aplicaciones aeronáuticas que proporcionaba una notable rigidez con un peso muy contenido.

El motor era igualmente singular. Jowett recurrió a un cuatro cilindros bóxer de 1.486 centímetros cúbicos con válvulas en cabeza y refrigeración por agua. La disposición horizontal de los cilindros permitía rebajar el centro de gravedad y mejorar la estabilidad. En especificación de competición desarrollaba alrededor de 60-62 CV, una cifra modesta incluso para la época, pero suficiente gracias al reducido peso del conjunto. La potencia llegaba al eje trasero mediante una caja de cambios manual de cuatro velocidades diseñada por la propia Jowett.


También destacaba la sofisticación de sus suspensiones. Mientras muchos rivales seguían empleando soluciones relativamente convencionales, el Jupiter disponía de suspensión independiente y barras de torsión, una configuración avanzada que favorecía tanto el confort como el comportamiento dinámico. El coche pesaba menos de una tonelada y podía alcanzar cerca de 140 km/h, unas prestaciones perfectamente adecuadas para una máquina concebida prioritariamente para resistir durante veinticuatro horas de competición ininterrumpida.

Con estas credenciales, Jowett decidió afrontar el reto de las 24 Horas de Le Mans de 1950. Las aspiraciones de la pequeña marca inglesa pasaban por demostrar la calidad de su nuevo deportivo. El coche fue confiado a los británicos Tom Wisdom y Tommy Wise, dos pilotos con amplia experiencia que comprendieron desde el primer momento cuál debía ser la estrategia. Una vez iniciada la carrera comenzó a mostrar sus verdaderas virtudes. Mientras otros competidores sufrían averías, problemas de transmisión o abandonos provocados por el enorme desgaste de la prueba, el pequeño roadster británico continuó girando con una regularidad admirable. Su chasis equilibrado, la eficiencia del motor bóxer y la disciplina de sus pilotos permitieron que completara las veinticuatro horas sin incidencias importantes.

Aquella estrategia dio sus frutos. Al caer la bandera a cuadros, el Jowett Jupiter había conquistado la victoria en la categoría de hasta 1.500 centímetros cúbicos, un resultado extraordinario para una empresa tan modesta. No fue una victoria fruto de la casualidad, ya que el modelo repetiría éxitos de categoría en las ediciones de 1951 y 1952, convirtiéndose en uno de los coches pequeños más eficaces de aquellos años.


Aunque Jowett desaparecería pocos años después, el prestigio adquirido por el Jupiter sobrevivió a la propia marca. Hoy es considerado uno de los deportivos británicos más interesantes de la inmediata posguerra y una pieza muy apreciada por coleccionistas y aficionados a la historia de Le Mans. Su elegante diseño, su avanzada concepción técnica y su notable historial deportivo lo han convertido en un automóvil especialmente querido entre quienes valoran las historias de los pequeños fabricantes capaces de desafiar a gigantes mucho mayores.

La reproducción del Jowett Jupiter, vencedor de categoría en Le Mans en 1950, es una de esas piezas a las que tengo especial cariño. Más allá de su rareza, me gusta porque representa una pequeña historia de Le Mans que merece seguir siendo recordada. La versión de Slot Classic refleja muy bien el carácter del coche, con una realización sencilla y fiel al original. Y, aunque lleva tiempo en la vitrina, todavía me alegra verla entre el resto de modelos de la colección.




sábado, 20 de junio de 2026

Un paso importante para el resurgimiento de Jaguar en las carreras de resistencia: el XJR-5.


Jaguar XJR-5 #44.
Bob Tullius (USA), Chip Robinson (USA) y Claude Ballot-Léna (F).
Jaguar Group 44 (USA).
LIII Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1985.
IMSA GTP = IMSA Grand Touring Prototypes.
13th general y 1st IMSA GTP, 344 vueltas, 4.403 km.

Ref. CB024/2 de Proto Slot Kit (PSK).
KPP, kit pre-pintado en resina, montaje y pintura de Manel Espallargas.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


A principios de la década de 1980, Jaguar buscaba reavivar su legado en las carreras de resistencia. La marca británica había dominado Le Mans en los años 50 con modelos como el C-Type y el D-Type, pero llevaba más de dos décadas sin una participación oficial en la prueba. Para regresar a la élite del automovilismo, Jaguar se asoció con el equipo estadounidense Group 44 Racing, dirigido por Bob Tullius, quien ya tenía experiencia en campeonatos como el IMSA GT.

