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viernes, 6 de febrero de 2026

Un coche, un accidente y una idea que lo cambió todo: Lola GT, Le Mans 1963.


Lola Mk6 GT.
#6 Richard Atwood (GB) y David Hobbs (GB).
Lola Cars Ltd. (GB).
XXXI Grand Prix d’Endurance les 24 Heures du Mans 1963.
P +3000 = Prototype GT unlimited.
24th, DNF, Did Not Finish, Accidente, 15ª hora, 151 vueltas.

Ref. CB068 de Proto Slot Kit (PSK).
Resina RTR, ready to run.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

En 1963, los sport-prototipos de competición estaban completando la transición del motor delantero al central-trasero, ya plenamente instalado en el campo de los monoplazas. En ese año, Ferrari ganaría por primera vez en Le Mans con tal configuración. Fue en esas circunstancias que el inglés Eric Broadley, fundador y alma mater de Lola Cars, concibió la idea de construir un prototipo que combinara las reducidas dimensiones y bajo peso con la potencia que podía aportar un V8 norteamericano de gran cilindrada ubicado tras el piloto. Así nació el Lola Mk6 GT, sexto modelo de la marca, técnicamente uno de los GT de carreras más importantes jamás construidos.

El chasis, de tipo monocasco, estaba claramente inspirado en el revolucionario Lotus 25 de F1, presentado por Colin Chapman el año anterior. El propio Eric Broadley, propietario de la empresa, había diseñado un ligero chasis monocasco de aluminio, pero por cuestiones de tiempo la primera unidad se construyó con uno de acero. Las suspensiones eran independientes en ambos trenes, con los esquemas de paralelogramo deformable que ya se imponían en los vehículos de competición. Resultaban chocantes sus reducidas dimensiones, sobre todo considerando que había sido diseñado para albergar un voluminoso motor V8: su distancia entre ejes era menor que la de los monoplazas contemporáneos de la marca.

Por su parte, John Frayling, que previamente había dibujado las líneas del Lotus Elite tipo 14 junto con Peter Kirwan-Taylor, fue el encargado de diseñar la estilizada carrocería, fabricada en fibra de vidrio. Sumamente compacta, su longitud total era inferior a los cuatro metros, mientras que la altura tan sólo alcanzaba un metro. Destacaban las puertas, que entraban generosamente en el techo para facilitar el cambio de pilotos en las carreras de resistencia. Otra característica notable de la carrocería era la toma de aire para el motor, ubicada en el centro del techo. Las luces traseras provenían del Ford Cortina.


En el apartado mecánico, el prototipo contaba con un motor Ford V8 de 4.7 litros de cilindrada y más de 300 CV ubicado en posición central trasera. Iba unido a una caja de cambios Colotti de 5 velocidades, que a su vez servía de soporte para la suspensión trasera, tal y como se usaba en los monoplazas de la época. El peso total del conjunto era de sólo 950 kg.

El coche fue presentado al público en enero de 1963 en Londres, en el Olympia Racing Car Show, donde causó una gran impresión. El automóvil fue considerado con razón como la estrella del espectáculo y mostró una estructura que allanó el camino para los autos de carreras GT a lo largo de la década siguiente. El debut en carrera se produjo en el Trofeo Daily Express en el circuito de Silverstone, donde terminó en un alentador 5° puesto, sobre todo teniendo en cuenta que el piloto, Tony Maggs, no conocía el coche y que había salido desde el fondo del pelotón.

Pero el compromiso principal eran las 24 horas de Le Mans. Cuando Broadley llegó a los entrenamientos previos, conduciendo el auto personalmente desde Inglaterra, los comisarios franceses objetaron la toma de aire central aduciendo que dificultaba la visibilidad hacia atrás, por lo que debió ser reemplazada por tomas laterales. Finalmente, en carrera se presentó una unidad, ya con chasis de aluminio y pilotada por los británicos David Hobbs y Richard Atwood.



Aunque el coche tuvo un buen ritmo durante algunas horas y alcanzó posiciones intermedias, también sufrió problemas con la caja de cambios y las relaciones incorrectas de las marchas. En carrera advirtieron que, dadas las escasas pruebas realizadas, la relación de transmisión era demasiado corta, por lo que los pilotos se veían obligados a levantar el pie del acelerador en la larguísima recta de Les Hunaudières para que el motor no se pasara de vueltas., que le impedían exprimir el motor correctamente en la larga recta de Mulsanne.

Tras aproximadamente 15 horas de carrera, el Lola perdió tracción al salir de una curva debido a un fallo en la selección de marchas; Hobbs perdió una marcha y se salió de la pista, golpeando las barreras. El coche quedó fuera de carrera por ese accidente.


Más allá del abandono, el papel del Lola GT no pasó desapercibido para los directivos de Ford, que ese mismo año había fracasado en su intento de comprar Ferrari. Habían decidido ganarles a los autos rojos en su propio terreno sin importar los costos. Si bien ya había comenzado el desarrollo de un prototipo propio, llegaron a la conclusión de que iban a ahorrarse bastante tiempo si partían de un desarrollo ya avanzado y que estaba propulsado justamente por el motor que pensaban utilizar.

Así fue como contrataron a Broadley como asesor, tomando el Lola Mk6 como base para lo que ya al año siguiente se presentaría como Ford GT40. Esta primera versión del prototipo, que finalmente en 1966 le daría a la empresa de Dearborn la ansiada victoria en Le Mans, estaba basada en un chasis monocasco muy similar al del Lola, aunque vestido con una carrocería totalmente diferente (salvo las puertas) y más voluminosa. Pero esta ya es otra historia.

Antes de concluir su contrato, Broadley se desvinculó de Ford para volver a diseñar y construir sus propios autos de competición, lo que hizo con suerte variada durante muchísimos años. Sólo se construyeron tres unidades antes de que Ford adquiriera el proyecto para formar la columna vertebral de su programa GT40. De las tres sobrevive por lo menos una equipada con un motor Chevrolet que interviene frecuentemente en competiciones de clásicos deportivos.

La miniatura.
Esta pieza es la ref. CB068 de Proto Slot Kit (PSK), una resina RTR que no dudé ni un solo momento en adquirirla. De complicada ejecución, dada la pequeña medida del habitáculo, el piloto ha tenido que ser reproducido en su mínima expresión, cortado por encima del pecho. Montado sobre el chasis de Slot Classic, lleva llantas de aluminio y calcas de alta calidad. Solo el color de la franja clara que lo atraviesa es controvertido. Las fotos no permiten distinguir claramente entre gris, verde claro o azul claro. Muchos fabricantes de coches a escala han optado por el azul y PSK ha optado por el gris.




El Lola Mk6 GT ocupa un lugar fundamental en mi colección porque representa el origen directo del proyecto Ford GT40. Diseñado por Eric Broadley, este coche introdujo conceptos técnicos y de diseño que Ford adoptó como base para su ambicioso programa en Le Mans: motor central, chasis avanzado y carrocería cerrada de perfil muy bajo. El Mk6 fue el punto de partida real del GT40. Tener el Lola Mk6 GT en mi vitrina es contar la historia desde el principio, antes de las victorias. No está en la colección de ganadores, pertenece a la colección de leyendas.








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