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viernes, 16 de enero de 2026

Allard, los coches “a la americana” que vinieron del Reino Unido.


Allard J2.
#1 Sidney H. Allard (GB) y Tom Cole Jr. (USA).
S. H. Allard (GB).
XIX Grand Prix d'Endurance les 24 Heures du Mans 1951.
S.8 (5001-8000 cc).
DNF, 35th, Ab (rotura caja de cambios), 134 vueltas.

Ref. MMK-59 de MMK Productions.
Resina RTR.
(Colección Slot 132 de Mulsanne Stone).

El Allard J2 es un automóvil deportivo británico que fue producido por la compañía Allard Motor Company entre 1949 y 1951, diseñado por Sidney Herbert Allard, un apasionado de las carreras que, por supuesto, lo pilotó en competición.



Concebido principalmente para su uso en carreras de coches deportivos, fue muy exitoso en competiciones en la década de 1950. En el Reino Unido al modelo se le dotaba de un V8 de 3.4 litros de Ford. No obstante, los coches se destinaban principalmente al mercado americano, y allí eran enviados sin motor. Los propietarios los equipaban con los V8 de 5.4 litros provenientes de Cadillac o Chrysler, e incluso Oldsmobile, que proporcionaban una potencia considerable para la época.

El diseño del Allard J2 era exquisito, con una elegante carrocería roadster biplaza en la que llamaba la atención el larguísimo capó delantero. Entre 1949 y 1951 se fabricaron noventa unidades del J2 y otras ochenta y tres de la siguiente variante, el J2X, que se produjo hasta 1954. Presentaba algunas mejoras en el diseño de la suspensión, que facilitaron ubicar el motor unos cm más adelante, optimizando el rendimiento debido a una distribución de pesos más adecuada.



Sydney Allard era un tipo que mezclaba pasión por las carreras con sentido práctico: construía coches en Clapham (Londres) pensando en el mercado americano, montando lo que funcionaba y lo que se podía conseguir barato y potente al otro lado del Atlántico: grandes V8 yankees, chasis sencillos pero resistentes y carrocerías ligeras. La marca Allard nació en 1936 como proyecto de taller y tras la guerra se centró en deportivos “rápidos y baratos” que gustaban tanto en Inglaterra como en EE. UU. Su filosofía se podía resumir así: motor americano + idea británica = coche rápido y sencillo de mantener.

El Allard J2: qué era y por qué molaba tanto.
El J2 (producción 1949–1951) es el ejemplar más famoso de esa lógica híbrida. Por fuera es un roadster anguloso, bajo y con presencia; por dentro y debajo del capó, un conglomerado eficiente de piezas disponibles: chasis ligero, suspensión con eje De Dion y —lo más importante— motores americanos (Cadillac, Mercury, o incluso fit-ups con Oldsmobile/Chrysler en EE. UU.).

Eso le daba a un paquete relativamente ligero (en torno a 1.700-1.800 lb / ~770–820 kg) un sopapo de par y potencia que certificaba lo que se intuía al verlo: era un coche de arrancadas fulgurantes y buenas medias en las rectas. En versión de competición, muchos J2 llevaban un V8 Cadillac de 331 cu in (≈5.4 L) que daba en torno a 150–170 bhp según ajustes.

Preparación para correr en La Sarthe: un bólido “británico-americano” en Francia.
Los J2 eran vendidos a menudo sin motor cuando se exportaban a EE. UU., para que el comprador montara el V8 de su elección; para carreras europeas, muchos venían con Mercury o Cadillac ya montados. Eran fáciles de arreglar en pista (piezas comunes y mecánica sencilla) y eso en Le Mans, donde el desgaste y las sorpresas mandan, es un lujo que no todos los europeos podían permitirse entonces. Además, la combinación chasis ligero + motor grande les permitió pelear en distancias largas cuando la fiabilidad acompañaba.



La participación en Le Mans 1950: lo que pasó en pocas palabras.
En la edición de 1950, un Allard J2 —inscrito con el dorsal #4 y propulsado por un motor Cadillac— fue conducido por Sydney Allard junto a Tom Cole Jr. (piloto estadounidense). El resultado fue espectacular para lo que se podía esperar de un constructor-taller pequeño: 3.º puesto absoluto y victoria de clase, siendo además el mejor coche británico clasificado esa edición. Es, sin duda, el mayor triunfo internacional de Allard en pruebas de resistencia.

La historia grande: la carrera de 1950 la ganó la dupla Rosier padre-hijo con un Talbot-Lago, pero detrás hubo mucha tela que cortar. El Allard se comportó como un coche fiable y manejable, capaz de mantener medias sólidas y, sobre todo, de sobrevivir a las inevitables trampas mecánicas que una prueba de 24 horas pone en el camino.

Un detalle de leyenda que recoge la propia historia de la marca: el J2 completó las últimas 10 horas con la caja de cambios atascada en la marcha más alta — imagina conducir La Sarthe casi todo ese tiempo con un “marcha fija”, gestionando vueltas, adelantamientos y frenadas como si fuese parte de un rally de resistencia extremo. Esa mezcla de épica británica y sencillez mecánica explican por qué el público y la prensa vieron con buenos ojos la actuación.

Otro punto a favor fue la elección del motor: el Cadillac V8 daba par a bajo régimen, lo que en una carrera con tráfico constante y necesidad de recuperar posiciones sin forzar mucho la transmisión era una bendición. Además, la robustez de esos bloques (comparada con algunas unidades europeas más complejas) sumó en la cuenta final de fiabilidad.



Datos técnicos rápidos (para los que disfrutan de las cifras).
Chasis tubular, suspensión delantera con eje oscilante y trasera con tubo De Dion. Frenos de tambor (la era del disco estaba aún por generalizarse). Motor típico de carrera en 1950: Cadillac V8 de 5.4 litros. Salida de potencia en torno a 150–170 CV según afinado. Peso entre 770 y 820 kg en configuración de competición.

El tercer puesto de Le Mans 1950 importa (más allá del resultado) porque resume la filosofía Allard: coches sencillos, potentes y con alma de “hazlo tú mismo”. En una carrera donde corrían fábricas enormes con presupuesto y tecnología, que un pequeño equipo-taller británico se subiera al podio fue un aviso: en resistencia manda la fiabilidad, la gestión y la cabeza fría, y el J2 de Allard demostró ser competitivo cuando hacía falta. Además, la anécdota del selector atascado (hacer 10 horas en una marcha) es el tipo de historia que los aficionados repiten con esa mezcla de admiración y sonrisa torcida.

Este modelo considerado un buen ejemplo de la era de la posguerra en el Reino Unido y es apreciado por los aficionados a los coches clásicos, convertido en un automóvil muy buscado por coleccionistas. Algunos de sus propietarios más conocidos fueron el actor Steve McQueen, gran apasionado de los coches de carreras, o Carroll Shelby, piloto de carreras y diseñador de coches, como bien se sabe.

La miniatura.
Se trata de una réplica en slot a escala 1/32 del Allard J2 que abandonó en las 24 Horas de Le Mans, en su edición de 1951, por rotura de la caja de cambios. Pintado en un fantástico verde inglés (british racing green), iba pilotado por Sidney H. Allard y el norteamericano Tom Cole Jr., luciendo el dorsal #1. La resina la compré RTR al artesano francés Víctor di Natali, de MMK.


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