Pegaso Z-102 Berlinetta Enasa 2ª serie.
#54 Joaquín Palacio (E).
ENASA, Empresa Nacional de Autocamiones SA (E).
G.P. Sport de Mónaco 1952.
DNS, Did Not Start.
Resina a 1/43 de Haz Hoby.
(Colección Pegaso 143 de Mulsanne Stone).
G.P. Sport de Mónaco.
El año 1952 no se celebró la tradicional carrera monegasca para coches de Gran Premio. En su lugar se organizaron dos carreras para automóviles de la categoría Sport, según el anexo C de la reglamentación deportiva internacional: el G.P. de Montecarlo para vehículos de hasta 2.000 c.c. y el G.P. de Mónaco para las cilindradas superiores, que se celebraron el mismo día, el 2 de junio, uno a continuación del otro.
En este cosmopolita escenario que, para su primerísima participación en una competición deportiva, se inscriben por ENASA dos Pegaso Z-102. Se trata de las dos berlinettas aligeradas, carrocería de fábrica BE 2, bastidores 0113 y 0115, equipadas con motores 2.8 litros con cuatro carburadores. Pintadas de color rojo con el capó en amarillo, dotado de rejillas de aireación y de aberturas para los tapones exteriores de aceite y agua, utilizaban las matrículas provisionales B-104251 y B-104252. Fueron acompañadas por un tercer coche, de apoyo, la Berlinetta Enasa 2ª serie con bastidor 0114.
Los conductores titulares eran Joaquín Palacio y Juan Jover. El montaje de los dos vehículos no se concluyó hasta unos días antes de la prueba. Se decidió hacer un rodaje sumario para comprobar que no había ruidos anómalos, ni gripajes y que las piezas asentaran lo justo para utilizar los coches. Para ello, salieron por carretera desde Barcelona hasta el Principado de Mónaco, conducidos respectivamente por Joaquín Palacio, acompañado del mecánico Urbano, y por el también conductor de fábrica Celso Fernández, acompañado del mecánico Admirable.
Unos días antes se desplazaron Canals y Pedro Fernández al volante de dos camiones con recambios y equipo diverso. Con la expedición se trasladaron a Montecarlo Wilfredo P. Ricart y Serdá, responsable del servicio de Experiencias, con su adjunto W. Ricart, Jr.
Una vez en el circuito, de tan sinuoso y difícil trazado, se puso en evidencia una insoportable temperatura en el habitáculo de los coches. El elevado calor reinante unido al del motor se acumulaba en la carrocería cerrada, desprovista de guarnición interior y con ventanillas laterales correderas, falta de un sistema suficiente de aireación para estas condiciones. Los frenos se demostraron insuficientes en las frecuentes solicitaciones que exigía el circuito. Además, la dirección resultaba durísima de manejo; ello dio lugar a que se desmontaran las cajas de dirección de ambos coches, en un intento de suavizar las estrías del sinfín, operación que hubieron de hacer manualmente los mecánicos con limas finas, piedra de esmeril, pasta abrasiva y mucha paciencia y tacto, al no tener acceso a un torno adecuado.
Entrenamientos oficiales.
En los entrenamientos oficiales se produjo en los dos coches la misma extraña anomalía: la rotura de una canalización exterior de aceite, que al verterse sobre los colectores de escape produjo una enorme humareda, dando la impresión de que los coches se habían incendiado y que, según W. Ricart hijo, llegaron a considerar debida a un sabotaje. Ante la falta de preparación que demostraban los vehículos, de madrugada, silenciosa y subrepticiamente, los montaron en los dos camiones y abandonaron Montecarlo. “Mi prestigio puede aguantar este percance, pero que no se repita” dicen que comentó W.P. Ricart a los responsables de la preparación.
En los entrenamientos oficiales los dos Pegaso fueron mejorando paulatinamente sus tiempos, dejándolos establecidos en 2’07”1 (Jover) y 2’08”4 (Palacio), que los hubieran situado en la penúltima fila de la parrilla de salida, por delante de Jaguar C de Wisdom, del Allard J2 X de Mascarenhas y de un Delage 135… pero en todo caso muy alejados del Levegh/Moss que ocupaban la pole con 2’00”2.
El G.P. de Mónaco lo ganó Marzotto al volante de un Ferrari 212, en una carrera pródiga en incidentes y accidentes.
La anécdota.
Ni Jover ni Palacio se habían provisto de cascos protectores, que sin embargo eran exigidos por la dirección de carrera. Para subsanar con poco gasto la deficiencia compraron unos shalakoffs de corcho que pintaron con tinte rojo. Durante los entrenamientos, y debido al calor, la pintura se destiñó, manchando la cara y cuello de los conductores de forma tal que en el stand se asustaron pensando que sufrían de alguna extraña hemorragia.
Bibliografía.
“Los automóviles Pegaso y sus protagonistas” de Carlos Mosquera y Enrique Coma-Cros.
NOTA: No hay evidencia de que alguna unidad de Pegaso Z-102 figure en la parrilla de salida ni en la tabla definitiva de clasificaciones de carrera. Esto indica de forma muy clara que los Z-102 estuvieron en Mónaco 1952 para pruebas/ensayos, pero no tomaron la salida en la carrera.




No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchas gracias por visitar el blog y por añadir un comentario; te lo agradezco. Reconozco que me gusta que me escriban, y me gusta responder.