El proyecto del XJR-5 comenzó en 1982 con el objetivo de competir tanto en la IMSA como en Le Mans. Fue diseñado por el ingeniero Lee Dykstra, quien optó por una estructura monocasco de aluminio para reducir peso y mejorar la rigidez. La aerodinámica se optimizó para aprovechar el efecto suelo, incorporando faldones laterales y un gran alerón trasero.


El XJR-5 representó el regreso de Jaguar a Le Mans después de 22 años de ausencia. Su diseño combinaba la tradición de la marca con nuevas tecnologías aplicadas a los prototipos de resistencia. El equipo Group 44 inscribió dos unidades para la edición de 1985, con la ambición de demostrar la competitividad del modelo frente a rivales como Porsche, Lancia y los equipos privados de March y Rondeau, si bien no era un contendiente a la victoria absoluta.

El Jaguar XJR-5 estaba equipado con un motor V12 atmosférico de 5.3 litros, derivado del que montaban los Jaguar XJS de calle. Desarrollaba aproximadamente 530 CV a 8.000 rpm y estaba acoplado a una caja de cambios manual de cinco velocidades. Su chasis monocasco de aluminio pesaba alrededor de 900 kg, lo que lo hacía relativamente ligero para su categoría.


La aerodinámica del coche se diseñó con un enfoque en la estabilidad a alta velocidad, con un frontal bajo y una gran entrada de aire en el techo para refrigerar el motor. Su suspensión era de doble horquilla en ambos ejes, con amortiguadores Koni regulables, y los frenos de disco ventilados proporcionaban una gran capacidad de frenado en la larga recta de Les Hunaudières.

El coche con el dorsal #44 fue asignado a Bob Tullius, Chip Robinson y Claude Ballot-Léna. Durante los entrenamientos, el equipo trabajó en la puesta a punto del coche para el exigente circuito de La Sarthe, buscando el equilibrio adecuado entre velocidad punta y estabilidad en curva. En la clasificación, el Jaguar XJR-5 marcó un tiempo mediocre, lejos de los Porsche 956, dominantes en la parrilla. A pesar de no partir en las primeras posiciones, el equipo tenía confianza en la resistencia del coche para la carrera.


A lo largo de la prueba, el Jaguar se enfrentó a condiciones cambiantes, con periodos de lluvia ligera que complicaron la adherencia en algunos tramos del circuito. Pero el plan del equipo se mantuvo firme: mantuvieron un ritmo constante, realizando paradas en boxes eficientes y asegurando que los pilotos gestionaran el desgaste de neumáticos y frenos. La fiabilidad del motor V12 permitió que el coche se mantuviera en carrera sin problemas mecánicos significativos, a diferencia de otros competidores que sufrieron fallos técnicos o accidentes.

Tras 24 horas de competición, el Jaguar XJR-5 completó un total de 344 vueltas, recorriendo aproximadamente 4.403 kilómetros. Terminó en la decimotercera posición general y se adjudicó la victoria en la categoría IMSA GTP, en la que solamente competía con el otro Jaguar del equipo, que acabó abandonando. No obstante, significó un gran éxito para Jaguar y Group 44 en su retorno a Le Mans.


El papel del XJR-5 en Le Mans 1985 fue un paso importante para el resurgimiento de Jaguar en las carreras de resistencia. Este modelo sirvió como base para los siguientes prototipos de Jaguar en Le Mans, como el XJR-6 y el XJR-9. Finalmente, en 1988, Jaguar logró la victoria absoluta en Le Mans con el XJR-9, consolidando su regreso a la élite del automovilismo.

Varias unidades del Jaguar XJR-5 han sido restauradas y se encuentran en condiciones de funcionamiento. Una de ellas, el chasis número 001, fue subastada en el evento Quail Lodge Auction por Bonhams en 2015. Además, el Jaguar Daimler Heritage Trust conserva un ejemplar en su colección, asegurando la preservación de este icónico modelo para futuras generaciones.

