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viernes, 30 de enero de 2026

Bugatti Type 57G: La joya aerodinámica que reinó en Le Mans en 1937.


Bugatti Type 57G Tank
#2 Robert Benoist (F) y Jean-Pierre Wimille (F).
Roger Labric (F).
XIV Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1937.
S 5000 - Sportscars de 3001 cc a 5000 cc
1st, winner, 3.287,938 km.

Ref. LMM-132010 de Le Mans Miniatures.
Resina RTR.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

En junio de 1936, el Gran Premio de la ACF (Club de Automóviles de Francia) abrió sus puertas a los grandes turismos en la categoría "Grand Touring Cars". Bugatti, siempre a la vanguardia de la competición, ya tenía algo especial preparado. Meses antes, la firma alsaciana había desarrollado un motor de carreras basado en el 57S, aligerando su cigüeñal para optimizar su rendimiento.


Así nació el 57G, un 8 cilindros en línea de 3.266 c.c., con doble árbol de levas en cabeza en su versión de competición y cárter seco. Sin sobrealimentación, pero con una alimentación precisa gracias a dos carburadores diseñados por el ingeniero Viel, este motor estaba hecho para volar sobre el asfalto.

El chasis del 57G derivaba del 57S, aunque se acortó hasta los 2.980 mm de distancia entre ejes y se rebajó el centro de gravedad al hacer pasar el eje trasero a través del bastidor. Para optimizar el rendimiento, se recurrió a las extraordinarias llantas del Type 59, con su intrincada red de radios, perfectas para mejorar la refrigeración de los frenos y facilitar cambios rápidos en competición.

El Nacimiento del 57G Tank. El 7 de junio de 1936, en el circuito de Montlhéry, Bugatti puso a prueba el primer prototipo del 57G, vestido con una carrocería aerodinámica de una sola pieza de aluminio que cubría toda la mecánica. Ligereza y eficiencia aerodinámica eran sus cartas ganadoras. Debido a su peculiar diseño, algunos lo llamaban “the aerodynamic mule” (la mula aerodinámica). El modelo evolucionaría hasta convertirse en el famoso 57G Tank. Bajo su estilizada carrocería, un radiador en forma de herradura de caballo quedaba oculto con el capó cerrado. Se fabricaron tres unidades de este revolucionario automóvil.


Bugatti no tardó en demostrar su potencial en la pista. En el Gran Premio de la ACF para “sport cars”, también en Montlhéry, Robert Benoist se llevó la victoria sin apenas oposición, manteniendo un ritmo constante por encima de los 125 km/h de media. Pocos días después, el 7 de julio, el joven talento Jean-Pierre Wimille, con tan solo 22 años y considerado la gran promesa del automovilismo francés, hizo lo propio en el Gran Premio de la Marne en Reims.

El 57G, máquina de récords. El 10 de octubre de 1936, los 57G Tank marcaron registros impresionantes en Montlhéry, batiendo récords en los 100 kilómetros, las 100 millas, los 200 kilómetros, la hora y las 500 millas. Algunas de estas marcas se mantuvieron imbatidas hasta 1965, cuando el Shelby Cobra Daytona Coupé consiguió superarlas. Coincidiendo con el Salón del Automóvil de París, Bugatti exhibió su máquina de récord junto a los trofeos de sus victorias.

Pero la hazaña más espectacular del 57G Tank llegaría en 1937. Wimille, en una demostración de velocidad pura, superó los 200 km/h en Montlhéry, logrando así el premio de 400.000 francos que se otorgaba al primer coche en alcanzar esa velocidad en el circuito.

Bugatti regresa a Le Mans. La edición de 1937 de las 24 Horas de Le Mans marcó el regreso de la resistencia tras un año de ausencia debido a los conflictos sociales en Francia. La ACO favoreció la inscripción de coches deportivos en detrimento de los monoplazas, lo que atrajo a los principales fabricantes franceses, incluidos Bugatti, Talbot y Delahaye.

