Jowet Jupiter Mk1 #36.
Tom Wisdom (GB) y Tommy Wise (GB).
Jowet Cars Ltd. (GB).
XVIII Grand Prix d’Endurance.
Les 24 Heures du Mans 1950.
S 1500 = Sportscars 1101 - 1500 cc.
16th general, 220 vueltas, 2.928,570 km.
Ref. CJ-52 de Slot Classic.
Resina RTR, Ready To Run.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).
Cuando se habla de las 24 Horas de Le Mans suelen venir a la mente nombres legendarios como Bentley, Jaguar, Ferrari o Porsche. Sin embargo, la historia de la carrera francesa también está repleta de pequeños fabricantes que, con medios muy modestos, lograron escribir algunas de sus páginas más entrañables. Uno de ellos fue Jowett, una pequeña marca británica nacida en Bradford, Yorkshire, que en 1950 sorprendió al mundo del automovilismo con un deportivo ligero, fiable y extraordinariamente bien concebido: el Jowett Jupiter.
La empresa había sido fundada a principios del siglo XX por los hermanos William y Benjamin Jowett y durante décadas se había especializado en automóviles prácticos y robustos. Tras la Segunda Guerra Mundial, la marca quiso dar un paso adelante y demostrar su capacidad técnica mediante un modelo deportivo capaz de competir internacionalmente. El verdadero secreto del Jupiter no estaba en su aspecto exterior, sino bajo la carrocería.
Su desarrollo fue supervisado por el ingeniero austríaco Robert Eberan von Eberhorst, una figura legendaria que había trabajado en los revolucionarios Auto Union de Gran Premio antes de la Segunda Guerra Mundial. Su influencia se aprecia claramente en la avanzada concepción del coche, muy alejada de la de la mayoría de deportivos británicos de comienzos de los años cincuenta. El chasis estaba construido mediante una ligera estructura tubular de acero al cromo-molibdeno, un material derivado de aplicaciones aeronáuticas que proporcionaba una notable rigidez con un peso muy contenido.
El motor era igualmente singular. Jowett recurrió a un cuatro cilindros bóxer de 1.486 centímetros cúbicos con válvulas en cabeza y refrigeración por agua. La disposición horizontal de los cilindros permitía rebajar el centro de gravedad y mejorar la estabilidad. En especificación de competición desarrollaba alrededor de 60-62 CV, una cifra modesta incluso para la época, pero suficiente gracias al reducido peso del conjunto. La potencia llegaba al eje trasero mediante una caja de cambios manual de cuatro velocidades diseñada por la propia Jowett.
También destacaba la sofisticación de sus suspensiones. Mientras muchos rivales seguían empleando soluciones relativamente convencionales, el Jupiter disponía de suspensión independiente y barras de torsión, una configuración avanzada que favorecía tanto el confort como el comportamiento dinámico. El coche pesaba menos de una tonelada y podía alcanzar cerca de 140 km/h, unas prestaciones perfectamente adecuadas para una máquina concebida prioritariamente para resistir durante veinticuatro horas de competición ininterrumpida.
Con estas credenciales, Jowett decidió afrontar el reto de las 24 Horas de Le Mans de 1950. Las aspiraciones de la pequeña marca inglesa pasaban por demostrar la calidad de su nuevo deportivo. El coche fue confiado a los británicos Tom Wisdom y Tommy Wise, dos pilotos con amplia experiencia que comprendieron desde el primer momento cuál debía ser la estrategia. Una vez iniciada la carrera comenzó a mostrar sus verdaderas virtudes. Mientras otros competidores sufrían averías, problemas de transmisión o abandonos provocados por el enorme desgaste de la prueba, el pequeño roadster británico continuó girando con una regularidad admirable. Su chasis equilibrado, la eficiencia del motor bóxer y la disciplina de sus pilotos permitieron que completara las veinticuatro horas sin incidencias importantes.
Aquella estrategia dio sus frutos. Al caer la bandera a cuadros, el Jowett Jupiter había conquistado la victoria en la categoría de hasta 1.500 centímetros cúbicos, un resultado extraordinario para una empresa tan modesta. No fue una victoria fruto de la casualidad, ya que el modelo repetiría éxitos de categoría en las ediciones de 1951 y 1952, convirtiéndose en uno de los coches pequeños más eficaces de aquellos años.
Aunque Jowett desaparecería pocos años después, el prestigio adquirido por el Jupiter sobrevivió a la propia marca. Hoy es considerado uno de los deportivos británicos más interesantes de la inmediata posguerra y una pieza muy apreciada por coleccionistas y aficionados a la historia de Le Mans. Su elegante diseño, su avanzada concepción técnica y su notable historial deportivo lo han convertido en un automóvil especialmente querido entre quienes valoran las historias de los pequeños fabricantes capaces de desafiar a gigantes mucho mayores.
La reproducción del Jowett Jupiter, vencedor de categoría en Le Mans en 1950, es una de esas piezas a las que tengo especial cariño. Más allá de su rareza, me gusta porque representa una pequeña historia de Le Mans que merece seguir siendo recordada. La versión de Slot Classic refleja muy bien el carácter del coche, con una realización sencilla y fiel al original. Y, aunque lleva tiempo en la vitrina, todavía me alegra verla entre el resto de modelos de la colección.





No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchas gracias por visitar el blog y por añadir un comentario; te lo agradezco. Reconozco que me gusta que me escriban, y me gusta responder.