El Jaguar XJR-5 de 1985 simbolizó el regreso de una de las marcas más legendarias a Le Mans. Si bien su desempeño no fue suficiente para pelear por la victoria general, su victoria en la categoría IMSA GTP fue un hito importante para Jaguar. Este modelo allanó el camino para los triunfos de la marca en los años siguientes y es recordado como el primer paso de un ambicioso proyecto que llevó a Jaguar nuevamente a la gloria en Le Mans.

La miniatura es la ref. CB024/2 de Proto Slot Kit (PSK). Lo compré pre-pintado y Manel Espallargas se encargó del montaje de esta particular resina.





miércoles, 3 de junio de 2026

Le Mans 2018: el histórico doblete de Porsche en LMGTE Pro.


Porsche 991 RSR #92.
Michael Christensen (DK), Kévin Estre (F) y Laurens Vanthoor (B).
Porsche GT Team (D).
LXXXVI Grand Prix d'Endurance.
Les 24 Heures du Mans 2018.
LMGTE Pro = Grand Touring Endurance Professional.
15th, 1st LMGTE Pro, 344 vueltas.

Porsche 991 RSR #91.
Richard Lietz (A), Gianmaria Bruni (I) y Frédéric Makowiecki (F).
Porsche GT Team (D).
LXXXVI Grand Prix d'Endurance.
Les 24 Heures du Mans 2018.
LMGTE Pro = Grand Touring Endurance Professional.
16th, 2nd LMGTE Pro, 345 vueltas.

Ref. SC-6253PACK de SCALEAUTO.
Carrocería inyectada en plástico ABS, tampografiada.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


El Porsche 911 RSR presentado para la temporada 2017 representó una revolución técnica dentro de la historia del modelo. Aunque mantenía la silueta inconfundible del 911, sus ingenieros realizaron una modificación radical: el motor bóxer de seis cilindros se desplazó por delante del eje trasero.

Esta configuración permitió mejorar significativamente el reparto de pesos, aumentar la estabilidad y optimizar la aerodinámica. El resultado fue un coche mucho más competitivo que los anteriores RSR derivados directamente del tradicional esquema de motor colgado detrás del eje posterior.

El nuevo RSR había demostrado ser rápido desde su debut, pero Le Mans seguía siendo la prueba definitiva. Porsche Motorsport trabajó intensamente para optimizar la fiabilidad, el consumo y el rendimiento aerodinámico en el exigente circuito de La Sarthe.

La experiencia acumulada durante décadas en resistencia permitió desarrollar un coche extraordinariamente equilibrado. En una categoría tan competida como LMGTE Pro, la regularidad podía marcar la diferencia entre la victoria y el abandono.

Porsche alineó cuatro unidades oficiales en Le Mans 2018, dos de ellas con los icónicos colores retro inspirados en el 70º aniversario de la marca. Utilizaba un motor bóxer atmosférico de seis cilindros y aproximadamente cuatro litros de cilindrada, situado en posición central-trasera. La potencia rondaba los 510 CV, transmitidos al eje posterior mediante una caja secuencial de seis velocidades.


La carrocería incorporaba materiales compuestos ligeros y una aerodinámica extremadamente avanzada, desarrollada específicamente para las exigencias de la resistencia. El gran difusor trasero, el fondo plano y el elaborado paquete aerodinámico permitían generar elevados niveles de carga sin penalizar excesivamente la velocidad punta. Todo ello se traducía en un coche extraordinariamente eficaz tanto en las rápidas curvas Porsche como en la larguísima recta de Les Hunaudières.


Desde los primeros entrenamientos quedó claro que la categoría LMGTE Pro sería una auténtica guerra entre los Ferrari 488 GTE Evo, Ford GT, Porsche 991 RSR, Corvette C7.R, BMW M8 GTE y Aston Martin Vantage AMR, separados por diferencias mínimas. Los Porsche oficiales mostraron una gran regularidad durante toda la semana y dos de ellos monopolizaron las dos primeras posiciones de la parrilla.

Aunque estos dos Porsche 911 RSR demostraron ser los coches más competitivos de la categoría, la victoria no se decidió únicamente por velocidad pura. La gestión de los periodos de safety car favoreció al dorsal #92, que consiguió una ventaja estratégica de una vuelta sobre el #91. A partir de ese momento, el equipo se limitó a controlar la carrera sin asumir riesgos innecesarios, asegurando un histórico doblete para Porsche en la categoría LMGTE Pro.


