Black Train Jack – No Reward.
Formato: Vinyl, LP, Album, Limited Edition, Numbered, Reissue, Red Translucent, 180 g.
Edición: 2022 – Netherlands.
Sello: Music Only Vinyl - MOVLP2827.
Género: Rock.
Estilo: Punk.
(Colección Vinyl 33 de Mulsanne Stone).
En 1993, cuando el hardcore neoyorquino seguía defendiendo velocidad, agresividad y códigos férreos, Black Train Jack publicó No Reward. No fue un disco más dentro de la escena: fue una declaración de intenciones. La banda, formada por veteranos del hardcore como Rob Vitale y Ernie Parada (ex-Token Entry), decidió que crecer musicalmente no era traicionar el origen, sino hacerlo más honesto.
Publicado por Roadrunner Records, No Reward apareció en un momento delicado. El hardcore tradicional empezaba a fragmentarse, el grunge dominaba el mercado y muchas bandas buscaban una salida entre la fidelidad al underground y la necesidad de evolucionar. Black Train Jack eligió un camino propio: mantener la energía del hardcore, pero abrir espacio a melodías más trabajadas y estructuras menos previsibles.
Desde los primeros compases queda claro que no es un disco de pura descarga frontal. Las guitarras siguen siendo contundentes, pero hay más aire entre los acordes. La voz no grita por inercia: transmite. Las canciones no buscan el impacto inmediato de treinta segundos; construyen tensión y la sostienen. El grupo no abandona la intensidad, la transforma.
Uno de los rasgos más interesantes de No Reward es su equilibrio. No es pop disfrazado de hardcore ni hardcore suavizado para sonar en la radio. Es un punto intermedio que anticipa lo que, pocos años después, sería habitual en el post-hardcore y el emo más musculoso. Hay sensibilidad sin debilidad, fuerza sin pose.
Las letras también marcan distancia respecto al cliché. No se centran únicamente en la confrontación externa; hay introspección, desencanto, preguntas personales. El título del álbum no es casual: habla de esfuerzo sin recompensa, de expectativas frustradas, de esa sensación muy noventera de remar sin garantías.
El sonido del disco, lejos de la suciedad deliberada de muchas grabaciones hardcore de la época, es claro y definido. Cada instrumento ocupa su lugar. No hay caos gratuito. Esa claridad refuerza la idea de madurez: Black Train Jack no quería sonar más rudo, quería sonar mejor.
Cara A. El disco se abre con “Time”, que marca desde el primer minuto ese equilibrio entre urgencia y reflexión. En “This Is the Way” se percibe ya esa voluntad de construir algo más amplio que un simple arrebato de velocidad. “Guy Like Me” introduce un tono más personal, casi confesional, dentro de la contundencia habitual. Con “Who’s That Man” la banda refuerza su capacidad para combinar gancho melódico y nervio hardcore. Las guitarras siguen siendo sólidas, pero hay más aire entre los acordes. “Mad Doll” aporta electricidad directa, con una energía que remite al hardcore más clásico. En “My Disciple” aparece una tensión más contenida, más reflexiva.
Cara B. La canción que da título al álbum, “No Reward”, resume el espíritu del disco: esfuerzo, convicción y ausencia de concesiones. Las canciones no buscan el impacto inmediato de treinta segundos; construyen tensión y la sostienen. “Leapfrog” acelera el ritmo con precisión y dinamismo. “Someday” abre una pequeña grieta emocional sin perder intensidad. En “The Newest One” se aprecia esa mezcla de madurez y firmeza que define el conjunto. Uno de los rasgos más interesantes de No Reward es su equilibrio. No es pop disfrazado ni hardcore suavizado: es un punto intermedio que anticipa lo que vendría después. “One Love” refuerza esa idea de cohesión y mensaje colectivo. Y el cierre con “Doesn’t Matter” deja una última declaración de principios, seca y honesta.
No Reward no se convirtió en un éxito masivo, pero sí en un álbum de culto dentro de la escena. Muchos lo citan como un puente entre el hardcore clásico de Nueva York y una generación posterior que abrazó la melodía sin renunciar a la intensidad. En retrospectiva, fue un disco adelantado a su tiempo.
Quizá por eso hoy sigue teniendo valor. No por nostalgia, sino porque captura un momento en el que una banda decidió no repetirse. En un género donde la pureza a veces pesa más que la creatividad, Black Train Jack eligió arriesgar. Y esa decisión quedó grabada en un álbum que, tres décadas después, sigue sonando sincero, directo y necesario.






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