Para esta 14ª edición, Bugatti no escondió sus ambiciones y alineó dos 57G Tank. El coche #2 fue confiado a un equipo de lujo: Robert Benoist, campeón del mundo en 1927, junto al joven prodigio Jean-Pierre Wimille. En el coche #1, la pareja formada por Roger Labric y Pierre Veyron completaba la apuesta de la firma alsaciana. Los rivales no se quedaban atrás: Raymond Sommer a bordo de un veloz Alfa Romeo, los Lagonda (vigentes campeones de 1935), los resistentes Delahaye y el peligroso Talbot con la temible dupla Luigi Chinetti / Louis Chiron.

La carrera fue dramática. El ambiente en La Sarthe era electrizante. La afluencia de público batió récords y la expectación era máxima. Los 49 pilotos se situaron frente a sus coches en la icónica formación en espiga. John Cobb, recordman mundial de velocidad, dio la salida y la batalla comenzó.

Los Lagonda y Talbot tomaron la delantera en las primeras vueltas, pero Wimille no tardó en abrirse camino entre el tráfico con su Bugatti. En la quinta vuelta, ya lideraba la carrera. Un trágico accidente en Maison Blanche, que se cobró la vida de René Kippeurth y Pat Fairfield, eliminó a seis coches de la prueba. Pero el 57G Tank #2 se mantuvo imparable.

Cuando Benoist tomó el relevo, impuso un ritmo infernal. En menos de tres horas ya había doblado a toda la parrilla. Con los abandonos de Sommer y el Delahaye #11, el camino quedó despejado para la victoria. A media carrera, Bugatti lideraba con seis vueltas de ventaja y, con el amanecer, la distancia se había ampliado a 15 vueltas.

El Bugatti #1 de Labric y Veyron se retiró por una fuga de combustible, pero el coche de Benoist y Wimille cruzó la meta en primera posición, batiendo el récord de distancia con una media de 136 km/h. Bugatti conseguía así su primera victoria en una gran carrera de resistencia.


Tras la gloria en Le Mans, Ettore Bugatti decidió preservar su joya en el museo de Molsheim, Francia. Pero con la amenaza de la Segunda Guerra Mundial, el coche fue escondido en Burdeos. Durante su traslado, sufrió un vuelco y daños en el capó. Restaurado más tarde en la fábrica, alguien pintó con orgullo los nombres "Benoist" y "Wimille" en los guardabarros.


Años después, el coche desapareció en circunstancias misteriosas. Un distribuidor llamado Jean De Dobbeleer lo sacó de la fábrica y lo vendió a Gene Cesari en EE.UU., quien lo guardó en el granero del coleccionista Jarry Sherman mientras intentaba venderlo. Finalmente, lo adquirió el coronel Eri Richardson, quien realizó hasta tres viajes a Bugatti para recuperar piezas originales. Tentado por una enorme oferta, Richardson lo vendió posteriormente al coleccionista Uwe Hocke, quien a su vez lo revendió a Nicholas Seydoux. En un curioso giro del destino, el coche terminó en manos del Dr. Frederik Simeone, tras un intercambio con un Ferrari 212 Touring Barchetta con sólo 9.000 millas y que no había competido.

Así es como llegó el coche original con el número de serie 01 (la mula). El único Bugatti 57G Tank ganador de Le Mans sobrevive en el Simeone Foundation Automotive Museum de Filadelfia, donde es una de las piezas más valiosas de su impresionante colección.

La miniatura: un sueño a escala. Mi Bugatti 57G Tank #2 es una réplica a escala 1/32 de Le Mans Miniatures (ref. LMM-132010), representando al ganador de las 24 Horas de Le Mans de 1937. Su acabado en un bitono de impecables azules refleja fielmente el original. Cuando intenté comprarlo, ya estaba descatalogado. Tras una búsqueda exhaustiva por Internet, encontré una unidad en EE.UU. y, gracias a la ayuda de un gran amigo que “casualmente” pasaba por California, terminó en mi vitrina. Hizo mi pequeño sueño realidad.


En julio de 2018, Le Mans Miniatures reeditó el Bugatti 57G Tank, incluyendo ambos modelos inscritos en la legendaria carrera de resistencia. Un homenaje en miniatura a una de las máquinas más emblemáticas de Bugatti.






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