De hecho, muchos aficionados consideran que el #91 tenía ritmo suficiente para luchar por la victoria, pero la neutralización de la carrera acabó siendo el factor determinante que inclinó la balanza a favor del #92. Aquel resultado tuvo una enorme importancia para Porsche. Después de abandonar oficialmente la categoría LMP1 al finalizar 2017, la marca centró gran parte de sus esfuerzos en los GT. El doblete de 2018 confirmó que la decisión había sido acertada. El nuevo 911 RSR no solo era competitivo, sino que se había convertido en la referencia de la categoría GTE Pro.


Las tripulaciones estaban formadas por algunos de los mejores pilotos de resistencia del momento. Michael Christensen, Kévin Estre y Laurens Vanthoor llevaron el Porsche #92 hasta la victoria en la categoría LMGTE Pro. Por su parte, Richard Lietz, Gianmaria Bruni y Frédéric Makowiecki condujeron el Porsche #91 hasta la segunda posición, pese al incidente protagonizado por Makowiecki con el Ford GT de Sébastien Bourdais, que incluso dio lugar a una reclamación posterior.

Las miniaturas reproducen el histórico doblete logrado por los Porsche 911 RSR en la categoría LMGTE Pro de las 24 Horas de Le Mans de 2018. Las reproducciones, decoradas con los icónicos colores retro, han sido realizadas por Scaleauto y se comercializaron conjuntamente en el pack de edición especial con referencia SC-6253.




sábado, 30 de mayo de 2026

El salvaje bóxer italiano que sustituyó al Daytona en Le Mans.


Ferrari 365 GTB BB LM #75.
François Migault (F) y Lucien Guitteny (F).
North American Racing Team (USA).
XLV Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1977.
IMSA = IMSA GT Grand Touring.

Ref. GB034 de Proto Slot Kit (PSK).
Kit bruto en resina.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


A mediados de los años setenta, Ferrari atravesaba una etapa complicada en resistencia. La marca italiana había abandonado oficialmente las grandes batallas absolutas de Le Mans tras la era gloriosa de los 512 y 330, mientras Porsche dominaba el panorama internacional con autoridad. Sin embargo, algunos equipos privados seguían empeñados en mantener viva la presencia del Cavallino Rampante en La Sarthe.

Uno de los coches más espectaculares de aquella época fue el Ferrari 365 GT4 BB LM que participó en las 24 Horas de Le Mans de 1977. Bajo su agresiva silueta escondía un auténtico coche de carreras derivado del mítico Berlinetta Boxer, uno de los Ferrari de calle más radicales jamás construidos.

En efecto, el Ferrari 365 GT4 BB hizo su primera aparición pública en el stand de Pininfarina en el Salón del Automóvil de Turín de 1971, pero tuvieron que pasar casi dos años más antes de que llegara a la línea de producción, donde se mantuvo hasta 1976. Este largo periodo de gestación fue debido a que suponía un concepto completamente nuevo con relación a todos los Ferrari de 12 cilindros de carretera producidos en serie hasta la fecha, a causa de su motor bóxer situado en posición central trasera junto a la transmisión.


El Ferrari 365 GT4 BB apareció en 1973 como sustituto del Daytona y representó una auténtica revolución para Maranello. El diseño del GT4, obra de Pininfarina, era bajo, ancho y afilado, con un aire claramente influenciado por los prototipos deportivos de la época. La denominación del modelo siguió la práctica habitual de Ferrari: el número 365 hacía referencia al cubicaje de cada uno de los 12 cilindros, el 4 era la cantidad total de árboles de levas y el sufijo BB significaba Berlinetta Bóxer.

Técnicamente el motor no era un auténtico bóxer como el de los Porsche 911. Aunque visualmente parecía un bóxer y el motor era completamente plano, en realidad funcionaba más como un V12 a 180°. Ferrari utilizó el nombre “Berlinetta Boxer” principalmente por motivos comerciales y de imagen, porque sonaba muy atractivo y diferenciaba al coche del Daytona. Técnicamente, muchos ingenieros y especialistas lo consideran simplemente un “Flat-12”.

Aunque Ferrari no tenía intención oficial de regresar a Le Mans con un GT derivado de serie, el preparador Luigi Chinetti y su equipo NART vieron un enorme potencial competitivo en el modelo. Transformar un refinado gran turismo de carretera en un coche capaz de soportar 24 horas al límite no era tarea sencilla. El Ferrari 365 GT4 BB LM recibió importantes modificaciones mecánicas y aerodinámicas para adaptarlo a la resistencia.


La carrocería se ensanchó considerablemente y se aligeró mediante el uso de paneles de aluminio y de fibra. El frontal pasó a incorporar tomas de aire de mayor tamaño, para mejorar la refrigeración, y pasos de rueda ensanchados, mientras que la parte trasera recibió un pequeño alerón al final del techo, destinado a aportar mayor estabilidad a alta velocidad en la larga recta de Les Hunaudières. El BB LM ofrecía una imagen visceral, puramente italiana.

El espectacular motor bóxer de doce cilindros y 4.390 cc conservó gran parte de la arquitectura original, aunque profundamente preparado para competición. Alimentado por seis carburadores Weber y encendido Marelli, entregaba alrededor de 450 CV asociado a una caja manual de 5 velocidades, ofreciendo un sonido absolutamente brutal, muy distinto al de los Porsche turboalimentados que dominaban la época.

En las 24 Horas de Le Mans de 1977 el coche mostró una velocidad notable durante entrenamientos y carrera, especialmente en las largas rectas del circuito francés, donde podía superar ampliamente los 300 km/h. Calificó en la 48ª posición en parrilla con un tiempo de 4:27.900. Un espectacular inicio de carrera le permitió ascender hasta la 26ª posición durante la primera hora, aunque varios pequeños problemas mecánicos e incidentes en el primer tercio de la prueba le hicieron perder algunas plazas. A partir de ese momento, el Ferrari mantuvo un ritmo constante y sin grandes complicaciones, remontando progresivamente hasta lograr una meritoria 16ª posición final en la clasificación general.


Pese a ello, el BB LM logró consolidar su imagen como uno de los Ferrari de competición más espectaculares y admirados de los años setenta. No alcanzó el palmarés de los grandes prototipos oficiales de Maranello, pero sí logró algo igual de importante: mantener vivo el espíritu deportivo de Ferrari en una etapa de transición en Le Mans. Además, sirvió como base para los posteriores 512 BB LM, todavía más evolucionados y radicales, que continuarían compitiendo en resistencia a finales de los setenta y primeros años ochenta.

La miniatura es una resina exquisita, la referencia CB079 de Proto Slot Kit.




miércoles, 27 de mayo de 2026

Lancia Stratos HF Turbo: del rally al asfalto de La Sarthe.


Lancia Stratos HF Turbo #89.
Christine Dacremont (F) y Marianne Hoepfner (F).
Team Esso-Aseptogyl (F).
XLV Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1977.
Le Mans GTP / Grand Touring Prototypes.
47th, DNF, Did Not Finish, Abandono (transmisión), 5ª hora, 37 vueltas.

Ref. GM008 de Proto Slot Kit, serie Ghostmodels.
Resina en bruto montada por Manel Espallargas.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).


El Lancia Stratos HF Turbo es una de las máquinas más emblemáticas en la historia del automovilismo, especialmente reconocido por su dominio en los rallyes durante la década de 1970. Sin embargo, su incursión en la resistencia es una faceta menos conocida pero igualmente fascinante de su legado. Este artículo se adentra en los detalles técnicos del modelo, los pilotos que lo condujeron, la escudería responsable, la categoría en la que compitió y su desempeño en la prestigiosa carrera de resistencia del Stratos que se presentó en las 24 Horas de Le Mans de 1977 con el dorsal #89.

Origen y Desarrollo. El Lancia Stratos HF, también conocido como Tipo 829, fue concebido inicialmente como un vehículo de rally. Diseñado por Marcello Gandini de Bertone, su prototipo se presentó en el Salón del Automóvil de Turín en 1971. El diseño rompedor y futurista del Stratos, con su distintiva carrocería en forma de cuña y parabrisas envolvente, capturó de inmediato la atención del mundo automovilístico.

Equipado con un motor V6 de 2.4 litros derivado del Ferrari Dino, el Stratos fue diseñado específicamente para dominar en los rallyes, y lo logró al obtener el Campeonato Mundial de Rally en 1974, 1975 y 1976. Con el objetivo de ampliar su éxito más allá de los rallyes, Lancia desarrolló una versión turboalimentada del Stratos para competir en circuitos de velocidad y carreras de resistencia. Esta variante, conocida como Lancia Stratos HF Turbo, fue adaptada para cumplir con las regulaciones del Grupo 5 de la FIA, que permitían modificaciones significativas en la carrocería y el motor.

Datos Técnicos. La versión turbo del Stratos presentaba varias modificaciones respecto al modelo original de rally. Estaba equipado con un motor V6 a 65° de 2.419 cc, derivado del Ferrari Dino, y contaba con un compresor que incrementaba significativamente la potencia respecto a los 190 CV originales. Su configuración con motor central-trasero transversal proporcionaba un centro de gravedad bajo y una distribución de peso equilibrada, ideal para competiciones de alta velocidad. La transmisión consistía en una caja de cambios manual de 5 velocidades, adaptada para manejar el aumento de potencia generado por el compresor.

El chasis monocasco estaba reforzado con paneles de fibra de vidrio, diseñados para reducir el peso total del vehículo y mejorar la aerodinámica. La suspensión independiente en las cuatro ruedas, con brazos triangulares y resortes helicoidales, estaba ajustada para competiciones en circuitos de alta velocidad. Contaba con frenos de disco ventilados en las cuatro ruedas, dimensionados para soportar las exigencias de una carrera de 24 horas. En cuanto a sus dimensiones, tenía una longitud de 3.710 mm, una anchura de 1.750 mm, una altura de 1.110 mm y una distancia entre ejes de 2.180 mm. Su peso aproximado era de 980 kg, lo que, combinado con el motor turboalimentado, resultaba en una relación peso-potencia altamente competitiva.

24 Horas de Le Mans de 1977. En esta edición el Lancia Stratos HF Turbo hizo su aparición en las 24 Horas de Le Mans, una de las carreras de resistencia más prestigiosas del mundo. El vehículo, identificado con el dorsal #89, fue inscrito por el Team Esso-Aseptogyl, una escudería conocida por promover la participación femenina en el automovilismo. El coche competía en la categoría GTP (Grand Touring Prototype), destinada a prototipos de gran turismo con modificaciones.


El Team Esso-Aseptogyl fue una escudería francesa notable por su enfoque en promover la participación femenina en el automovilismo. Fundada por Bob Neyret, un dentista y piloto de rally, la escudería recibió el patrocinio de Aseptogyl, una marca de productos de higiene dental, y de Esso, la reconocida compañía petrolera. El equipo se destacó por inscribir vehículos competitivos en diversas categorías, desafiando las normas tradicionales del deporte motor y abriendo camino para futuras generaciones de mujeres en el automovilismo.

El equipo de conducción del Stratos HF Turbo estuvo compuesto por dos experimentadas pilotos francesas: Christine Dacremont, con amplia experiencia en competiciones de resistencia y turismos y Marianne Hoepfner, también con una trayectoria destacada en el automovilismo, reforzando en la carrera la presencia femenina en una disciplina tradicionalmente dominada por hombres.


La participación del Lancia Stratos HF Turbo en Le Mans 1977 no estuvo exenta de dificultades. A pesar de mostrar un rendimiento prometedor en las dos primeras horas de la prueba, el coche sufrió problemas mecánicos que complicaron su continuidad en la competición. Finalmente, el vehículo se vio obligado a abandonar la carrera tras completar 78 vueltas debido a una avería en el sistema de transmisión. Este abandono supuso un revés para el equipo, pero dejó constancia del esfuerzo y la determinación de sus pilotos y mecánicos en una de las pruebas más exigentes del automovilismo mundial.

La miniatura. Esta reproducción parte de un kit bruto en resina de Proto Slot Kit (PSK), concretamente la referencia GM-008 de la serie Ghostmodels. Ha sido montada totalmente a mano por Manel Espallargas, quien ha añadido esos pequeños detalles que marcan la diferencia y le dan un valor añadido: llantas pintadas en dos tonos, soporte de tres patas para el retrovisor suplementario derecho, colocación precisa de las calcas y finos toques de pintura en retrovisores, intermitentes laterales, piloto del techo, tapones de gasolina, tirantes traseros, huecos en negro y otros remates similares. La carrocería va montada sobre un chasis Slot Classic, y el conjunto está impulsado por un motor tipo Mabuchi.